El ego envenena nuestra vida

En nuestr115.06o camino, todos tenemos que pasar por dos etapas, la primera es el exilio de la espiritualidad. Esta etapa es muy larga porque primero se desarrolla la naturaleza inanimada, vegetal y animal.

Luego aparece el humano que también tiene que pasar por cuatro niveles de desarrollo: inanimado, vegetal, animal y hablante dentro del humano, hasta que se da cuenta de que está bajo el control del deseo de recibir para sí mismo. El ego nos mantiene en esclavitud, nos impide ser libres. Por eso, el ser humano mismo define su estado como exiliado de la fuerza de otorgamiento, la fuerza de amor y conexión.

A lo largo de la historia, sólo unos pocos han llegado a esa conclusión, pero en nuestro tiempo entramos en el período llamado «última generación», cuando la naturaleza empuja a la humanidad a revelar que estamos en el exilio del deseo de otorgar, del amor mutuo.

El ego nos retiene en esta terrible esclavitud. Cuando nos demos cuenta, entenderemos que sólo hay una salida: gritar, pedir, exigir con toda nuestra fuerza, a la fuerza superior, que nos puso en este exilio, que nos lleve a la libertad. La diferencia entre exilio y redención es una letra «Aleph – א», que simboliza la revelación de la fuerza superior, el Creador, en nuestro mundo.

Si el Creador se revela en nuestra vida, sentiremos que salimos del exilio, fuera del control de nuestro ego, que ya no nos encierra en el rincón oscuro de toda la vasta realidad. Por eso, lo más importante, es darnos cuenta de que somos esclavos del ego, de nuestro faraón, que trabajamos para él con devoción y amor y obedientemente cumplimos todos sus caprichos. No nos separamos de él, somos solidarios con él. Hasta que comenzamos a recibir golpes por nuestra asociación con el ego, reconocemos que se preocupa sólo por su bien y no por nuestro beneficio.

Esta revelación viene de una iluminación especial desde arriba, del Creador, que despierta en nosotros la sensación de que hay otro gobierno en el mundo, no sólo el de este terrible egoísmo. Hay otro gobierno en el mundo el de la fuerza de conexión y amor.

Ahora nos sentimos entre estas dos fuerzas que luchan entre sí y queremos pertenecer a la fuerza del amor, la fuerza del bien. La fuerza maligna que nos controla es egoísta y no está relacionada con la fuerza superior. Resulta que, en lugar de disfrutar de nuestro ego ya lo percibimos como malvado y le pedimos al Creador que nos saque del control de esa fuerza del mal.

Así, gradualmente, nos liberamos de la esclavitud del ego, salimos de Egipto, salimos del control del faraón, de la inclinación al mal y buscamos el control de la buena fuerza de otorgamiento y amor. Siempre estamos bajo el control de una de estas dos fuerzas, de lo contrario es imposible. Si una sube, la otra cae.

Por eso, viendo el proceso histórico por el que ha atravesado la humanidad, podemos decir que todo es llamado exilio egipcio. Desde el principio de la creación, ni siquiera había un ser humano, pero el deseo de recibir ya dominaba el mundo. Aunque no había nadie que lo identificara ni quisiera cambiar su dominio.

Cuando el hombre descubre el control del ego sobre él, trata de escapar y entra en la siguiente etapa, ya fuera de Egipto, en la tierra de Israel.

No hay nada más que estos dos estados: Egipto o la tierra de Israel y ahora estamos justo en la frontera entre ambos deseos. Esperemos que muy rápido descubramos el control de la inclinación al mal sobre nosotros y que no queramos permanecer ahí, que entendamos que el ego es malvado y así pasaremos al control del buen deseo.

Sólo hay dos estados en la historia: Egipto e Israel. Hasta hoy, la humanidad ha existido en Egipto con excepción de individuos seleccionados, los cabalistas, que ya salieron y están iluminando nuestro camino. El resto de la naturaleza está bajo el control del ego, pero en nuestro tiempo ya podemos alcanzar el otorgamiento.

Cuanto antes descubramos que estamos bajo el odiado control del faraón y queramos escapar de su esclavitud, más cerca estaremos del éxodo de Egipto. Este descubrimiento lo hará la humanidad, con la conciencia del mal del egoísmo que envenena nuestra vida y juntos saldremos a la libertad.
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De la lección diaria de Cabalá 23/mar/21, «Pésaj«

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