Unidos por un hilo común

Mi nuevo articulo: «Unidos por un hilo común«

Todo está unido por un hilo común. El hierro proviene de la Tierra y de las estrellas y nos da vida al ayudar a transportar oxígeno en nuestra sangre. Desde hace unos 2,500 millones de años las bacterias crean oxígeno en la fotosíntesis y eso permitió el desarrollo de la humanidad. La humanidad ha evolucionado por decenas de miles de años, los bebés de hoy nacen con el conocimiento acumulado de toda la humanidad.

De hecho, no hay nacimiento ni muerte, sino un proceso constante de desarrollo de una entidad formada por toda la realidad. Esa entidad, que la Cabalá llama “alma”, contiene todas nuestras propiedades, sensaciones, experiencias y pensamientos.

Todo es común. Nada de lo que consideramos “nosotros” es realmente personal. En lugar de luchar para preservar nuestra identidad, debemos conectarnos con el alma común y sentir el sistema de nuestra interconexión total. De otra forma, nos sentimos aislados, como seres separados y solitarios. Y lo peor, es una percepción falsa, opuesta a nuestra verdadera condición.

En verdad, no hay una sola célula, pensamiento, deseo o motivo que no nos llegue de otros y que no viaje de nosotros a la humanidad y al universo entero. Lo sentiríamos si no fuera por nuestro ego. El ego, la sensación de merecer, de separación y alienación de los demás, nos impide sentir la conexión total. En lugar de la conciencia absoluta de nuestra unión, estamos en la oscuridad total, rodeados por los muros de nuestro ego.

Pero nuestro destino no es permanecer así. Es romper los muros y convertirnos en seres humanos conscientes. Por eso se nos dio una sociedad, para que podamos “practicar” la conexión. A medida que nos esforzamos por construir lazos afectuosos entre nosotros, emulamos los lazos preexistentes que componen la realidad y por eso empezamos a sentirlos.

La verdadera sabiduría no viene de acumular conocimiento, sino de fomentar nuestra conexión, a medida que la información de otros fluye hacia nosotros y de nosotros hacia otros. La única habilidad que debemos aprender es el arte de amar a los demás, pues todo el conocimiento del mundo está en nuestro corazón y mente. Por eso, la solución a todos nuestros problemas radica en conexiones cálidas, atención y responsabilidad mutua. Estos sentimientos y esta actitud nos darán, no sólo solidaridad social, también, un conocimiento y conciencia que ni siquiera podemos soñar mientras estemos confinados en nuestro yo egoísta.

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