Una chispa de luz cuando la vida ya no tiene sentido

Mi nuevo articulo: «Una chispa de luz cuando la vida ya no tiene sentido«

Estrés, miedo, soledad y dificultades económicas, se ven agravados por la Covid-19. La forma en que esos sentimientos pueden aumentar el riesgo de suicidio es tema de estudio, pero las organizaciones de salud mental ya ven signos de aumento potencial de la llamada “muerte por desesperación”, incluidas sobredosis de droga y suicidio. La sociedad ya no puede enterrar la cabeza en la arena. Debe prepararse para lo que se avecina y organizar las condiciones para apoyar a los necesitados con cuidado, calidez y responsabilidad mutua.

Después de seis meses de pandemia, pensamos que el comportamiento e impacto del virus se habrían resuelto. Pero la plaga mundial sigue sorprendiendo a la comunidad científica con nuevas mutaciones, nuevos síntomas y efectos secundarios. Hasta que se descubra una cura, la incertidumbre seguirá reinando y se pueden esperar tiempos más difíciles.

Hasta 75,000 estadounidenses más, podrían sumarse a la cifra de muertos por la pandemia, no por causas naturales, sino porque decidieron poner fin a su vida, esto según un análisis de un grupo nacional de salud pública. La tasa de suicidio en EU, según datos oficiales, aumentó 35 por ciento, desde el 2000. Históricamente, las dificultades económicas, en particular las recesiones profundas, como la de 2008, casi duplicaron el número de suicidios por desesperación. Estamos en una nueva etapa de la humanidad, una nueva era en la que todos debemos estar conectados con vínculos positivos recíprocos, donde todos en la sociedad actúen en favor de los demás, como una madre amorosa que abraza a su querido hijo.

El suicidio es la peor decisión que puede tomar una persona.

Alguien desesperado llega a esta resolución extrema para escapar del dolor. En la mente de quienes cometen estos actos tan extremos, la vida se convierte en una carga de la que vale la pena deshacerse, una experiencia sin satisfacción. Al hacerlo, ignoran el dolor que infligen a su familia y amigos y manifiestan total falta de deseo para aceptar las condiciones que les da la vida.

Al parecer, se quedan sin fuerza para exigir lo que consideran que tienen derecho a tener en la vida, sea lo que sea. En lugar de involucrar a otros y pedir ayuda para encontrar soluciones juntos, el suicida se mete en sus propios pensamientos, se ensimisma y vive un torbellino de emociones.

Si bien el suicidio parece ser la decisión más personal, como sociedad tenemos responsabilidad colectiva de crear condiciones necesarias para que todos vivan una vida sana y feliz. Esas condiciones evitarían que se llegue al último estado de desesperación, angustia y dolor que lleva al punto en que la vida no tiene sentido.

Debemos crear mecanismos de responsabilidad mutua, garantizar la satisfacción de las necesidades más básicas de cada uno, asegurarnos de que todos tengan lo esencial para una existencia digna.

Luz después de la oscuridad

Debemos estar siempre conscientes de que cualquier tormento que surja, es para nuestro avance personal, su propósito de corregir nuestra naturaleza egoísta de auto gratificación por encima de cualquier otra consideración. Los estados de depresión, despiertan el punto más profundo escondido dentro de nosotros, una chispa dirigida a un nivel superior de existencia, donde se llena de luz el oscuro vacío.

Como escribe el principal cabalista Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam): “En cada persona, incluso en el secular, hay una chispa desconocida que exige unión con Dios. Cuando despierta, lo hace para conocer o negar a Dios, que es lo mismo. Si alguien le ayuda a satisfacer ese deseo, estará de acuerdo con todo”. (La solución)

Nadie puede lograr satisfacción ilimitada por sí mismo. Sólo se puede lograr con una buena conexión con los demás y eso crea el “campo” necesario, donde se puede revelar la fuente eterna de placer.

¿Cuál es el enfoque correcto para ayudar a alguien desesperado? No debemos abrumarlo con simpatía exagerada ni ser condescendientes. Simplemente necesitamos expresarle cariño, escucharlo, estar a su lado, demostrarle que no está solo y que puede contar con sus amigos y familiares.

Debemos compartir con quien esté desesperado, el pensamiento de que hay luz después de la oscuridad. Del mismo modo, todo estado lúgubre es preparación para una realidad mejor, para percibir un nuevo estado positivo, pues no hay satisfacción sin carencia. Ese nuevo estado de sentir que somos comprendidos, protegidos y acogidos, nos espera, nos dará una renovada pasión por la vida y ampliará nuestros horizontes hacia una vida feliz, llena de significado, propósito, alegría y abundancia.
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