Los beneficios de la diversidad

Mi nuevo articulo: «Los beneficios de la diversidad«

Está escrito en la Mishná (ℎ, 9:15) que al final de los días, el odio se disparará. A juzgar por lo que sucede hoy, nos acercamos al final de los días. Nunca se ha arrojado tanto odio en redes sociales, periódicos y televisión y la ola sólo parece aumentar cada vez más. No es que no haya lugares tranquilos, pero el espíritu de la época es simplemente tóxico. Una palabra fuera de línea -y es súper fácil cruzar la raya- y estás vedado, excomulgado del mundo.

El racismo y las protestas que hemos visto últimamente son parte de esa marea turbia. Igual que todas las olas, los disturbios provocados por el racismo tendrán crestas y valles, pero la tendencia definitivamente va hacia una tormenta gigante.

El odio no se detendrá. A medida que el odio se intensifique y se extienda, los fragmentos dentro de cada grupo se separarán del cuerpo principal y formarán campamentos más pequeños que lucharán entre sí. La sociedad se desintegrará y reinará la anarquía. Está escrito en el Talmud (Sanhedrin 98b) que incluso los sabios más grandes no querrían vivir al final de los días.

Es claro que aún no llegamos, pero nos dirigimos hacia allí. Si no cambiamos de rumbo, llegaremos allí antes de lo que pensamos.

El papel del odio

El problema es que pensamos que el odio es malo y dañino. Tratamos de no odiar, pero al hacerlo, perdemos la oportunidad de corregirlo, hasta que enfrentemos un surgimiento de odio más intenso.

El odio es la aversión que sentimos hacia todo lo que no es, nosotros. Nuestro sentido de singularidad está profundamente arraigado en nuestra psique, pero está ahí por una buena razón: percibimos sólo en lo opuesto. Si no captamos la sensación de oscuridad, no sabríamos que hay luz. Si no sintiéramos frío, no podríamos sentir calor. Del mismo modo, si no sintiéramos odio, no podríamos sentir amor.

Por eso, cuando aparece el odio, no debemos tratar de reprimirlo ni negarlo. Por el contrario, debemos hacer un esfuerzo consciente para aumentar nuestro amor por el objeto del odio, hasta el punto en que el amor, sea más grande que el odio que surgió. Si todas las partes involucradas en la manifestación de odio, participan en el esfuerzo, el resultado será un amor mayor que nunca. Si no lo hacen todas las partes, el proceso es inútil.

Si toda la sociedad participa en este esfuerzo, aumentaremos el amor en nuestro mundo a niveles que nunca vimos antes y precisamente, será el nivel de odio sin precedentes, lo que nos obligará a forjar un nivel de amor similar. Al negar la legitimidad del odio, negamos el mundo del amor y lo condenamos a las manifestaciones más intensas de odio que pronto seguirán.

Según este paradigma, todo lo que odiamos, en realidad es un trampolín para un mayor amor. Si hoy, el odio más intenso se manifiesta entre las razas, ahí es precisamente donde debe aparecer el nuevo nivel de amor. Pero, esto sucederá, sólo si ambas partes trabajan juntas para aumentar el amor entre ellas en la medida del odio actual.

Me doy cuenta de que esta es una idea totalmente nueva y que contradice casi todo lo que hemos aprendido. Pero, por otro lado, lo que aprendimos ya no funciona, así que es hora de intentar una nueva dirección.

La idea es simple: el otro es diferente a mí; no me gusta y quiero que se lastime o al menos que se vaya. Ese odio es lo que alimenta la violencia que hemos visto en las últimas semanas y meses. Si lo dejamos así, explotará Pero, en lugar de dejar que se infecte y crezca, todos debemos hacer esfuerzos conscientes para aumentar el amor mutuo, aunque sea falso. Sorprendentemente, nuestro esfuerzo dará fruto y descubriremos que podemos amar a la gente que hace un momento, no podíamos soportar.

Es un paradigma muy práctico; exige coraje y compromiso y es la única esperanza del país para evitar el colapso total.

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