Preparación para la obra del Creador

Para construir una vasija espiritual, necesitamos recolectar sus fragmentos rotos y conectarlos en una sola alma. Al aumentar esta conexión, nos acercamos cada vez más a la forma del Creador que aparecerá tanto en cantidad como en calidad dentro de nosotros.

Este es el trabajo real y no hay nada más. La luz superior está en reposo completo, solo falta la vasija.

La vasija no existe en el hombre, se crea hasta que estamos incluidos unos en otros y tratamos de reparar todas las grietas entre nosotros para llegar a ser lo más similar posible al Creador.

El restablecimiento de la vasija rota en un solo cuerpo, uniendo a él todos sus órganos, fuerza y ​​cualidades espirituales se llama resurrección de los muertos. Sólo es posible con nuestra integración. Así, ensamblamos la imagen del Creador, Sus cualidades, como está escrito «Tú me hiciste».

Y comprendemos más claramente que no hay en nosotros una sola propiedad, deseo o intención adecuada y prefabricada que pueda usarse para esta estructura. No podemos usar ningún deseo, pensamiento, intención o cualidad que tengamos porque no hay nada perfecto ni correcto ni roto en ninguno de nosotros.

Somos resultado de la ruptura total y final, arreglada por el Creador y sólo con conexión e integración entre nosotros podemos encontrar vasijas adecuadas para la corrección. Cuando tratamos de conectarnos con nuestros deseos, intenciones y pensamientos, vemos que no podemos lograrlo, así revelamos que sólo si el Creador se vuelve nuestro socio puede hacer este trabajo.

Aquí es cuando realmente necesitamos al Creador y no sólo empezar a llorar. El Creador debe terminar por nosotros el trabajo que comenzamos. Después de habernos esforzado y descubierto el lugar de su obra, reconocemos que no podemos integrarnos por nosotros mismos y que necesitamos la ayuda del Creador, sentimos una deficiencia real del Creador y acudimos a Él.

Y el Creador, actuando desde el estado de corrección final, une nuestras grietas, que parecían equivocadas y no preparadas y nos dirige hacia la integración y la unidad. Él hace de nosotros un Kli en el que Él puede revelarse, tanto como el que hace el trabajo, como el que nos muestra la esencia de la unidad, que es Él mismo.

Por eso, no hay necesidad de arrepentirnos ni de avergonzarnos de que no sólo no tenemos la cualidad correcta, sino que, incluso está rota. Incluso las cualidades rotas aún las debemos recopilar, extraerlas de nuestra conexión. Sólo así comprendemos que somos incapaces de conectarnos y más aún de integrarnos unos con otros y que todo esto es obra del Creador.

Debemos hacer correcciones y conectar todas las grietas. Nuestro único trabajo es pedir, exigir, suplicar. Esta es nuestra asociación correcta. El Creador sólo necesita nuestro deseo de conectarnos en un todo, para revelarlo como una sola fuerza. Este es nuestro trabajo, nuestra oración y nuestro estado final.

Por eso, no es gran cosa que trabajando en la decena no veamos cualidades adecuadas en nosotros y no podamos imaginar el lugar exacto de trabajo. Así debe ser, les pasa a todos. Sólo tenemos que buscar la oportunidad de alcanzar esta integración y el Creador lo hará realidad.

No entendemos la forma de esa integración; nuestra tarea es sólo hacer todos los preparativos necesarios y el Creador terminará el trabajo por nosotros, nos hará un Kli perfecto. La luz que necesita vestirse en la vasija también hará la corrección, como está escrito: «Yo soy el primero y yo soy el último». Todo lo hace el Creador.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 2/feb/21, «Hitkalelut / Inclusión»

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