El milagro del nacimiento de una nueva vida

Concepción, embarazo y nacimiento son los elementos principales de cualquier proceso de desarrollo. Incluso en los procesos materiales, hay mucho que se desconoce, se oculta y está fuera de nuestro control.

Es difícil entender las sutilezas del mecanismo de este trabajo y más aún controlarlo y conocer su motor interno. Por supuesto, la concepción pertenece al poder del Creador.

El nacimiento del cuerpo del hombre pertenece a la etapa animal y el nacimiento a nivel humano es el nacimiento espiritual. Hablamos del individuo en nuestro mundo que nace gracias a su propio esfuerzo y a procesos controlados desde arriba por el Creador, por la fuerza superior, por el sistema superior. Gracias a esto, podrá llamarse humano, Adam, es decir, similar al sistema superior que lo desarrolla, el Creador.

Creemos que hay cierto misterio en la forma en la que una nueva vida se desarrolla repentinamente a partir de una célula. Implica una fuerza desconocida que le da a la célula impulso para desarrollarse. También lo experimentamos en nuestra vida corporal ordinaria y percibimos el embarazo y el nacimiento como un milagro.

En espiritualidad es aún más milagroso. Lo más difícil es entrar por primera vez al mundo espiritual, es decir, a la sensación de las fuerzas espirituales que actúan sobre el hombre. Siente que su alma comienza a desarrollarse desde un punto y se conecta con las fuerzas que actúan sobre él. Es el inicio del alma, la concepción espiritual de una gota de semen espiritual.

Se necesitan muchos años para alcanzar esa concepción espiritual, para establecer la conexión entre la fuerza superior y las fuerzas del hombre. Cuando por primera vez, hay este contacto sensorial, su primera conexión con la fuerza superior, el Creador, cambia radicalmente su actitud.

Comienza a ver que él mismo y el Creador son socios y comprende que en el momento en que esté dispuesta a anularse totalmente podrá comenzar una nueva vida. Su actitud hacia la vida, hacia sí mismo y hacia el Creador cambia.

Antes, todo surge de su deseo egoísta natural. Ahora se siente dispuesto a romper con su ego, comprende, tiene la fuerza necesaria y puede imaginarse a sí mismo existiendo fuera de su ego y actuar en aras del otorgamiento. Es decir, quiere actuar en bien del Creador sin ningún beneficio personal en ese momento.

Este desapego del deseo de recibir es uno de los componentes del proceso de concepción y del nacimiento en el mundo espiritual.

Todas las acciones que conducen al nacimiento espiritual se pueden hacer sólo en grupo y a través de él, recibir la fuerza de arriba, del Creador. El Creador está dentro del grupo. En la medida en la que estás dispuesto a someterte a ella, recibes la fuerza de otorgamiento que te ayuda a convertirte en hombre. De otra forma, seguirás siendo una gota muerta de semen que aún no comienza a desarrollarse.

Todas las fuerzas del desarrollo pasan por el grupo, por la decena. Por eso, sólo si sabes unir a la decena, unirte y ser incluido en ella, puedes hablar del nacimiento espiritual.
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De la lección diaria de Cabalá 11/ene/21, «Ibur (concepción) y preparación para el nacimiento»

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