Dolorosos síntomas de recuperación

Todos esperan que la pandemia finalmente termine. Pero es sólo el comienzo. Pues, debe cambiar el pensamiento de la humanidad, una enorme masa de gente completamente diferente. Necesita tiempo para digerir este estado, sentirlo, entender de dónde viene y por qué. 

Toma tiempo, al menos unos cuantos meses más. Para otoño, esta condición ya debe haberse vuelto familiar. Uno puede acostumbrarse incluso a los golpes, como a una enfermedad crónica con la cual se aprende a vivir. Sabe cómo lidiar con ella, cómo tratarla. 

Lo mismo sucederá con el coronavirus. El sistema aún no se estabiliza, reacciona al impacto con saltos súbitos y pronunciados. Pero gradualmente el proceso de transición cederá y el sistema tomará un nuevo estado. Hablamos de una masa de miles de millones de personas y todo tipo de problemas; algunos sufrirán de hambre, otros por incendios y otros por sequías, huracanes. Pero percibiremos esos problemas de forma integral. Juntos. 

Después habrá un periodo de escasez de los productos más necesarios, comida, agua, medicinas y electricidad. Esto reducirá las demandas de la humanidad; la forzará a volverse más modesta. Nadie sentirá entusiasmo por volar por el mundo en busca de entretenimiento. El coronavirus nos enseñará la sabiduría de la vida. 

Sólo necesitamos saber que estamos en un sistema integral, que avanza hacia un nuevo estado de equilibrio originalmente planeado por la naturaleza. Este proceso ya se está desarrollando. Nos lleva a diferentes estados. Si apoyamos el proceso de desarrollo, los estados serán buenos, si no lo apoyamos, los estados serán malos para corregirnos. 

Nada sucede por accidente, sólo con el propósito de la corrección. Si revisamos lo que sucede hoy, comparado con la meta final, averiguaremos que es una relación constante entre el estado actual y el punto final. Así, será fácil ver que es con un propósito. 

Lo principal en este proceso es una conexión cada vez mayor. Ahora estamos divididos, opuestos y sufrimos, para que el sufrimiento nos empuje a la conexión. Pero mientras nos conectamos, nos acercaremos a la corrección. La corrección final es un hombre con un corazón y ama a tu prójimo como a ti mismo. 

No queremos ni estamos de acuerdo con esta conexión, pero la naturaleza nos guía de estado en estado hasta que la aceptemos y estamos convencidos de que es buena. Como los niños, primero pelean y discuten hasta que crecen y se vuelven más sabios. 

La pandemia es dada para nuestra cura. Al final de este periodo, seremos mucho más sanos y nuestras relaciones se volverán mucho más benévolas entre personas y entre países. Ahora las fronteras están cerradas por la pandemia. Pero llegaremos a la conclusión de recomendar a los países que destruyan sus armas porque la conexión es lo único que nos permitirá salir de los problemas que nos impuso el coronavirus. 

Resulta que el virus no es una enfermedad, sino síntomas de recuperación. Así es como sucede con cada enfermedad, no sentimos la enfermedad en sí, sino la reacción del cuerpo que intenta recuperarse. Los síntomas dolorosos son señal de recuperación. Con la ayuda de la pandemia, el Creador nos muestra el camino. 

El coronavirus nos hace avanzar. Pero es necesario no evaluarlo con los sentidos y ocultarse, sino hacer la tarea adecuada con su ayuda. Es decir, primero distanciarnos mutuamente, como lo exige, después revisar en qué forma podemos acercarnos. 

Si pudiera considerar a otros y pensar sólo en ellos y no en mí, no habría problema con el virus. Fácilmente podría salir e ir a cualquier lugar, porque cuido a mi prójimo, no lo daño ni le transmito el virus. Y así es en todo. 

La gente aún no lo entiende, pero en unos meses será claro que el coronavirus quiere organizar conexiones correctas entre nosotros, de manera que todos piensen en los demás. E inmediatamente, todos estaremos sanos.
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De la lección diaria de Cabalá 9/jul/20

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