Inundación mundial: Covid-19

En todas partes, tan pronto como haya un problema, podemos entrar en el arca, el grado de Biná y escondernos. Ahí nada puede dañarnos porque el grado de Biná es como bebé en el útero de su madre, protegido por todos lados. Es el lugar más seguro.

Y después de adquirir las cualidades de Biná, podemos agregar nuestro deseo de recibir y comenzar a crecer allí. Y gradualmente, el arca se convierte en una casa en la que también está la Luz de Jojma.

Lo más seguro que puedes hacer cuando estás en una situación difícil es entrar al arca. En cualquier diluvio que ocurra en nuestra vida, grande o pequeño, necesitamos unirnos a un grupo que nos da la sensación de arca, es decir, Luz de Jasadim, donde todo es para otorgar. Así es imposible hacernos daño. La inundación puede estar rugiendo afuera, pero estamos en un lugar seguro, en el vientre de la madre, dentro del arca, dentro del superior.

Si nos refugiamos en las aguas de Biná, estamos protegidos por el grado superior. Y ahí empezamos a crecer, nos hacemos más grandes y el arca crece con el embrión. Y llega el momento de nacer, es decir, de salir del arca y seguir creciendo fuera de ella. Está escrito acerca de Noé que cuando terminó el tiempo del diluvio, pudo salir del arca y construir una nueva vida.

Pero eso sucederá más tarde, ahora estamos inundados y la humanidad debe entrar en el arca construida con buenas conexiones entre nosotros y las fuerzas de otorgamiento mutuo. Un arca así nos protegerá de todas las desgracias.

Lamentablemente, la humanidad no entrará en el arca ni sentirá la necesidad de ella sin el diluvio, sólo con golpes, problemas, miedo a ahogarse en las aguas del diluvio. La inundación es Gvura que se abre en Biná y no nos deja otra opción que escondernos de las aguas tormentosas. Sólo es posible con la conexión que crea la verdadera cualidad de Biná.

La inundación no es la verdadera Biná, sino Gvura revelada dentro de Biná. Y creamos la forma contraria, es decir, Biná construida con el poder de unidad. Así, en la decena, queremos refugiarnos de la avalancha que nos rodea. Si logramos la decena  correcta, sentiremos que ningún enemigo podrá acercarse a nosotros. Y si ocurre un evento desagradable en el grupo, es que nos olvidamos de construir el arca, que teníamos que fortalecer cada vez más. Tendremos que pasar muchos días en las aguas del diluvio hasta que podamos salir del arca.

En el arca podemos escondernos con todos nuestros deseos egoístas: inanimados, vegetales, animales y humanos y encerrarnos dentro del arca en unidad común. Aunque nos gustaría devorarnos, el arca actúa con su poder de otorgamiento.

La humanidad debe entrar al arca, es decir, cancelar su ego y querer unirse. Es la primera corrección, es decir, construimos un arca donde todas las cualidades que existen en la humanidad pueden coexistir juntas. Y el diluvio, las aguas tormentosas, son la revelación del poder del mal en el agua. A partir de todos nuestros deseos, cualidades y pensamientos, debemos construir un estado en el que todos quieran acercarse unos a otros, es decir, acepten vivir en este planeta sin ninguna hostilidad.

El coronavirus es el diluvio que nos anima a construir el arca en la Tierra, es decir, una relación que nos envuelve y protege. Todos tratan a los demás con amabilidad sin intentar comérselos. Todos entran en la misma arca y entienden que no deben hacerse daño unos a otros. Y así, todos pasamos con seguridad esta etapa, que se llama «inundación» o coronavirus.

Si hubiéramos escuchado la advertencia del Creador con anticipación y hubiéramos comenzado a construir buenas relaciones, no habríamos tenido que llegar a estados tan críticos como la pandemia del coronavirus. Y los golpes se harán cada vez más fuertes hasta que empecemos a corregir.

Si no entendemos que necesitamos construir relaciones correctas, el gobierno superior seguirá destruyendo todos los lazos entre nosotros, todos nuestros negocios. Muchos tendrán que ahogarse en las aguas del diluvio y sólo quedarán los que quieran construir el arca y refugiarse en ella, es decir, dentro del grupo donde al menos no se hagan daño entre sí.

La inundación se lleva todo lo que teníamos antes de dejarnos en la desesperación y el miedo a las fuerzas de la naturaleza. Nos deja con la única salida: construir el arca y nada más. Sacar el suelo de debajo de nuestros pies, todo nuestro fundamento, nos priva de la oportunidad de existir sin alimento material ni espiritual. La fuerza superior, que generalmente trae bondad, de repente trae el diluvio sobre nosotros porque somos opuestos a su bondad. Quiere ahogarnos.

Por lo tanto, todos entramos al arca y debemos permanecer allí por un tiempo, como feto en las aguas de la madre, hasta que crezcamos allí lo suficiente como para poder existir fuera del arca.
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De la 3a parte de la lección diaria de Cabalá 4/nov/20, «Noé»

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