El botón de reinicio para restaurar la naturaleza

Mi nuevo articulo: «El botón de reinicio para restaurar la naturaleza«

Por primera vez en la historia, en los últimos meses, el mundo entró en lo que algunos científicos llaman la “anthropause“, de la palabra “anthro” (humano), interrupción masiva de la actividad humana. Todos los países del mundo, casi sin excepción, tuvieron cierres intermitentes para controlar la propagación de la Covid-19. ¿Qué aprendimos de la naturaleza en este período? ¿sanó la naturaleza de los abusos y heridas infligidas por el hombre a lo largo de los siglos? Cualquier pausa, larga o corta, ayuda, hasta que cambiemos la naturaleza humana.

La aparición de vida silvestre en entornos urbanos después de la reducción del tráfico, agregó una atracción colorida a nuestra experiencia durante las restricciones fuertes de la cuarentena. Avistamientos de pumas en el centro de Santiago de Chile y coyotes caminando por las calles de San Francisco, combinados con la reducción global de los niveles de contaminación, dieron la impresión de que la naturaleza está recuperando su lugar y recuperando el equilibrio. Pero esta nueva situación también plantea nuevos desafíos. Las especies depredadoras corren más libremente ahora y la caza ilegal y el tráfico de animales está en aumento, las reservas naturales y los parques están sintiendo los efectos de la crisis económica por la falta de visitantes, según organizaciones internacionales.

Actualmente hay múltiples iniciativas de investigación global para evaluar el impacto integral de la pandemia en la naturaleza. En verdad, ninguna de las investigaciones dará frutos si se pasa por alto el nivel humano en los cálculos, pues la causa fundamental de todo el desequilibrio en la naturaleza se remonta a la humanidad. Para el ojo sin prejuicios, parece que el nivel animal en la red ecológica y el nivel humano de interacciones, fueran dos cosas separadas. No podría estar más lejos de la verdad, porque están totalmente interrelacionados y son interdependientes.

Los humanos somos egoístas por naturaleza.

Es decir que nuestros pensamientos y acciones están motivados, en última instancia, por el deseo de tener satisfacción y disfrutar a expensas de lo que nos rodea. Como egoístas, necesariamente percibimos sólo la pequeña porción de realidad que creemos que podría beneficiarnos. Nos sentimos en gran parte separados de personas y cosas, sólo nos preocupan nuestros propios problemas, vivimos en la persecución constante de placeres efímeros.

En contraste con la perspectiva humana egoísta, la naturaleza trata de conectar sus elementos en un todo armonioso. Dentro de este todo armónico, cada parte recibe lo que necesita para su sustento y da según su capacidad, en beneficio del todo, similar al funcionamiento saludable de las células y órganos del cuerpo humano.

La cualidad egoísta de la humanidad choca con la cualidad altruista de la naturaleza y sentimos cada vez más golpes.

Los golpes de la naturaleza pueden aparecer como pandemias, como el coronavirus y en una miríada de otras formas, como desastres ecológicos, por ejemplo.

Dentro de este sistema totalmente integral, el ser humano es el nivel más complejo y cualitativamente más alto. Los pensamientos, actitudes y relaciones humanas también tienen una influencia más poderosa sobre los otros niveles. Es extremadamente difícil darnos cuenta de la magnitud de nuestro impacto. Por eso, cuando la naturaleza nos da un golpe, nos sentimos desorientados, indefensos y perplejos en nuestra respuesta -estamos con la guardia baja-, porque ignoramos totalmente que la forma en que nos relacionamos determina la respuesta de la naturaleza.

Entonces, ¿cuál es el mensaje que la naturaleza trata de enseñarnos con todos los dolores y problemas que nos envía?

Debemos hacer una pausa y contemplar la vida, su propósito y el porqué del sufrimiento. La naturaleza nos da un aviso y una llamada de atención para repensar nuestra dirección. Ella busca que comprendamos que somos parte de un sistema único, interconectado e interdependiente y que debemos alcanzar un nivel más alto de conexión, para restaurar su equilibrio y descubrir su perfección ilimitada.

Con los golpes que nos envía, finalmente nos enseña que debemos revisar nuestra forma de vida, que debemos reconocer la bancarrota que es vivir egoístamente como lo hemos hecho hasta hoy. En lugar de buscar nuestro beneficio todo el tiempo, debemos buscar el beneficio de los demás. La naturaleza nos señala que al cambiar nuestra actitud hacia los demás; de egoísta a altruista, entraremos en equilibrio con ella y disfrutaremos de una existencia agradable, plena y eterna.

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