La evolución del mundo es nuestro desarrollo interior

Hay una aclaración muy importante para la percepción materialista moderna de la realidad, según la cual el mundo es el resultado de la evolución, el desarrollo gradual de la materia desde el átomo. Así piensa el hombre moderno a partir de los logros científicos del siglo XX.

Pero El estudio de las diez Sefirot explica que la realidad fue creada por un pensamiento, que continúa operando. «En esencia, este pensamiento es la causa, la acción, la recompensa esperada y la esencia de todo esfuerzo».

Es decir, todo fue creado en un instante por el deseo del Creador que es perfecto, no se divide en partes y no crea nada incompleto. No hay una evolución gradual a lo largo de la cadena de causa y efecto con respecto al Creador.

La evolución se revela sólo en relación con nosotros, es una manifestación de Su percepción, Su imagen, Su realidad, que es absolutamente perfecta y nunca necesitó formarse ni establecerse ni progresar de un estado intermedio a uno final. Todo esto sucede sólo en relación con la creación.

La actitud correcta ante la realidad debe ser que todo ya fue creado y no haya un solo detalle incompleto desde el inicio de la creación hasta la corrección final. Todo existe como una realidad perfecta, que es el Creador mismo. Sólo quiere que las criaturas lo revelen en un proceso independiente de comprensión.

En la medida de sus habilidades y deseos, las creaciones pasarán por este camino de desarrollo espiritual e interno. Pero al final, revelamos la realidad ya existente, como se dice: «Y comerás lo que se guardó por mucho tiempo» Por eso, debemos cambiar nuestra percepción puramente materialista de la realidad, según la cual el mundo está en proceso de libre desarrollo e imagínalo como el sistema de Adam HaRishon -lo único que existe. Todo está incluido en este sistema del alma común. Su ruptura, ocultamiento y revelación gradual, ocurre sólo en relación con la persona que lo alcanza.

Pero de hecho, fuera del hombre, sólo hay luz infinita que existe en absoluta perfección, no sujeta a ningún cambio.

La diferencia está en mi percepción de la realidad: ¿me siento sólo a mí mismo como parte del mundo y es una imagen ilusoria que inventé o siento todo el sistema de la creación, que es la existencia de un poder  superior, el Creador, que lo incluye todo—TODO—es decir, el Creador o el sistema del alma común de Adam. Cuando percibimos al Creador y logramos Su revelación, se nos llama hombre, Adam, es decir, (Edomeh) como la fuerza superior.

La gente (hijos de Adam) son las partes de la creación que quieren revelar la forma perfecta, el sistema general en el que se revela el Creador.

Si no nos percibimos a nosotros mismos como parte del sistema general de Adam, no tenemos conexión con el mundo espiritual, con el Creador. Por tanto, el correcto desarrollo comienza por existir constantemente en el sistema general como una esfera integral y cerrada junto a la cual no existe nada.

Esta percepción de la realidad determina toda la diferencia entre lo material y lo espiritual. ¿Creemos que la realidad se está desarrollando o que se revela una realidad ya existente? Esta es una diferencia muy grande porque en el primer caso, percibimos una realidad imperfecta que evoluciona gradualmente.

Y en el segundo caso, la realidad se nos revela gradualmente y la llamamos el proceso de evolución. Pero esta evolución es la revelación de una realidad existente genuina, inmutable, creada instantáneamente a pedido del Creador, como se dice: “Se creó un pensamiento y se creó el universo entero, que es la causa y la acción, y se esperaba recompensa y la esencia de todo esfuerzo”, es decir, lo incluye absolutamente todo.

Esta realidad ya existe y sólo se nos manifiesta en la medida de nuestros esfuerzos por revelarla, es decir, en la medida de la semejanza de nuestras propiedades. La diferencia entre la percepción del mundo egoísta y verdadera, es la forma en la que sentimos esta realidad. Si quiero determinar mi propio desarrollo espiritual, debo decir que todo depende de mí, de mis esfuerzos correctos. Por tanto, la evolución es mi desarrollo interno.

Y en esencia, no desarrollo, sólo desbloqueo las fuerzas dentro de mí, las herramientas para revelar la realidad ya existente. Ésta es la diferencia entre la percepción individualista, engañosa, egoísta y la percepción general, verdadera y espiritual.

Si percibimos la realidad como completa y perfecta, resulta que depende únicamente de nuestros esfuerzos por unirnos para alcanzar esta perfección. Y luego revelaremos la realidad en la que existimos y veremos un mundo nuevo.

Si percibimos la realidad como completa y perfecta, resulta que depende únicamente de nuestros esfuerzos por unirnos para alcanzar esta perfección. Y luego revelaremos la realidad en la que existimos y veremos un mundo nuevo. Esto nos permite encontrarnos dentro de un gran sistema social donde todo está interconectado y en unidad.

Si en la conexión entre nosotros creamos nuevos órganos sensoriales para la percepción de la realidad, pasa de oculta a revelada.
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De la 1st parte  de la  Lección diaria de Cabalá 23/12/20, «Yo habito entre mi pueblo»

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