La envidia es la maquinaria para lograr el alcance

Es posible crecer de forma natural debido al crecimiento del deseo egoísta inherente en nosotros. Crecemos simplemente como un animal. Y es posible crecer bajo la influencia del entorno cuando envidiamos a otros y queremos adoptar sus cualidades y aspiraciones. 

La diferencia es que crecemos en el interior del sistema al ser incluido en el entorno. De esta manera, corregimos el sistema de Adam HaRishón, logramos conexión universal y llevamos todo hacia un solo sistema. 

Resulta que el desarrollo del hombre debido a la envidia, es sistemático y correcto y lleva hacia la corrección. Necesitamos desarrollar la envidia correcta y ser felices de que nuestros amigos son superiores a nosotros, porque entonces tenemos algo que aprender de ellos, algo qué envidiar y algo de qué tomar ejemplo. . 

Por lo tanto, todos querrán estar en un entorno más importante y poderoso. Uno querrá ver grandes personas a su alrededor, no débiles. Si se considera pequeño, podrá obtener más de los grandes y así crecer. La envidia es una fuente de fortaleza, motivación y las cualidades necesarias para lograr la meta de la creación. 

Obtenemos todo del entorno, por eso, la influencia del entorno sobre el hombre que está dispuesta a exponerse a esta influencia es la clave y garantía para un avance apropiado. 

La envidia es la maquinaria para el alcance de la creación, para el entendimiento del sistema de Adam HaRishón al cual todos estamos obligados a conectarnos. Por lo tanto, la envidia debe ser considerada la base del desarrollo. Si privas a una persona de la envidia, permanecerá como un animal. La envidia le permite llegar al nivel humano, el nivel de Adam, similar al Creador. 

Siempre que  usemos la habilidad de envidiar correctamente y estemos en el entorno que promueve el desarrollo de la envidia, hasta ese grado podremos elevarnos hacia un nivel más elevado. Todo depende de esta cualidad, si seré sólo un animal o un hombre similar al Creador que alcanza el bien y el mal y revelado todo el universo. 

Debemos siempre buscar de dónde podemos obtener deseos adicionales, a quién queremos envidiar. De quién queremos tomar un ejemplo, a expensas de qué fuerzas avanzamos hacia la meta de la creación y de dónde podemos obtenerlas. Así nos volvemos más y más apegados a nuestra decena, sin la cual no tengo oportunidad de avanzar ni de acercarme a la meta correcta. 

Mientras me aferro al grupo, comienzo a ver el propósito de la vida, su esencia y en última instancia, al Creador. 

Antes que nada, tengo que ver en la decena el sistema de Adam HaRishón porque no hay nada más y lo demás son sólo detalles menores. Y si doy más y más importancia a nuestra conexión, comienzo a ver el sistema completo a través de ella. 

Ya no veo a mis amigos sino a un sistema diseñado de tal manera que con la actitud correcta, revela al Creador para mí. En lugar de mi decena, revelo el sistema espiritual. 

La envidia de mis amigos me vincula con ellos, nos hace más cercanos y adecuados el uno para el otro. Nos conectamos en un sistema porque cada uno aprende de los otros. Observo al amigo y quiero adquirir sus cualidades. Construyo en mí una cualidad que tiene mi amigo y algo común aparece entre nosotros nos ayuda a conectarnos. 

Y otro amigo me observa, envidia habilidades mías que él no tiene y a causa de esta envidia, forma las mismas cualidades en sí mismo Además tenemos algo en común y nos conectamos. 

Resulta que debido a la envidia construimos conexiones, sinapsis que conectan a todos con los demás. Cada uno recibe diez Sefirot individuales con las cuales nos comunicamos mutuamente. De esta manera, una persona construye un sistema y se involucra en todos, comienza a sentir a todos desde el interior, y así alcanza el mundo nuevo, el mundo espiritual.
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De la lección diaria de Cabalá 16/feb/21, “Envidia”

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