Afina las cuerdas de tu alma

“El amor cubrirá todas las transgresiones” no es solo una frase hermosa, sino un medio para lograr amar al Creador. Recibimos un alma rota y esta ruptura se estará revelando hasta el final de la corrección, durante todo el ascenso espiritual. Cada vez debemos luchar por la unidad, por la conexión devota, hasta el amor.

Por eso, revelaremos constantemente las líneas izquierda y derecha una contra la otra y subimos los escalones del odio y el amor. El Creador rompió la vasija, precisamente para darnos la oportunidad de ascender los escalones de la unidad, cada vez más alto.

El grupo debe cumplir la condición: “El amor cubrirá todas las transgresiones”, es decir, revelar los pecados y el odio, corregir todas nuestras brechas y sanarlas con amor. El amor es una interconexión en la que nadie se siente a sí mismo, sino a todos juntos.

Así construimos las etapas de una conexión cada vez más poderosa, hasta que en ellas, como resultado de nuestro esfuerzo, comienza a desplegarse la cualidad de la unidad, que se llama el Creador. No hay otra forma de acercarse al Creador.

Trabajamos en la decena, tratamos de conectarnos y revelar falta de deseo, odio y rechazo, peleamos, pero nos elevamos por encima de la lucha, para abrazarnos de nuevo. Y así aceleramos el camino.

Esta ley aplica no sólo en la decena, también en la vida cotidiana, entre gente y países, entre niños y adultos, en las relaciones familiares. Si queremos llegar a la conexión, también debemos identificar brechas, separaciones y contradicciones.

Pero en todo necesitas ver el objetivo futuro, es decir, entender por qué lo hacemos. En cualquier pequeño cambio en nuestra vida, siempre debemos pasar de la oscuridad a la luz, de la noche al día y sucede igual en nuestra relación con el Creador.

La participación en la decena es necesaria para revelar nuestras conexiones: el odio y el amor, cada vez más fuertes y profundos y el contraste de la oscuridad y la luz para revelar al Creador como la ventaja de la luz sobre la oscuridad.

Es como una vocecita que no podemos escuchar. Aún estamos en un mar de sonidos, pero no los distinguimos. Necesitamos alcanzar sensibilidad para escucharlos, para reconocer que el Creador está entre nosotros, a veces escondido, a veces revelando, en diferentes formas. Y esto sólo es posible si construimos conexiones entre los amigos en la decena y mostramos todos los matices del contraste entre la ruptura y la conexión.

Además, no requiere manifestaciones externas ni una explosión de odio ni emociones. Todo debe estar dentro, expresado en la sutileza de las sensaciones. Debemos volvernos cada vez más sensibles porque queremos revelar al Creador escondido entre nosotros.

El Creador se esconde porque no tenemos suficientes herramientas precisas y sutiles que puedan sentirlo. Mientras más profundo penetremos en todas las sutilezas de la transición de la ruptura a la conexión, sentiremos toda la diferencia entre ellas, en estos bordes comenzaremos a sentir al Creador.

Un maestro en su oficio, es el que es sensible a los detalles más pequeños, el que agudiza su sensibilidad. El ojo externo no nota nada, pero para el especialista, cada pequeño detalle se vuelve esencial y le muestra lo que sucede.

Carecemos precisamente de esa sensibilidad. El Creador está entre nosotros, pero no tenemos los sentidos adecuados. Nuestro deseo de disfrutar es muy áspero y está en el grado más bajo de las sensaciones de este mundo. También necesitamos aprender a sentir sutilmente todo lo que sucede en el amigo. Habiéndome preparado para esa relación con mis amigos, comienzo a revelar mi relación con el Creador en ellos.

Nuestras relaciones son como cuerdas afinadas, ahora en tono menor, ahora en tono mayor, es decir, en distancia y conexión, en todo tipo de estados. Así nos habla el Creador porque es Él quien nos rompió y separó y también nos ayuda a conectarnos.

Lo sentimos jugando con nuestras cuerdas, con los hilos de conexión que hay entre nosotros, juega con nuestras relaciones. Así lo revelamos y averiguamos lo que quiere decirnos, también le tocamos nuestra propia melodía, un himno de unidad, amor y deseo. Y así estamos cada vez más en sintonía con la revelación del Creador, a su creación.

Desde nuestro acercamiento y distancia, desde todos los estados posibles, tres líneas y conexiones, como Sefirot espirituales, aprendemos cada vez mejor el lenguaje del Creador, entendemos lo que Él nos dice y sabemos responderle. Toda la conexión con el Creador está en nuestra conexión. Por eso, quien no está en una decena no tiene oportunidad de revelar al Creador; esta es la condición de la última generación.

En nuestro tiempo, el Kli general está siendo corregido, por eso se nos llama la última generación. Necesitamos corregir decena por decena y unirlas. Pero antes, necesitamos afinar cada cuerda como con el violín o la guitarra, para que estén afinadas y todas juntas afinadas con el Creador.

Ese es el trabajo espiritual en decena, conectar con el Creador, darle un lugar para mostrarse y jugar con nosotros. Y podremos tocarle una canción de gratitud, un himno a su gloria.
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De la lección diaria de Cabalá, 16/ene/21

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