El odio causa el virus

Mi nuevo articulo: «El odio causa el virus«

Realmente no entendemos por qué nos golpeó la COVID. La gente culpa a China, culpa a los judíos, culpa a los murciélagos, a los visones, a la deforestación, a las empresas farmacéuticas corruptas, etc. Pero nadie se culpa a sí mismo. Nadie culpa del surgimiento de la COVID-19 a nuestro propio odio y maltrato a todos y a todo los que nos rodea.

Es entendible; no vemos el sistema en general. Aunque los científicos saben desde hace, al menos, un siglo, que el mundo está interconectado y que todo es construido a partir de las mismas partículas, no lo experimentamos en nuestra vida diaria, por eso nos comportamos como si no fuera cierto. Pero comportarnos como si no estuviéramos relacionados, es tan irresponsable como beber agua que nos dicen que está contaminada con listeria y no creerlo porque no podemos ver las bacterias. Cuando aparecen los síntomas, la recuperación es mucho más difícil y dolorosa.

Toda la realidad, no sólo está conectada, está conectada correctamente. Los minerales, la flora y la fauna de nuestro mundo, funcionan de acuerdo con las leyes naturales impresas en ellos y no tienen libre albedrío . Los lobos no son malos porque se comen a otros animales ni los ciervos son buenos porque se alimentan de plantas y no de otros animales. De hecho, si no fuera por los carnívoros, los herbívoros se volverían insalubres, habría sobrepoblación, agotarían las plantas de las que viven y finalmente, sufrirían y morirían, ya que la naturaleza encontraría otra forma de equilibrar su población. Cuando observas a la naturaleza, te das cuenta de que mantiene un equilibrio perfecto, donde cada elemento garantiza la integridad de todo el sistema.

Sólo hay una excepción en toda la naturaleza: el hombre. Los humanos son el único elemento de la naturaleza que puede comportarse como si no estuviera relacionado con nada y salirse con la suya, por un tiempo.

Hasta ahora, luchamos contra la naturaleza, nos fortalecimos y durante los últimos dos siglos, pensamos que casi la vencemos. Peor aún, luchamos unos contra otros y nuestro odio mutuo nos hizo arruinar la naturaleza, aún más en nuestra contra, bombardear y extraer los tesoros de la naturaleza, por el simple hecho de competir ferozmente entre nosotros.

La COVID-19 nos detuvo en seco, por nuestro odio bloqueó la economía y el deseo de explotar, gobernar y humillar causaron tal daño a la naturaleza, que generó un remedio natural contra la naturaleza humana: el nuevo coronavirus y todas sus ramas, detuvieron la carrera armamentista y gran parte de las hostilidades que los países estaban armando o planeaban ejecutar, incluso nos distanció de los demás para no tener que tolerar las tensiones en los lugares de trabajo hostiles o en la educación competitiva.

Pero como no vemos el sistema, creemos que no es nuestro odio lo que provocó la aparición del virus; creemos que algo o alguien más, a quien odiamos, fue lo que provocó su aparición. Estamos equivocados. Es nuestra actitud hacia los demás lo que generó esto y otras pestilencias que pronto vendrán y que atacarán si no revertimos el curso.

E pur si muove (“Y sin embargo se mueve”) dijo Galileo Galilei cuando se vio obligado a retractarse de su afirmación de que la Tierra se mueve alrededor del sol. Hoy sabemos que tenía razón. Pero cuando se trata de verdades que se refieren a nuestro odio mutuo, somos tan ignorantes y obstinados como los verdugos de Galileo. Es una pena, ya que la órbita de la Tierra alrededor del sol es importante, pero no tanto como el hecho de que el odio crea enfermedades. La ignorancia del primer hecho es una vergüenza; la ignorancia de este último hecho, puede costarnos la vida.

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