¿Dónde está la verdad?

El comportamiento humano en nuestro mundo no se puede explicar por leyes bien definidas, a diferencia de los animales, donde todo es claro y obedecen a instintos rígidos.

El hombre no tiene la división clara entre el bien y el mal; siempre hay algo en medio, que deja cierta incertidumbre. Por lo tanto, nunca podemos estar seguros de que nuestra decisión sea correcta; siempre estamos en duda, preguntas y ambigüedad.

Si el resultado fuera evidente en la marcha, tomarías un bocado de comida envenenada y te ahogarías, harías una buena acción e inmediatamente te harías famoso. Pero no podemos distinguir el bien del mal de antemano, por lo tanto, no sabemos qué hacer.

El hombre no actúa como planta ni como animal que sabe a qué acercarse y de qué huir. Los animales no necesitan laboratorios para comprobar la calidad de los alimentos, solo necesitan olerlos o lamerlos para entenderlo todo.

Las plantas saben qué es perjudicial para ellas y qué es útil, cuándo abrir y cuándo cerrar. El hombre, sin embargo, no sabe nada, nace indefenso y vive sin saber ni comprender nada. Por eso, necesita el apoyo del entorno e incluso de adulto, siempre lo atormentan las dudas.

Un animal nunca comete errores si está sano. Una persona comete errores todo el tiempo, incluso si aprende de ellos, vuelve a cometerlos al siguiente paso. Constantemente cae y se levanta, así hace correcciones. ¿Cómo pueden miles de millones de personas, cada una de las cuales comete errores de vez en cuando, conectarse entre sí en un sistema perfecto? Es obvio que esto no está en nuestro poder.

Es imposible gobernar el mundo con la verdad porque no la tenemos. Cada uno tiene su propia verdad y contradice todas las demás verdades. Aún así, la naturaleza nos presiona y nos obliga a unirnos y completarnos, incluso amarnos unos a otros para que nos sirvamos mutuamente.

¿Cómo podemos construir un sistema así? No aparecerá por sí mismo de la naturaleza; al contrario, nos separaremos cada vez más y percibiremos a los demás como enemigos. Cuando trabajemos en nuestra corrección, nos damos cuenta de lo grande que es esta tarea.

La verdad es un instinto. La naturaleza inanimada, las plantas y los animales existen de acuerdo con sus instintos, por eso, no cometen errores. El hombre no tiene instinto, es decir, un deseo interno claro que dirige sus acciones. Por eso siempre hace preguntas.

Para los animales, el instinto reemplaza a la verdad al orientarlos correctamente. Pero el humano no tiene instinto y actúa bajo su propio riesgo o confía en lo que dicen los demás, por eso, comete errores constantemente.

El país se está partiendo en dos, discutiendo sobre quién es el más adecuado para ser presidente y recibir las riendas del país. Pero en el futuro, la gente gobernará el país porque sentirá que solo la fuerza superior puede gobernar, lo que atraerá a la población. En otras palabras, el Creador gobernará, pero sólo si la gente lo invita a reinar.
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De la 3a parte de la lección diaria de Cabalá 8/11/20, Escritos de Baal HaSulam «LnovPaz en el mundo”

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