Dando sentido a la anarquía global

Mi nuevo articulo: «Dando sentido a la anarquía global»

Estos días, cuando miras el mundo, lo único que ves, es anarquía. EUA está envuelto en una campaña electoral tan llena de odio, que lo único que se desea es que no termine en guerra civil. La UE acaba de firmar un gigantesco paquete de recuperación post-COVID, pero la disputa que condujo al acuerdo, expuso la aversión que los países miembros sienten entre sí. Además, no estamos cerca de una realidad posterior a la COVID, el paquete es sólo una recuperación económica que no sucederá, impuestos sobre ingresos que no vendrán. Eso hace que la ejecución del paquete sea más que improbable.

Mientras tanto, el Oriente Medio, que nunca ha sido un modelo de estabilidad, hoy lo es aún menos: no hay un solo país en esta región asolada por la guerra que no se esté desintegrando internamente o cuya economía no esté destrozada y sus ciudadanos pasen hambre o ambos. Agrega a esto la asociación comercial y militar, casi firmada, entre China e Irán, la tensión entre EUA y Corea del Norte por el programa nuclear de éste, la relación deteriorada entre Moscú y Washington y terminarás encontrando muy adecuada la declaración sucinta de Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin: “La situación es muy mala”.

De hecho, la situación es tan mala que cuando la COVID-19 brotó, impuso una parálisis global que detuvo el deterioro del mundo hacia una guerra mundial. Pero recientemente, los estallidos globales de anarquía están demostrando que el odio se propaga, incluso más rápido que el coronavirus.

No soy pesimista. Pero cuando ves el caos actual desde el punto de vista del final del proceso, donde todos se vuelven uno, es claro que la única razón de la creciente anarquía es impulsarnos a elegir la unidad sobre la divergencia y el antagonismo. Además, dado que es obvio que en este momento estamos eligiendo luchar entre nosotros por tener puntos de vista diferentes, la anarquía es la única forma de convencernos de que el odio no paga. Mientras no estemos convencidos, la anarquía tendrá que seguir creciendo e infligir más tormentos a la humanidad. Cuando el caos crezca y no tengamos nada para comer y nadie en quien confiar, nos convenceremos de cambiar el rumbo, pero, ¿no es más sabio elegir la unidad antes de que eso suceda?

Cuando finalmente la unidad prevalezca, no significará que todos estemos de acuerdo. Si la gente nació diferente, seguirá siendo diferente y es por una buena razón. Los puntos de vista diferentes son expresión de las diferencias y deben permanecer. El problema no es ese; es que odiamos a otros por no pensar, ser, hablar y comportarse como nosotros, es decir, por no ser nosotros. El problema es nuestro sentido de derecho y la convicción de que sólo yo tengo razón y los demás están equivocados. Pero si odio a otros por pensar diferente, incluso si están equivocados, ¿será que yo tengo razón? ¿se puede alimentar el odio y aún así tener razón?

Odiar es negar a otros el derecho de tener opinión, carácter, raza, fe o cualquier otra cosa diferente a mí. Si lo odio, es que creo que no debería existir. En palabras simples, odiar es negar a otros el derecho de vivir. Nada correcto puede salir de esa perspectiva.

Contrario a nuestra perspectiva egocéntrica, el mundo es un todo inclusivo. Sus elementos se complementan tan íntegramente que ninguna parte puede existir sin su opuesto. Podemos lograr unidad sólo si mantenemos los opuestos en equilibrio. Noche y día, verano e invierno, nacimiento y muerte, ningún opuesto crea anarquía. Por el contrario, crean orden, mantienen el equilibrio y mantienen la vida.

Para aprovechar esa perspectiva, debemos aspirar al resultado final: unidad de toda la humanidad. Cuando colocas la unidad de la humanidad al final del proceso y examinas los eventos pasados ​​y actuales, con la unidad en mente, te das cuenta de que el desarrollo humano avanza inexorablemente en esa dirección. No es un mal resultado. No es un futuro de escasez ni de estrés. Es un futuro de calma, prosperidad y cuidado mutuo para todos. Pero como nuestro ego se resiste a cuidar a los demás, describe ese futuro como sombrío y prohibitivo.

Pero la calma y la prosperidad no pueden ser sombrías ni prohibitivas. Podemos elegir acercarnos a nuestro futuro prometedor de forma rápida y agradable, trabajando de la mano para crear una sociedad diversa y próspera cuyos miembros se cuiden entre sí o podemos rechazar lo inevitable, insistir en la separación y el odio y esperar a que la realidad nos arrastre a la felicidad, contra nuestra voluntad.

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