Detector de odio

La siguiente etapa de la pandemia es la revelación del mal al que nos lleva el coronavirus. Entenderemos que debemos mantenernos a distancia unos de otros, de acuerdo con nuestra separación interna. Gradualmente, la conexión entre el mundo material y espiritual comenzará a manifestarse.

Por lo tanto, no creo que la pandemia termine. Aparecerán medicamentos, pero no ayudarán y si ayudan con un virus, sólo será para revelar otro, aún más peligroso.

El coronavirus nos muestra nuestra relación interna en parámetros externos: odio a alguien «por dos metros» y a alguien «por veinte». La distancia de cuarentena refleja el odio que existe entre nosotros. Tengo prohibido acercarme si no te trato bien. Tal vez incluso inventen un detector que comience a sonar si te acercas demasiado a alguien.

A esto se le llama la revelación del mal porque veo lo mal que trato a la gente y que debo corregir mi actitud. Esta será la cura para el coronavirus.

En el espacio espiritual, nuestra cercanía está determinada por la ley de similitud de cualidades. Y por eso suceden estos eventos en el mundo. Ganamos una nueva percepción de la realidad, porque puedo acercarme a ti o alejarme, según lo que piense de ti: bueno o malo. Si realmente quiero lo mejor para ti, puedo acercarme más y más. Pero sólo hasta cierto límite, ¡nada más! Siento la frontera entre nosotros.

Somos como partículas cargadas en un campo espiritual, no podemos acercarnos ni alejarnos arbitrariamente, debemos mantener equilibrio. Así comenzamos a sentirnos flotando en relación con los demás, en la medida de la igualdad de nuestras cualidades o su diferencia. La distancia cambiará a medida que cambie la actitud y todo se volverá tan obvio que nos permitirá corregirnos rápidamente y convertirnos en un hombre con un corazón.

No habrá diferencia entre nosotros, sólo un deseo común. No habrá enfermedades ni virus. El virus resultará útil pues nos trajo a este estado, a un abrazo común.

Lo principal es descubrir que necesitamos ayuda de la fuerza superior oculta en la naturaleza. Esta fuerza es la fuente de la vida, creó todas las partículas de la creación y las desarrolla hasta que alcanzan el sentido de la vida. Por eso, necesitamos la fuerza que pueda conectar más con menos en todos los niveles, para que pueda ayudarnos a nuestro nivel humano.

A nivel humano, este poder no vendrá solo, sin nuestro llamado; nos da libre albedrío. Sólo nos despierta al aparecer ante nosotros como fuerza negativa para que le pidamos que actúe positivamente entre nosotros, como se dice: «Marido y mujer, la Shejiná entre ellos». Esto es lo que debemos pedir, exigir y orar juntos.

Sólo hay una salida: corregirnos a nosotros mismos y así, nuestra buena conexión no permitirá que el virus se manifieste. Hasta que lo entendamos, el coronavirus no desaparecerá. Renacerá con diversas modificaciones y envenenará nuestra vida, hasta que nos demos cuenta de que sólo mejorando nuestras relaciones podremos neutralizar el virus.

De lo contrario, el virus pasará de los humanos a los animales y de los animales a los insectos, a unos tan pequeños que es imposible combatirlos. ¡El virus estará en todas partes! Será transportado por escarabajos, moscas y pájaros y nos obligará a tener miedo hasta de los mosquitos. Lo más importante, los productos se infectarán con él.

Puedo encerrarme en casa y convertirla en una fortaleza, pero necesito suministros dentro de esta fortaleza. Y todos los productos serán contagiosos, en cualquier tomate, pepino o botella de agua puede haber virus. Pues, todo el mundo es egoísta, es decir; todos sufriremos. Puede que no salga de la casa, pero necesito respirar e inhalaré virus junto con el aire.

¿De qué otra manera se nos puede empujar a decir: “¡Basta! Estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por el bien de la corrección».
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De Kabtv «Reunión de escritores» 22/oct/20

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