La soledad mata

Hace algún tiempo, hubo un suicidio: un joven, un israelí, un maestro de escuela, se suicidó. Tenía un trabajo estable, estudiantes, buena salud y buena apariencia, pero se sentía solo.

En su publicación de despedida en Facebook, escribió: “Es malo cuando una persona está sola. La soledad mata. Pasa día tras día, mes tras mes, año tras año y estoy solo todo el tiempo: en el almuerzo, en el trabajo, por la noche, los fines de semana, los días festivos, los cumpleaños que nadie recuerda. Los pocos amigos que tenía desaparecieron con el tiempo. Es hora de que me vaya».

Este joven no es un caso excepcional. Según las estadísticas, incluso antes del coronavirus, casi la mitad de los estadounidenses se sentían solos todo el tiempo o de vez en cuando. El 54% dijo que no tiene amigos cercanos, es decir, alrededor de 200 millones de personas solo en EUA.

La soledad no es solo un fenómeno de EUA. Según las encuestas, alrededor de un tercio de los británicos a menudo se sienten solos. La mitad de los británicos mayores de 65 años pasan tiempo con su televisor, perro o gato. En Estados Unidos y Canadá, los solteros son el 28% de los hogares y en países europeos, el 34% o más. Desde el comienzo de la epidemia, el problema de la soledad se agudizó aún más.

¿Por qué la gente se siente más sola que nunca en la era más sociable de la historia de la humanidad? Indica que no hay conexión, a pesar de que parecemos estar conectados. Inventamos nuevos dispositivos de comunicación: radio, televisión, Internet, ordenadores con infinidad de programas diferentes.

Sin embargo, nada da satisfacción a la gente. Se puede encontrar compañía, pero no satisface la exigencia interna de sentir conexión, dependencia mutua, como la gente cercana que está realmente interesada ​​en la vida del otro y no sólo es cortesía.

No hay conexión sincera entre nosotros. No le debo nada a nadie y nadie me debe nada. No necesito a nadie y nadie me necesita a mí, no estoy realmente conectado con nadie.

Cuando una persona se siente así internamente, se aparta de la vida. ¿Qué más hay? Cielo, tierra, aire, casas, coches, ¿todo este alboroto? La vida en la pantalla del televisor o computadora no me toca, no requiere mi participación ni ayuda. En otras palabras, nuestras conexiones carecen de corazón. Esta es la razón por la que tanta gente sufre de soledad e incluso acaban quitándose la vida.

Parecería que es bueno no depender de nadie. Pero, no es el caso. Queremos estar vinculados a otros por obligaciones mutuas, para que alguien sea importante para mí y yo sea importante para alguien y no solo una unidad estadística. Quiero ser una persona y que alguien se interese por mí.

Nadie nos enseñó en la escuela cómo comunicarnos. En el trabajo, tampoco, nadie se interesa en la persona en sí, sólo el trabajador es importante. No tenemos una sociedad que vincule a la gente con relaciones amistosas, que se preocupan unos por otros. Los medios de comunicación sólo se llaman así, pero ¿a qué nos conectan? Perdimos la dirección correcta de nuestras aspiraciones.

Incluso la conexión entre padres e hijos desapareció: los padres van a trabajar temprano por la mañana y regresan tarde por la noche. Tan pronto como los niños tienen la oportunidad de dejar la casa de sus padres, lo hacen. Si se quedan, es sólo porque no tienen a dónde ir y es más rentable quedarse, es decir, es una actitud de consumidor.

La madre siempre alimentará, vestirá y albergará. Yo no voy a crear una familia así. No me educaron para relaciones familiares. Vivía en una familia donde mi madre y mi padre iban a trabajar todo el día y yo no los veía. Una vez existió la familia donde la mujer se quedaba en casa con los niños y el hombre iba a trabajar. Por la noche, toda la familia se reunía y se veía, porque no había televisión. Había muchos niños en las familias y los abuelos también estaban allí.

Hoy no existe eso, hoy los niños se encierran en su habitación con su computadora y tienen su propia vida. Crecemos para ser indiferentes, desprovistos de simpatía humana y no nos necesitamos. Como somos ahora, no nos necesitamos. La soledad es el resultado de todo esto.

Sin embargo, se sufre de soledad, se desea conexión. No quieren comprometerse, pero el hombre es un ser social y, no puede vivir sin sociedad. Necesita confiar en la sociedad para asociarse con ella y aprender de ella. Si no le hablas, no se interesan por ti, te conviertes en un animal y no en humano.

Por lo tanto, no es de extrañar que sean las personas buenas, las personas educadas, las que se sientan atraídas por la sociedad, por la conexión con otros, las que ven que esa vida no vale nada.
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De Kabtv «Perspectivas globales» 16/ago/20

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