No hay nada malo con el ego (si se usa correctamente)

Mi nuevo articulo: «No hay nada malo con el ego (si se usa correctamente)«

Cuando hablamos de que el ego es la pesadilla de nuestra generación, debemos entender lo que significa. Pues, ¿dónde estaríamos sin él? No tendríamos industria ni medicina moderna ni comunicación. No podríamos viajar ni explorar ni llevar una vida agradable y fácil en comparación con nuestros antepasados. Además, el ego no es creación del hombre; es inherente a nuestra naturaleza. Así, cuando alabamos a la naturaleza, ¿cómo podemos condenar al ego, su propia creación?

El problema no es el ego; es cómo, cuánto y cuándo lo usamos. En cierto sentido, el ego está en todas partes. Es lo que mantiene la forma de los átomos y no deja que se desintegren. Pero, para que los átomos se desarrollen, “renuncian” a la exclusividad de uno o más de sus electrones y los “comparten” con otros átomos, para crear moléculas, que es la siguiente etapa de su evolución. A medida que las moléculas “renuncian” a parte de su exclusividad y “comparten” partes de sí mismas con otras moléculas, crean estructuras moleculares que al final se convierten en células, que comienzan a dividirse y multiplicarse y antes de que te des cuenta, tienes vida.

En otras palabras, la vida se compone de elementos “egoístas” que “renuncian” a la exclusividad de partes de sí mismas y las comparten con otros elementos. Pero al hacerlo ni átomos ni moléculas ni células se extinguen; al contrario, garantizan su supervivencia porque ahora su existencia es vital para alguien más, aparte de ellas mismas. Además, al participar en la evolución de un sistema más complejo, ellas mismas evolucionan. Toda la creación sigue el mismo principio evolutivo, así se construyó nuestro universo, con la humanidad dentro de él.

Nosotros también estamos sujetos a las mismas leyes de desarrollo. Socialmente, evolucionamos de clanes a villas, de villas a pueblos, de pueblos a municipios, de municipios a países y ahora, a una aldea global. Pero mientras nuestras sociedades evolucionaron, nuestra psique quedó descuidada; ahora es su turno. Es el último elemento de la creación, no se había tocado y ahora es su turno.

Estamos en los albores de una era en la que aprenderemos a renunciar a partes de nosotros mismos y a compartirlas con los demás, para crear un verdadero vínculo. Nos convertiremos en una entidad, no sólo como comunidad de individuos, sino que sentiremos a otros, como parte de nosotros mismos. Es un nivel de conexión que nunca sentimos, nuestro ego teme probarla, cree que será su fin.

De hecho, lo único que se interpone en el camino de esta etapa final de evolución es nuestro ego. No quiere renunciar a nada sin importar el costo. Como el cáncer, está dispuesto a morir junto con su anfitrión, siempre y cuando no comparta nada con nadie. Pero la naturaleza no dejará de evolucionar hasta que lleve toda la realidad a su nivel más alto de desarrollo, donde todas las partes se comparten y se sostienen, por lo tanto, expanden su conciencia para abarcar todo el sistema de existencia.

Quienes se resistan al proceso, sufrirán en el camino, pero también lo alcanzarán. Hoy, Estados Unidos, que ha cultivado la cultura del ego más que ningún otro país, se tambalea por el dolor de resistir el tirón de la naturaleza. Pero, afortunadamente, no hay necesidad de sufrir. Si entendemos que no necesitamos matar al ego, sino simplemente usarlos correctamente, compartir con otros y fortalecer nuestra comunidad, nosotros también evolucionaremos, nuestra vida estará segura y nuestra conciencia abarcará a toda la humanidad y a toda la realidad.

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