¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?

Mi nuevo artículo: «¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?«

[Foto de Josh Hild en Unsplash]

Durante la semana pasada, los Estados Unidos literalmente estuvieron en llamas. Lo que comenzó como protesta pacífica, se volvió una zona de guerra. En Manhattan, cientos de saqueadores asaltaron tiendas, la Guardia Nacional fue desplegada y en decenas de ciudades se declaró, durante la noche, estado de sitio. Es claro que hay mucha política involucrada, pero eso no disminuye el dolor ni la escala del problema.

EUA ya tuvo un presidente afroamericano, gobernadores afroamericanos, jueces afroamericanos, estrellas deportivas e iconos de todo tipo. Legalmente, no hay nada en el camino de ninguna persona de color, para que ocupe cualquier puesto. Sin embargo, no hay paz, no hay tranquilidad, ni amor. El abismo no sólo está presente, sino que siempre se profundiza.

Amar no es negar la existencia de diferencias. Amar es cultivar y destacar todas las sutilezas de nuestra singularidad, pero no para competir ni para despertar envidia. Deberíamos usar nuestras diferencias como bloques de construcción para construir puentes de afecto. Las diferencias nunca deben utilizarse para aumentar el orgullo ni la vanidad.

Está escrito: “El amor cubrirá todas las transgresiones”

(Proverbios 10:12).

La transgresión es el odio entre la gente. Y, el odio es un elemento necesario. Así como sin noche no sabríamos cuando es de día, sin odio no podemos saber cuando hay amor. Así, el odio permite la existencia del amor. Además, la luz del amor sigue a la oscuridad más profunda del odio.

Estados Unidos está lleno de odio. Fue construido a base de capas de odio. Exactamente, esa es la razón por la que tiene potencial para convertirse en modelo a seguir, en líder mundial en elevarse por encima de las diferencias y del odio.

La naturaleza no nos creó diferentes sin razón. Hay una intención especial aquí, un propósito. Cualquiera que haya estudiado las reglas de la naturaleza, sabe que ninguna parte de ella, ni siquiera la más pequeña, es redundante. Nada debe ser erradicado ni borrado del mundo, excepto el orgullo y separación. Así que tratar de borrar el color único de piel u otro atributo físico, mental o emocional, es como decir que la naturaleza cometió un error terrible y es nuestro trabajo arreglarlo. Hay gran ignorancia y arrogancia en ese pensamiento.

Debemos relacionarnos con lo que la naturaleza creó y así, avanzar hacia nuestra corrección. La corrección está en nuestras relaciones, es el único lugar donde hay defecto. Aprendamos lo qué es amor y lo que se puede hacer con los atributos que nos fueron dados. Aprendamos a “desarmar” nuestro ego y nuestro tonto orgullo, a acercarnos aceptando cada pedazo de nuestra singularidad y observemos cómo se unen nuestras diferencias en un todo perfecto.

Ahora, todo arde en Estados Unidos; es difícil escuchar un mensaje delicado de amor entre aparadores rotos y gritos llenos de alegría. Pero, si no lo escuchamos, la ola pasará y todo volverá a tener un aire de normalidad, aunque el odio no desaparecerá. Volverá a atacar con más ferocidad porque no lo sanamos; no atendimos el odio que lo alimenta.

Tal vez cuando nos encontremos, de nuevo, en una guerra civil, la angustia nos abrirá los oídos y el corazón, para escuchar el mensaje. Quizá, entonces aceptaremos que ser diferentes es una bendición, cuando queremos unirnos en amor y maldecir el odio en nuestro corazón.

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