Independiente del bien y del mal

¿Por qué creó el Creador el ego, la inclinación al mal? ¿no pudo habernos creado semejantes a Él, en la cualidad de otorgamiento? Aunque, si sólo existiéramos en la cualidad de otorgamiento, no seríamos seres creados.

Aunque ni ahora que existimos sólo en recepción, se nos considera seres creados. Es imposible existir como criatura independiente en un solo deseo.

La creación está fuera del Creador, es opuesta a Él. Por eso, debe construirse a partir de los opuestos: oscuridad y luz, orgullo y sumisión.

Está escrito que “Cualquiera que es más grande que su amigo, su inclinación es mayor que la suya” y al vencerla, construye una buena inclinación por encima de ella. Un momento después, la inclinación al mal vuelve a despertar y debe pedir ayuda desde arriba para superarla y construir la inclinación al bien. Así, el hombre se construye a sí mismo, revela y supera constantemente su ego.

Si el hombre no tiene dos inclinaciones, la mala y la buena, aún no es hombre espiritual. La espiritualidad comienza cuando se revela el mal dentro de uno mismo y se descubre que es la naturaleza de la creación creada por el Creador y sólo falta la fuerza del bien que da el Creador, para que «el amor cubra todas las transgresiones».

Si no hubiera maldad, no habría nada por encima de lo cual construir el bien, para establecer al Creador como gobernante de toda la creación. Por eso, hay un motor interno en la naturaleza que constantemente revela problemas, maldad, nuestro ego, nuestra oposición al Creador, desconexión y odio hacia los demás. Pero, por encima, nos dirigimos al Creador, le pedimos fuerza de sumisión, conexión, amor y así flotamos entre estas dos fuerzas.

La oscuridad no puede existir sin luz ni la luz sin oscuridad. El estado espiritual debe incluir ambas fuerzas, oscuridad y luz, de modo que podamos preferir adhesión y conexión, llamada luz, a desconexión y distanciamiento, llamada oscuridad.

Por eso, es bueno si estamos de mal humor, quiere decir que lo recibimos del Creador para corregirlo y convertirlo en bueno. Si no tenemos ningún deseo por espiritualidad, tampoco es malo; significa que debemos pedir fuerza de arriba para conectarnos. Debemos estar constantemente preocupados por completar los opuestos, percibir por igual lo bueno y lo malo y mantenernos en la línea media.

Si no hay oscuridad ni luz, no puedo estar en el medio en forma de hombre, Adam. Pues, el hombre está formado siempre por dos formas opuestas. Por lo tanto, debe tener bien y mal, luz y oscuridad, en todas las variaciones posibles. En medio construyo la línea media, la actitud correcta, el equilibrio correcto y existo exactamente en el punto de este equilibrio.

Si invito estados malos, oscuridad, para equilibrarlos con la luz, es como si controlara mi caballo con ambas riendas al ir hacia la meta. No hay tinieblas dañinas. Todo depende de mi preparación, de que yo mismo despierto la oscuridad para revelar la luz con su ayuda.

Si tengo una mesa puesta frente a mí, estoy feliz de tener hambre, tener apetito y poder apreciar la comida. Por tanto, lo que necesitamos es encontrar la falta, la necesidad de luz y la descubriremos.

Sumisión no es borrar nuestro ego. El ego permanece, pero encima de él, construimos las cualidades opuestas, el Partzuf espiritual, la capacidad de trabajar con el deseo de recibir para otorgar. Con la restricción, la pantalla y la luz reflejada, el deseo puede revelar la luz, precisamente porque es opuesta.

Por ejemplo, si despierto de mal humor, debería estar feliz porque esta es la forma correcta de despertar. Así revelo una nueva etapa, una nueva hora, el próximo minuto, como falta, como oscuridad. En la forma en que defino la oscuridad, avanzo.

La esencia del deseo egoísta es el orgullo. Debo reasignarlo al Creador, como está escrito: «Y su corazón estaba en alto en los caminos del Señor». El orgullo propio se despierta en mí y lo asigno al propósito de la creación, complementar la fuerza negativa con una positiva. Las fuerzas del mal y las fuerzas del bien son iguales, pero prefiero la fuerza de otorgamiento a la fuerza de recepción.

Sin embargo, no cancelo la línea izquierda porque me ayuda a destacar y aumentar aún más la línea derecha. La oscuridad es necesaria para que la luz se pueda ver más claramente.

Por lo tanto, me alegra ver que el orgullo despierta en mí. Quiere decir que tengo un lugar de trabajo para equilibrar las dos inclinaciones opuestas y revelar al Creador entre ellas. Pues, todo se revela como el contraste de opuestos. Por eso, el orgullo y el deseo de gobernar son los requisitos previos correctos para el ascenso espiritual.

Lo más importante es construirme como un experto incorrupto, independiente del bien y del mal y elevar en mí la imagen del Creador, a partir de esas dos fuerzas dadas desde arriba. Limito mi deseo de recibir, le pongo una pantalla y la convierto en fuerza otorgadora, en luz.

Así, de la oscuridad creada por el Creador como una huella de luz negativa e inversa, regreso al original, a lo positivo, construyo en mí la imagen del Creador y así, me llamo hombre, Adam.

Cada uno debe ser su propio psicólogo, como si fuera extraño, relacionarse consigo mismo, como médico con el paciente. No soy «yo», sino lo que construyo a partir de mí mismo. Si lo hago así, iré hacia la línea media.

Lo principal es acostumbrarnos a percibir los estados negativos como preparación desde arriba para las relaciones positivas que necesitamos imaginar y pedir al Creador que las dé vida. El bien y el mal sólo pueden equilibrarse con la línea media. No sabemos qué es, pero al ir hacia el Creador, podemos cubrir todas las transgresiones con amor. Lo único que se requiere es la respuesta correcta al despertar recibido desde arriba.

Si cada uno en la decena intenta anularse ante su centro, revelaremos muy rápidamente la fuerza superior que nos despierta en el centro de la decena.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 30/dic/20, «Anulación y sometimiento»

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