Aprender a aceptarnos mutuamente o cancelar la cultura

Mi nuevo articulo: «Aprender a aceptarnos mutuamente o cancelar la cultura«

¿Deberíamos cancelar a la gente y sus ideas si no estamos de acuerdo con ellas? Este se ha convertido en el dilema de nuestra era. La llamada “cultura de la cancelación” que consiste en quitar el apoyo a los personajes públicos, por sus opiniones o acciones, es ya una tendencia que invade Internet. En momentos en que la vida de todos gira en torno a las mismas luchas y desafíos, lo que tenemos que cancelar es nuestra división. Debemos aceptar nuestras diferencias y crear un ambiente de aceptación. Nuestro destino común está en juego.

La reacción pública contra celebridades, académicos, científicos, personajes públicos o empresas por algo que expresaron que podría considerarse ofensivo: esta es la nueva norma en las redes sociales. Nadie está exento, puede terminar una carrera o dar otros castigos, incluso hasta el punto del boicot total, si sus puntos de vista no agradan a ciertos sectores. ¿dónde termina la libertad de expresión y comienza la libertad de anular a otros?

Vivimos en una época en la que nuestro ego, nuestra visión egoísta, rompe todos los límites, carece de restricción y control. El ego no quiere escuchar a los demás ni considerar puntos de vista diferentes. No está dispuesto a discutir hechos ni temas controvertidos de manera civilizada. En otras palabras, no tenemos ningún interés en formar una idea común, encontrarnos a mitad de camino (o incluso a una fracción) para encontrar un terreno común. El ego no se rinde fácilmente, porque lo que nos importa es nuestro propio punto de vista. Es la única verdad.

Abolir a otros penetró tan profundamente en la sociedad moderna que no hay posibilidad de acuerdo ni de un intercambio civilizado de ideas ni de un discurso fructífero y enriquecedor. Es muy lamentable ver lo lejos que dejamos la cultura de la discusión, lo lejos que estamos de la apertura y lo cerca que estamos de la terquedad. “Yo reinaré” es el llamado del momento.

La tendencia a suprimir a otros también se observa comúnmente en programas de televisión y mesas redondas. Los invitados gritan sus pequeños fragmentos en sonido tan rápido como pueden porque, de lo contrario, otros no dejarán que se les escuche en absoluto. Se alienta a expresar opiniones más fuerte, más agudo, más rápido que el otro. La lógica ya no importa y ya no hay interés en el contenido de las cosas.

Vigilancia colectiva social o intimidación pública

Los promotores de la “cultura de la cancelación” lo ven como herramienta útil para preservar parámetros aceptables de justicia social, pero ¿cómo puede la sociedad juzgar con base en estándares objetivos si su propia perspectiva está sesgada y se basa en una visión estrecha? Un diálogo equilibrado sólo se puede garantizar cuando aprendemos a comunicarnos y escucharnos unos a otros, no por intimidación, sino por receptividad.

Esto no significa que sea necesario deshacer nada, ni renunciar a ninguna opinión. Todo lo que necesitamos es aprender a organizar las discusiones y confrontaciones para que se presenten sin irritar los nervios. En cualquier tema de interés, debemos mantener una conversación en beneficio del público y del mundo, en lugar de una pelea. Si hablamos con la intención de ayudar, no nos deprimimos, sino que buscaremos juntos el camino correcto. Necesitamos descubrir en cada encuentro un camino para avanzar hacia un mundo mejor y más considerado para todos.

Por favor, no confunda esto con adoptar una cortesía artificial, porque los modales agradables de hoy, no son rival para los crecientes egos del mañana. El nuevo modo de comunicación debería basarse en desarrollar nuestras habilidades internas para conectarnos con los demás. Es decir, cambiar nuestra intención y nuestra forma de pensar, para beneficio y progreso de otros, en lugar de menospreciarlos y explotarlos.

La sociedad humana sigue deteriorándose y debemos entender que nuestra salvación en esta situación, sólo puede llegar si aprendemos a tratarnos adecuadamente.

Al final, el único comportamiento que necesitamos suprimir es nuestra cancelación mutua; eso es  todo lo que nos separa. Cuando logremos esa conciencia y nos esforcemos por llegar a un entendimiento mutuo, nuestra sociedad será un lugar mucho más agradable para vivir.

