Un plan de rescate para un país en duelo

Mi nuevo artículo: «Un plan de rescate para un país en duelo«

Mira a tu alrededor, necesitamos un plan de rescate y lo necesitamos ya. La COVID-19 está ganando en todos los frentes, la economía se está derrumbando, la ansiedad está aumentando y la agresión está venciendo. Pero hay cosas que podemos hacer, si tenemos las agallas, el sentido común y la determinación.

Primero, necesitamos liberar al mundo de la ilusión de que el coronavirus es una fase pasajera. Llegó para quedarse.

Tal vez no siga siendo el coronavirus que conocemos hoy, pero el impacto sofocante en el mundo capitalista que hemos conocido por generaciones, seguirá. Nos guste o no, el capitalismo que conocemos acabó, y cuanto antes superemos la fase de retirada, mejor.

Segundo, la mayor parte del mercado laboral que conocemos, no sobrevivirá a la transición.

Lo que no sea esencial para el sustento humano regular, se desvanecerá, aunque tal vez no de inmediato, las demás ocupaciones se reducirán en tamaño y volumen a una fracción de lo que hoy son. Junto con la desaparición del antiguo mercado laboral, surgirá una nueva gama de empleos. Thomas Friedman, columnista del New York Times los llamó trabajos que “crean más valor con corazones y entre corazones“.

Estos trabajos serán tareas que se ocupen exclusivamente de unir a la gente, aumentar la responsabilidad mutua dentro de la comunidad, cuidar y ayudar a otros y sentir responsabilidad y afinidad incluso entre extraños. Para involucrar a la población en el proceso, habrá otro aspecto en este nuevo trabajo social y será, orientar sobre el cambio por el que atraviesa el mundo. La información se dará en cursos que expliquen la naturaleza del cambio por el que estamos atravesando, hablarán de por qué la economía se vino abajo, de que debemos ser responsables entre nosotros, como nunca antes lo fuimos, de los beneficios del cambio en la mente y el corazón y de lo que hubiera pasado si hubiéramos seguido como estábamos antes de que surgiera la COVID-19. Ambas capacitaciones, para aumentar la solidaridad y para dar información, se desarrollarán simultáneamente y mantendrán a todos ocupados, al menos tantas horas como las que dedicaban a su trabajo, tal vez sin el tiempo de traslado.

Tercero, el período de transición entre la era capitalista y la nueva era, debe ser lo más corto posible.

La naturaleza humana ama el descanso y se acostumbra a él, casi al instante. Como resultado, si la gente se queda inactiva en casa, por más de unos pocos meses, comenzará a perder su capacidad de comprometerse. Una vez que esté en ese estado, será prácticamente imposible entrenarla y hacerla productiva para la colectividad y seguirá siendo un peso para la sociedad.

Cuarto, junto con el cambio en el mercado laboral, la sociedad cambiará sus valores:

De admirar a los poderosos y narcisistas, a apreciar a los humanitarios y altruistas. No será una sociedad que adore a los superhéroes, sino una que honre a quienes la unen en solidaridad.

Quinto, preparar a la nueva generación para la vida en el nuevo mundo requerirá cambios en el enfoque de aprendizaje:

Enseñanza, comunicación entre maestros y estudiantes y entre estudiantes y estudiantes. Igual que en la sociedad, en la escuela, los estudiantes más elogiados serán los que sobresalgan en ayudar a sus compañeros a trabajar juntos. La idea no es novedosa; ha existido por más de una década. Quizá la mejor expresión de la teoría del aprendizaje colaborativo es la cita que Lawrence Ebert JD, abogado de patentes, encontró en un ensayo sobre el engaño en la escuela secundaria: “En ninguna industria se considera la colaboración como engaño. Sólo en la escuela es problema ¿qué les enseñamos a nuestros hijos?

Tenemos muy poco tiempo para hacer el cambio. La COVID-19 es apremiante y las viejas certezas se están desmoronando. Los grupos marginales se volvieron la corriente principal y los extremos la norma. Si el plan de rescate comienza sin demora, puede llevarnos a través del agua hasta el otro lado, con relativa calma y seguridad. Si dejamos que la corriente nos lleve a donde va, nos ahogaremos.

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