Una Sucá de paz para el mundo

Mi nueva publicación: «Una Sucá de paz para el mundo«

Esta es una temporada de festividades judías para no olvidar. La celebración de Sucot de este año, se caracterizará por las restricciones en la forma en que se celebra, debido a la pandemia. Las tradicionales reuniones extendidas y la hospitalidad tendrán que esperar. ¿Por qué los acontecimientos se desarrollan así? Para que reflexionemos y nos demos cuenta de que nuestra situación con la pandemia no es un castigo, sino una llamada de atención para escudriñar el estado de odio y división entre nosotros. Al mantenernos físicamente separados, la naturaleza trata de revertir nuestro estado de separación y acercar nuestros corazones, para construir una verdadera Sucá de amor y unidad que cubra a la humanidad, para un buen futuro.

La fiesta de Sucot (Fiesta de los Tabernáculos) se considera una celebración alegre. Este año no hay razón para sentirnos diferente, pues se nos da una gran oportunidad para analizar el mal trato que nos damos y corregirlo. Para ello, se debe hacer un profundo examen de conciencia. Es similar a necesitar un diagnóstico preciso antes de recibir la medicina adecuada para recuperarse por completo de una enfermedad.

Estamos acostumbrados a vivir en una cómoda asociación con nuestro ego. Con toda honestidad, no podemos jugar a ser víctimas, como corderos inocentes en el matadero ni a que estamos de mala gana bajo el control de nuestras acciones egoístas hacia los demás, como si no tuviéramos voz ni libre albedrío. Nuestro comportamiento egoísta es intencional y satisface nuestros intereses egoístas, sin importar que hayan sido en detrimento de quienes nos rodean. Por eso, la naturaleza nos dice que no somos dignos de estar juntos en una Sucá común ni dar la bienvenida a nuestros Ushpizin (invitados) hasta que corrijamos la forma en que nos relacionamos. El virus nos enseña que, en nuestro mundo interdependiente, la supervivencia de la civilización está en riesgo, si no consideramos como objetivo principal la cooperación en beneficio mutuo.

Según la sabiduría de la Cabalá, la humanidad está entrando en una etapa de desarrollo llamada “La última generación“. Es un proceso de cambio gradual, en el que se debe construir una nueva sociedad, cuyo funcionamiento corresponda y se armonice con las leyes de la naturaleza. Es decir, que esté en conexión y equilibrio con la naturaleza. Esta nueva sociedad debe funcionar correctamente para alcanzar el estado de equilibrio. Este período de transición, da entrada para que la primera generación comience a sentir amor verdadero por los demás. Sin embargo, hasta que se alcance ese estado, el estado opuesto se revela ante nuestros ojos: uno de actitudes y acciones explotadoras e imprudentes. Este desagradable estado de separación se nos revela para que nos observemos y veamos el daño que causamos y pidamos a la fuerza superior que controla la realidad, ayuda para corregirnos.

Sucot simboliza el hermoso proceso de cambio interno en nuestros atributos egoístas, en el cual tomamos el “desperdicio del granero y la bodega”, elementos que representan la cualidad del amor por los demás y que nos parece que no tienen valor. Los levantamos sobre nuestra cabeza, como los atributos más preciados e importantes que existen, como un techo que nos protege del sol ardiente. Sucot es un llamado a salir de nuestro cómodo “hogar” egoísta, es decir, del amor propio y a construir una nueva estructura, una Sucá, como símbolo del nuevo mundo que podemos crear, si adquirimos las cualidades de otorgamiento y hermandad.

Por lo tanto, el verdadero significado de esta fiesta es construir una nueva realidad de comprensión y apoyo mutuos, una Sucá de paz, con la fuerza positiva que generamos en nuestra unidad. Nosotros, el pueblo judío, debemos ser ejemplo de cohesión y guiar el camino para que otros lo sigan, reunir al mundo entero bajo un gran techo de paja, donde estaremos unidos como uno. Cuando esto suceda, la morada temporal de la Sucá será el espacio común que, dentro de nuestro corazón, hacemos para los demás. Y así, aseguramos para la humanidad una vida sana y una convivencia feliz bajo un techo global.
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