¿Deberíamos cancelar a la gente y sus ideas si no estamos de acuerdo con ellas? Este se ha convertido en el dilema de nuestra era. La llamada “cultura de la cancelación” que consiste en quitar el apoyo a los personajes públicos, por sus opiniones o acciones, es ya una tendencia que invade Internet. En momentos en que la vida de todos gira en torno a las mismas luchas y desafíos, lo que tenemos que cancelar es nuestra división. Debemos aceptar nuestras diferencias y crear un ambiente de aceptación. Nuestro destino común está en juego.

La reacción pública contra celebridades, académicos, científicos, personajes públicos o empresas por algo que expresaron que podría considerarse ofensivo: esta es la nueva norma en las redes sociales. Nadie está exento, puede terminar una carrera o dar otros castigos, incluso hasta el punto del boicot total, si sus puntos de vista no agradan a ciertos sectores. ¿dónde termina la libertad de expresión y comienza la libertad de anular a otros?

Vivimos en una época en la que nuestro ego, nuestra visión egoísta, rompe todos los límites, carece de restricción y control. El ego no quiere escuchar a los demás ni considerar puntos de vista diferentes. No está dispuesto a discutir hechos ni temas controvertidos de manera civilizada. En otras palabras, no tenemos ningún interés en formar una idea común, encontrarnos a mitad de camino (o incluso a una fracción) para encontrar un terreno común. El ego no se rinde fácilmente, porque lo que nos importa es nuestro propio punto de vista. Es la única verdad.

Abolir a otros penetró tan profundamente en la sociedad moderna que no hay posibilidad de acuerdo ni de un intercambio civilizado de ideas ni de un discurso fructífero y enriquecedor. Es muy lamentable ver lo lejos que dejamos la cultura de la discusión, lo lejos que estamos de la apertura y lo cerca que estamos de la terquedad. “Yo reinaré” es el llamado del momento.

La tendencia a suprimir a otros también se observa comúnmente en programas de televisión y mesas redondas. Los invitados gritan sus pequeños fragmentos en sonido tan rápido como pueden porque, de lo contrario, otros no dejarán que se les escuche en absoluto. Se alienta a expresar opiniones más fuerte, más agudo, más rápido que el otro. La lógica ya no importa y ya no hay interés en el contenido de las cosas.

Vigilancia colectiva social o intimidación pública

Los promotores de la “cultura de la cancelación” lo ven como herramienta útil para preservar parámetros aceptables de justicia social, pero ¿cómo puede la sociedad juzgar con base en estándares objetivos si su propia perspectiva está sesgada y se basa en una visión estrecha? Un diálogo equilibrado sólo se puede garantizar cuando aprendemos a comunicarnos y escucharnos unos a otros, no por intimidación, sino por receptividad.

Esto no significa que sea necesario deshacer nada, ni renunciar a ninguna opinión. Todo lo que necesitamos es aprender a organizar las discusiones y confrontaciones para que se presenten sin irritar los nervios. En cualquier tema de interés, debemos mantener una conversación en beneficio del público y del mundo, en lugar de una pelea. Si hablamos con la intención de ayudar, no nos deprimimos, sino que buscaremos juntos el camino correcto. Necesitamos descubrir en cada encuentro un camino para avanzar hacia un mundo mejor y más considerado para todos.

Por favor, no confunda esto con adoptar una cortesía artificial, porque los modales agradables de hoy, no son rival para los crecientes egos del mañana. El nuevo modo de comunicación debería basarse en desarrollar nuestras habilidades internas para conectarnos con los demás. Es decir, cambiar nuestra intención y nuestra forma de pensar, para beneficio y progreso de otros, en lugar de menospreciarlos y explotarlos.

La sociedad humana sigue deteriorándose y debemos entender que nuestra salvación en esta situación, sólo puede llegar si aprendemos a tratarnos adecuadamente.

Al final, el único comportamiento que necesitamos suprimir es nuestra cancelación mutua; eso es  todo lo que nos separa. Cuando logremos esa conciencia y nos esforcemos por llegar a un entendimiento mutuo, nuestra sociedad será un lugar mucho más agradable para vivir.»

