¿Cómo encender la luz del Creador?

¿Cómo podemos encender la luz, es decir, revelar al Creador? Para hacerlo, necesitamos tres componentes contradictorios: un frasco de aceite, una mecha y fuego. Sin embargo, ¿cómo podemos juntarlos si el aceite en sí no se quema, la mecha tampoco se quema y ​​ni el aceite ni la mecha seca pueden sostener el fuego?

El fuego arde sólo si la mecha es contraria al aceite y lo absorbe. No queremos recibir trabajo espiritual, pero, nos vemos obligados a hacerlo y absorbemos cualidades espirituales de él -en contra de nuestro deseo- y nos inspiramos con la importancia de otorgar, con auto-anulación y con amor a los amigos, como la mecha que absorbe aceite.

Esto es lo que sucede, lo queramos o no -otro congreso, otra lección, lectura de artículos, reunión con amigos- una y otra vez absorbemos el aceite en la mecha, a pesar de que lo consideramos un trabajo inútil. No quiero este trabajo, sólo sueño con recompensas, con descubrir, con aprender todo, controlarlo todo y sentirlo todo, como lo imagina mi ego.

Pero no tengo elección y realizo acciones que me permiten absorber aceite, como una mecha. Aún estoy impregnado del material que da la sabiduría de la Cabalá y al final recibiré suficiente material, me conectaré con mis amigos y nuestra luz se encenderá.

Así, veré los verdaderos resultados de este proceso, revelo al Creador dentro de los seres creados y nos trae un nuevo estado, fe por encima de la razón, que se llama Janucá, un alto en la mitad del camino.

Nuestra vida está hecha de contradicciones, porque, de otra forma, no distinguiríamos la oscuridad de la luz. Seríamos como animales que no sienten su “yo”, no se sienten a sí mismos. Para entender qué es el hombre, es necesario elevarse a un nivel más alto y estudiarlo desde allí.

La mecha es lo que he descuidado en el trabajo espiritual, todo lo que resisto. Tengo resistencia al aceite, pero trato de juntar el aceite y la mecha y llego a la luz. Empiezo a comprender lo que me sucede.

Si el aceite y la mecha se queman, cuando no queda nada por quemar, llega la oscuridad. Lo mismo ocurre con el hombre cuando agotó su esfuerzo y su ardor, pierde luz y vuelve a la oscuridad. Si quiere mantener la luz, debe hacer un esfuerzo extra, que se llama mecha y agregar su ardor, que se llama aceite, porque es todo lo que necesita la luz para encender y subir.

Después de superarse, el hombre es recompensado con recibir la luz del Creador que ilumina su alma, se llama luz de Janucá, es decir, luz de la providencia superior, absolutamente buena.

En la medida en que el hombre puede sacrificar su ego en aras de la conexión en un grupo que quiere avanzar hacia el propósito de la creación, fabrica una mecha que absorbe aceite de sí mismo y del grupo. Inicialmente, nadie lo quiere y lo considera despreciable, pero como estamos conectados, hacemos una mecha de nosotros mismos, juntando todos los hilos en un paquete grueso.

Un hilo no puede absorber aceite, pero cuando diez hilos están juntos, entre ellos hay un espacio vacío que succiona el aceite. El aceite sube por la mecha y podemos encenderlo en el borde mismo de la mecha.

No queremos este trabajo, pero estamos de acuerdo en conectarnos y dejar que el aceite suba en nosotros, sobre nuestros hilos retorcidos. El aceite sube, no a través de los hilos mismos, sino a través de los espacios entre ellos, a través de la conexión de los amigos Si los amigos intentan conectarse a pesar de sus diferencias y están juntos, el aceite comienza a subir entre ellos y el Creador enciende la vela, es decir, comienza a revelarse.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 15/dic/20, «Janucá»

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