“¿Por qué existe el racismo?” (Quora)

Michael Laitman, en Quora: “¿Por qué existe el racismo?” 

El racismo tiene su raíz en nuestra naturaleza humana centrada en sí misma, la cual hace que nos identifiquemos y nos guste en otros lo que es similar a nosotros, y nos separa y odiamos lo que es diferente. 

Todos compartimos una variedad de diferencias físicas y psicológicas, que heredamos por nacimiento y de nuestra sociedad circundante. 

Esas diferencias no representan ningún problema en ni por sí mismas. 

El problema es la actitud egoísta corriendo como motor dentro de cada uno de nosotros, la cual busca elevarse por encima de otros. 

Nuestra actitud egoísta da prioridad al beneficio propio por encima de beneficiar a otros. 

Ve las diferencia en otros como medios para humillarlos y sentirnos mejores. 

Mientras más nos desarrollamos, más crece nuestro ego y más vemos a otros diferentes a nosotros, por lo tanto, podemos esperar que el odio por las diferencias en otros -ya sea racial o por puntos de vista políticos, ideológicos o religiosos en conflicto- continúe creciendo y desgarrando a la sociedad. 

Hay esperanza de arreglar nuestras fracturas si estudiamos la naturaleza de nuestro odio y diferencias y nos elevarnos por encima de ellos de forma pacífica. 

¿Cuál es la naturaleza de nuestras diferencias? 

La sabiduría de la Cabalá explica que las diferencias humanas tienen su fuente en las interacciones entre dos deseos fundamentales: dar y recibir. 

Cada elemento en la realidad tiene una mezcla específica de cuatro fases de dar y recibir y nuestras muchas características físicas y psicológicas también tienen esas cuatro fases. 

Sin profundizar en los detalles acerca de esas cuatro fases (que se hace a conciencia en el estudio de Cabalá), en general, esto nos habla de que nuestras diferencias nos son dadas por la naturaleza. 

Es interesante notar que nos atrae la belleza de lo complementario en la naturaleza, cuando la observamos, por ejemplo, los ciclos de la naturaleza en los niveles biológicos que incluyen una rica diversidad de procesos, especies y objetos operando armoniosamente en miles y miles de relaciones de dar y recibir en los niveles inanimado, vegetal y animal para sostener los ecosistemas que habitamos. 

En la sociedad humana, sin embargo, tenemos problemas con nuestras diferencias. 

De una manera u otra, nuestras diferencias provocan división -nos identificamos con lo que es similar a nosotros en otros y nos separa y odiamos lo que es diferente. 

Mientras más divididos sigamos, más veremos fenómenos negativos en nuestra vida, desde una sensación general de desagrado en el clima social hasta conflictos y violencia. 

Pero no tiene que ser de esta manera. 

Sin importar que seamos conscientes de que la naturaleza nos guía hacia una conexión cada vez más intrincada, tarde o temprano tendremos que tomar serias decisiones acerca de cómo relacionarnos con lazos cada vez más estrechos. 

Como han mostrado los biólogos evolutivos, la evolución lleva a los organismos en un proceso de diversidad e individuación, con conflictos, que se resuelven con colaboración y una conexión más avanzada. 

De la misma manera, el proceso en el cual nuestro planeta se volvió una red de influencias, cada vez más interconectada e interdependiente, nos muestra que la naturaleza nos ve como una sola entidad conectada, aunque nos organiza con muchas diferencias individuales. 

Si simplemente damos un pequeño y súbito salto de nuestra actitud hacia la conexión, propagando la idea de nuestra unidad fundamental como raza humana y promoviendo ideas de apoyo mutuo, consideración y contribución por encima de nuestras diferencias, esas diferencias servirían para expresar y sostener de forma única un paraguas de amor sobre la sociedad. 

Nos han guiado a tomar conciencia de que todos formamos una humanidad diversa y rica y podemos jugar un papel al esforzarnos por ver más allá de nuestros impulsos de división, para visualizar la tremenda conexión que todos compartimos. 

Así veneraremos y aceptaremos nuestras diferencias pues nos amaremos unos a otros. 

Veríamos que cada uno da al inmenso sistema interconectado del que somos parte, diferente sabor y color, de los que de otra forma careceríamos, que cada uno puede hacer su contribución única a la sociedad. 

La clave está en ajustar nuestra intención predominante por encima de nuestras diferencias: que contribuya a reforzar y hacer crecer la posesión común de la sociedad, alabando las varias expresiones que tratan de construir una atmósfera de amor por encima de nuestras muchas diferencias. 

Foto  pot Nathan Dumlao en Unsplash. 

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