¿Deberíamos cancelar a la gente y sus ideas si no estamos de acuerdo con ellas? Este se ha convertido en el dilema de nuestra era. La llamada “cultura de la cancelación” que consiste en quitar el apoyo a los personajes públicos, por sus opiniones o acciones, es ya una tendencia que invade Internet. En momentos en que la vida de todos gira en torno a las mismas luchas y desafíos, lo que tenemos que cancelar es nuestra división. Debemos aceptar nuestras diferencias y crear un ambiente de aceptación. Nuestro destino común está en juego.

La reacción pública contra celebridades, académicos, científicos, personajes públicos o empresas por algo que expresaron que podría considerarse ofensivo: esta es la nueva norma en las redes sociales. Nadie está exento, puede terminar una carrera o dar otros castigos, incluso hasta el punto del boicot total, si sus puntos de vista no agradan a ciertos sectores. ¿dónde termina la libertad de expresión y comienza la libertad de anular a otros?

Vivimos en una época en la que nuestro ego, nuestra visión egoísta, rompe todos los límites, carece de restricción y control. El ego no quiere escuchar a los demás ni considerar puntos de vista diferentes. No está dispuesto a discutir hechos ni temas controvertidos de manera civilizada. En otras palabras, no tenemos ningún interés en formar una idea común, encontrarnos a mitad de camino (o incluso a una fracción) para encontrar un terreno común. El ego no se rinde fácilmente, porque lo que nos importa es nuestro propio punto de vista. Es la única verdad.

Abolir a otros penetró tan profundamente en la sociedad moderna que no hay posibilidad de acuerdo ni de un intercambio civilizado de ideas ni de un discurso fructífero y enriquecedor. Es muy lamentable ver lo lejos que dejamos la cultura de la discusión, lo lejos que estamos de la apertura y lo cerca que estamos de la terquedad. “Yo reinaré” es el llamado del momento.

La tendencia a suprimir a otros también se observa comúnmente en programas de televisión y mesas redondas. Los invitados gritan sus pequeños fragmentos en sonido tan rápido como pueden porque, de lo contrario, otros no dejarán que se les escuche en absoluto. Se alienta a expresar opiniones más fuerte, más agudo, más rápido que el otro. La lógica ya no importa y ya no hay interés en el contenido de las cosas.

Vigilancia colectiva social o intimidación pública

Los promotores de la “cultura de la cancelación” lo ven como herramienta útil para preservar parámetros aceptables de justicia social, pero ¿cómo puede la sociedad juzgar con base en estándares objetivos si su propia perspectiva está sesgada y se basa en una visión estrecha? Un diálogo equilibrado sólo se puede garantizar cuando aprendemos a comunicarnos y escucharnos unos a otros, no por intimidación, sino por receptividad.

Esto no significa que sea necesario deshacer nada, ni renunciar a ninguna opinión. Todo lo que necesitamos es aprender a organizar las discusiones y confrontaciones para que se presenten sin irritar los nervios. En cualquier tema de interés, debemos mantener una conversación en beneficio del público y del mundo, en lugar de una pelea. Si hablamos con la intención de ayudar, no nos deprimimos, sino que buscaremos juntos el camino correcto. Necesitamos descubrir en cada encuentro un camino para avanzar hacia un mundo mejor y más considerado para todos.

Por favor, no confunda esto con adoptar una cortesía artificial, porque los modales agradables de hoy, no son rival para los crecientes egos del mañana. El nuevo modo de comunicación debería basarse en desarrollar nuestras habilidades internas para conectarnos con los demás. Es decir, cambiar nuestra intención y nuestra forma de pensar, para beneficio y progreso de otros, en lugar de menospreciarlos y explotarlos.

La sociedad humana sigue deteriorándose y debemos entender que nuestra salvación en esta situación, sólo puede llegar si aprendemos a tratarnos adecuadamente.

Al final, el único comportamiento que necesitamos suprimir es nuestra cancelación mutua; eso es  todo lo que nos separa. Cuando logremos esa conciencia y nos esforcemos por llegar a un entendimiento mutuo, nuestra sociedad será un lugar mucho más agradable para vivir.

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