Una forma de revertir la triste predicción de las pandemias cíclicas

Mi nuevo articulo: «Una forma de revertir la triste predicción de las pandemias cíclicas«

Sally Davies, ex directora médica de Inglaterra, escribió en The Guardian que “La COVID-19 no es ni la primera ni la última emergencia de salud que enfrentaremos. Mis colegas científicos estiman que enfrentaremos una pandemia o emergencia de salud al menos una vez cada cinco años, a partir de aquí. Hay la posibilidad de que este sea el escenario optimista. La realidad podría ser mucho peor “.

Creo que la predicción es tanto una noticia buena como una mala. Es buena porque los científicos comienzan a darse cuenta de que la pandemia no es un evento único, sino parte de un proceso permanente de cambio. Al mismo tiempo, es mala noticia porque los científicos no tienen ni idea de qué hacer al respecto. Ofrecen soluciones dudosas para mitigar la destrucción que estas crisis causarán a la humanidad, pero no tienen idea de cómo prevenirlas, cómo revertir la triste trayectoria y ni siquiera piensan en esa dirección.

¿Estamos condenados a sufrir de aquí en adelante? No, no lo estamos. Al fortalecer nuestra solidaridad, podemos revertir la trayectoria y evitar por completo que las crisis ocurran.

En 2015, Julianne Holt-Lunstad, neurocientífica y psicóloga de renombre, de la Universidad Brigham Young, publicó un análisis extenso de la influencia del aislamiento social, de la soledad y de vivir solo, en la salud de la gente. Los resultados son notables a la luz de la pandemia de hoy. Encontró que el aislamiento social “conducía a una mayor tasa de mortalidad del veintinueve por ciento y vivir solo del treinta y dos por ciento, sin importar edad, género, ubicación o cultura del sujeto”. (The New Yorker, 23 de marzo).

En una entrevista reciente para el periódico israelí Haaretz, Holt-Lunstad dijo que ser socialmente activo “no sólo prolonga la esperanza de vida, también influye en nuestra salud de otras formas, como resistencia a virus” (traducido del hebreo).

En la entrevista, Holt-Lunstad también se refirió a un estudio de la Universidad Carnegie Mellon que encontró que gente con muchos lazos sociales sólidos, tiene mejor sistema inmunológico y más resistencia a virus del resfriado común, mientras que la gente con pocos vínculos sociales es significativamente más vulnerable. La investigadora enfatizó que, si bien no debemos desobedecer las instrucciones de las autoridades de  distancia social y uso de mascarillas, debemos hacer un esfuerzo consciente para mantener nuestros lazos sociales, aún bajo estas limitaciones.

Estas conclusiones coinciden con lo que vengo diciendo desde el comienzo del brote, pero hay más conclusiones que extraer de estos hallazgos. Creo que no debemos adoptar un enfoque pasivo, sino ser mucho más proactivos.

Los virus han existido mucho antes del brote de la COVID-19. Pudimos habernos infectado desde hace mucho tiempo, pero no sucedió porque nuestro sistema inmunológico era más fuerte.

Especialmente durante las últimas décadas, nos fuimos aislando cada vez más y nos hicimos más débiles. Este aislamiento es parte de lo que los investigadores Jean Marie Twenge y William Keith Campbell llaman “epidemia de narcisismo”. En su libro acertadamente titulado The Narcissism Epidemic: Living in the Age of Entitlement (La epidemia del narcisismo: vivir en la era de los derechos), establecen que en las últimas décadas, ha habido un crecimiento exponencial en las tendencias narcisistas entre jóvenes y población en general.

En palabras simples, nos estamos volviendo mucho más egoístas que antes, mucho más rápido que antes y, mucho más solitarios. Al hacerlo, debilitamos nuestro sistema inmunológico y nos exponemos a amenazas a la salud que antes no eran ningún riesgo. Por eso sigo diciendo que no se encontrará vacuna ni cura para el coronavirus, pues incluso si se encuentra algo contra esta plaga, otra amenaza, aún peor, la reemplazará rápidamente. Ahora, finalmente, la medicina lo corrobora.

Si queremos protegernos de los virus y de otras formas de crisis naturales, tenemos que trabajar en nuestra cohesión social, en nuestras relaciones, en nuestra solidaridad como sociedad y en nuestras comunidades. Ésta no es una suposición teórica; es una medida práctica que debemos tomar para protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos de enfermar, morir o quedar mutilados.

Cómo nos relacionamos, cómo construimos nuestras redes sociales, qué proyectamos a los demás y qué valores de la sociedad tienen un impacto real en nuestra salud. La gente bien conectada, no sólo es mucho más feliz; también es mucho más saludable.

La próxima vez que queramos tirar basura a alguien en las redes sociales o incluso a nuestros amigos, debemos pensarlo dos veces; será contraproducente para nosotros. Cuando dejemos de hacer basura, comenzaremos a construir una sociedad positiva, una que valore el cuidado y la ayuda. ¡Dejemos de ser egoístas; simplemente no paga!

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