El verdadero tratamiento para la recuperación de la dolorida Europa

Mi nuevo articulo: «El verdadero tratamiento para la recuperación de la dolorida Europa«

Los nervios de Europa no se han calmado con el anuncio pomposo de un fondo de estímulo sin precedente para reconstruir las economías del continente severamente dañadas por la pandemia. La aguda recurrencia de casos en países como España, Francia y Alemania, que se creía que tenían, de alguna manera, bajo control a la COVID-19, demuestran que el virus y sus efectos devastadores no se desvanecen en el corto plazo. El problema no se solucionará uniendo los bolsillos de Europa, sino uniendo los corazones de la gente.

La inyección de 2 billones de dólares al sistema económico europeo fue acordada por los 27 líderes de la Unión, como donaciones y préstamos a las naciones miembros más afectadas. Al acuerdo masivo, que aún espera ser ratificado por el Parlamento de la Unión Europea , le llaman, nacimiento de una nueva Europa, pero las condiciones del fondo y el plan de desembolso, sorprendieron a sus oponentes dentro de un bloque que considera que la medicina es peor que la enfermedad.

Aunque el paquete de recuperación puede parecer una respuesta importante a las necesidades más urgentes, el trato, en el mejor de los casos, sólo puede dar una solución cosmética. ¿Por qué? Porque, como se expresó hace décadas, cuando se creó el bloque de naciones, un acuerdo entre tales socios, no podría dar a luz ningún buen resultado. Como está escrito, “La dispersión de los malvados es buena para ellos y buena para el mundo”. (Mishna, Sanedrín 71b.). Por “malvados”, nuestros sabios se referían a aquellos controlados por su naturaleza egoísta divisiva, de beneficio propio a expensas de los demás. En otras palabras, la Unión Europea es sólo el camuflaje de una falsa unidad y seguirá siéndolo hasta que cambie la naturaleza egoísta.

Los desequilibrios entre los europeos y las disputas egoístas internas del bloque, no permitirán que los miembros se conecten de todo corazón. Tienen el corazón seco hacia el otro. Desde la fundación de la UE, nadie se ha preocupado realmente por la prosperidad ni por la estabilidad de los demás ni se han esforzado por hacer que las generaciones futuras se vuelvan más responsables y se cuiden. Por eso, mientras la naturaleza egoísta siga sin cambios, no puede haber un cambio auténtico en la sociedad.

No obstante, la pandemia constantemente nos recuerda que no tenemos más opción que avanzar en una dirección diferente, hacia una unidad más genuina. La sociedad humana surgió como un sistema global e integral que une naciones, economías y culturas, por eso, los problemas de Europa y del mundo, tienen una raíz común: egoísmo estrecho y cruel.

El remedio para ese problema se puede encontrar en un método educativo diseñado específicamente para trascender el egoísmo subyacente. Por lo tanto, la crisis sólo se puede resolver con un enfoque integral que incluya, la conexión humana como el factor primordial para permitir una solución duradera al problema. Sin relaciones humanas profundamente arraigadas en la integración y en una verdadera preocupación mutua, todas las renovaciones grandilocuentes están destinadas al fracaso.

Si el plan de la UE hubiera incluido una cláusula principal, pidiendo educación o un párrafo exigiendo la expansión de nuevas relaciones humanas en el continente o incluso un apéndice declarando la intención de acercar a los ciudadanos, aún se podría asentir y estar de acuerdo en que existe una posibilidad de que algo podría funcionar. Pero no hay tal base en el acuerdo, no hay inclinación a la conexión y no hay tendencia para abolir el ego. Por eso, no podemos esperar que nada bueno resulte de meras acciones técnicas ni de la firma en un documento.

Incluso si la UE tuviera mil millones más de euros para invertir, la decisión no tendría resultados positivos. Al contrario, tendrían resistencia y enfrentamientos aún más fuertes, una guerras y luchas duras y a brotes de nuevas plagas.

¿Por qué?

Porque el plan de estímulo no toma en cuenta el equilibrio de la sociedad con las leyes de la naturaleza, leyes que operan como un sistema integral donde todas las partes, independientemente de su dimensión y estado, cumplen un papel necesario y se complementan para el funcionamiento adecuado del sistema.

La necesidad de cumplir esas leyes de reciprocidad e integración, es más evidente que nunca en la era del coronavirus. Ahora, la naturaleza requiere que seamos conscientes de la bancarrota de nuestros sistemas sociales egoístas y que nos elevemos con una nueva conciencia de unidad. Incluso un simple pensamiento de verdadera unidad, sería un gran paso, no sólo hacia el nacimiento de una nueva Europa, sino hacia el nacimiento de un nuevo mundo.

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