En el umbral de una revolución mundial

El hombre es esencialmente un deseo de recibir muy sensible al placer o al dolor. Por lo tanto, el Creador en un instante podría obligar a toda la humanidad a volverse absolutamente justa.

Sin embargo, Él quería que lo hagamos con comprensión y conciencia para que nosotros mismos le pidamos que nos lleve al otorgamiento y la conexión, que nosotros mismos deseemos la garantía mutua y que nosotros mismos busquemos volvernos similares al Creador.

Por eso tomó tanto tiempo y muchas condiciones diferentes. Era necesario dividir a la humanidad en setenta partes, setenta naciones del mundo, en diferentes épocas y en todos los estados. Todo es para construir un sentimiento sobre cada deseo que está por encima de él, es decir, en aras del otorgamiento, así como una mente que pueda calcular cuándo y en qué medida se pueden usar el deseo de recibir y el deseo de otorgar.

De esa manera, el hombre puede regular cuánto puede recibir del Creador para que sea suficiente para corregir el deseo de un otorgante, ni una gota más.

Resulta que necesitamos programar el deseo de recibir para que absorba toda esta sabiduría, conocimiento y habilidades que le permiten trabajar en contra de su naturaleza y enseñarle a apreciar la naturaleza del Creador como la cualidad superior, para decirlo. sobre sí mismo, ser impresionado y actuar como Él.

Sólo con un proceso muy complejo se puede llevar la creación a la equivalencia con el Creador. Pues, inicialmente está infinitamente lejos, completamente opuesto. El Creador creó el deseo de recibir para que fuera opuesto al deseo de otorgar, luego lo rompió e intercaló pequeñas chispas de otorgamiento dentro de este deseo.

Estas chispas también están bajo el control del ego. Por eso, el hombre usa todo su deseo egoísta y todas las chispas de otorgamiento para conectarse con los demás, construye diferentes sociedades, negocios y desea beneficio mutuo. Todo eso es gracias a esas chispas que cayeron dentro del deseo de recibir; de lo contrario, los deseos habrían permanecido aislados e incapaces de conectarse entre sí.

Cuando comenzamos a conectarnos y a ganar unos de otros, entendemos lo rentable que es y agregamos más y más conexiones. De repente, todo se rompe porque es imposible seguir así y se produce una caída catastrófica. Esta crisis creció a lo largo del siglo XX y hoy llegó a tal punto que pasó de un declive económico a uno universal.

Hoy empezamos a entender que la conexión puede ser mala a pesar de que viene de chispas de luz. Ahora nuestro trabajo es convertir esta conexión en buena. Este es un proceso especial porque requiere que nos conectemos sólo en beneficio de nuestro vecino. Para hacerlo, necesitamos elevar las chispas de la luz superior por encima de nuestro deseo de recibir.

Después de la ruptura del alma común, hasta hoy, estas chispas nos ayudaron a construir el deseo de recibir de manera aún más egoísta. Ahora, sin embargo, debemos tomar este deseo de recibir y ponerlo al servicio de las chispas para atraer la luz y hacer crecer el deseo de otorgar en lugar del deseo de recibir. La intención de otorgar debe elevarse por encima de recibir, es decir, ir en fe por encima de la razón. Valorar la fuerza de otorgamiento, Bina, por encima de la fuerza de recepción.

Esta es la gran revolución que debemos realizar para que la intención de otorgar sea mayor que la fuerza del ego y las chispas que cayeron en el deseo durante la ruptura comenzarán a determinar nuestro desarrollo en lugar de que el ego controle el desarrollo donde las chispas se usan para conectar con otros para sacar provecho de ellos.
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De la 2a parte de la lección diaria de Cabalá del 25/sep/20, Escritos de Baal HaSulam, «La Garantía Mutua«

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