Janucá: esforzarse por la unidad

Pregunta: En el siglo II AC, los griegos, liderados por Antíoco IV, capturaron el Templo. Los judíos se dividieron en; judíos helenizados, que apoyaban a los griegos seléucidas y judíos ortodoxos dirigidos por los macabeos. Los macabeos lideraron el levantamiento y expulsaron a los seléucidas del templo que había sido capturado y profanado. Cuando los macabeos entraron en el templo, vieron que el aceite puro, para las velas de la Menorá, solo podía durar un día. Pero sucedió un milagro, el aceite duró ocho días. Estos son hechos históricos, que ocurrieron hace más de 2,000 años, ¿Qué significan desde el punto de vista de Cabalá?

Respuesta: Después de salir de Egipto, el pueblo de Israel recibió el método de conexión (garantía mutua, Arvut), se desarrolló durante 40 años de viaje por el desierto. Gradualmente, se unieron cada vez más, según el método recibido de Jetro, el padre de la esposa de Moisés. Jetro no era judío, ni tampoco su hija, pero como dice la Torá, se unieron totalmente a ellos.

El término Torá viene de la palabra «luz» (Ohr). La luz de la Torá, que el hombre recibe de arriba, es necesaria para unir a la gente y convertirla en un todo.

A pesar de que son egoístamente distantes, opuestos y cada uno quiere gobernar a los demás, con la ayuda del entorno adecuado y de la luz superior, todos se subyugan a la sociedad y se aseguran de que todos buscan el centro de la sociedad y se unen.

Esto es lo que hicieron los judíos durante 40 años en el desierto. Cuando alcanzaron el estado de unidad, el desierto se convirtió en tierra fértil, se llamó Tierra de Israel. «Tierra – Eretz» viene de la palabra «deseo – Ratzon«. Es decir, su deseo floreció y dio frutos.

Construyeron el Templo, fue el resultado del esfuerzo y surgió de su conexión. El Templo no es algo material, no es piedras y madera, sino la conexión de sus deseos.

Vivieron, lucharon, se reconciliaron y eligieron constantemente nuevas condiciones de conexión. Cambiaban porque constantemente surgían nuevos deseos egoístas. Por eso, tenían que atraer cada vez más la luz superior llamada Torá, para unirse y avanzar.

Pero no pudieron sostenerla y durante algún tiempo cayeron en la esclavitud del ego llamado exilio babilónico de la época de Nabucodonosor. Luego, con la ayuda de la reina Ester, salieron del exilio y nuevamente habitaron la Tierra de Israel, es decir, el deseo de unirse y conectarse con el Creador.

Avanzaron hasta que llegaron al estado de construir el Segundo Templo, se unieron en una vasija común en la que alcanzaron al Creador. Pero no duró mucho porque una vez más creció un ego desgarrador entre ellos. Así se destruyó el Segundo Templo, se rompió la vasija común, el deseo e intención de amarse y revelar al Creador.

Fue en este momento en el que el rabí Akiva pidió a los judíos que se unieran y gritó que se debe amar al prójimo como a uno mismo», pero ya no pudieron escucharlo. Este es el estado en el que se encuentra ahora el pueblo de Israel, gente que, por un lado, entiende que es necesario unirse y por otro, no logran imponerse la unidad.
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De Kabtv «Estados espirituales» 16/dic/19

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