¿El faraón de Pésaj era realmente malo o sólo víctima de su cuna real? Él no fue Amán”. (Quora)

Michael Laitman, en Quora: ¿El faraón de Pésaj era realmente malo o sólo víctima de su cuna real? Él no era Amán”.

El faraón es una fuerza muy poderosa. La sabiduría de la Cabalá no discute al faraón como una personalidad, porque en práctica no es una persona no haya existido. De acuerdo a la sabiduría de la Cabalá, el faraón es el gran ego que el Creador creó. Es un gran deseo de devorar al mundo en beneficio propio. 

Mientras más se desarrolla la humanidad, más sale a la luz esta fuerza del faraón, la fuerza egoísta. Una de sus expresiones es que aspiramos a todos los logros en nuestro mundo y mientras más logramos, más vacíos nos sentimos. De la misma manera, el mundo parece empeorar, mientras más nos desarrollamos.

 

Recibimos cada vez menos satisfacción de la vida. Mientras más nos conectamos tecnológica y económicamente, más separados nos sentimos internamente. Hoy, somos testigos de casos en los que la gente ya no se siente segura ni en las aldeas más distantes. Nuestra cada vez más estrecha interdependencia global nos llevó a paradojas en las que los granjeros no pueden alimentarse de su propia tierra. 

El faraón representa la intención egoísta detrás de lo que hacemos. Por una parte, tenemos grandes progresos tecnológicos, pero estamos en una situación donde somos más dependientes de los demás, en todo el mundo. Por otra parte, nos sentimos más y más separados y no podemos tolerar una conexión estrecha.

El ego, sin embargo, nos lleva a la necesidad de conectarnos correctamente, a que anhelemos construirla y pidamos esa conexión. Es decir que, el faraón, al transformar nuestro mundo para que se vuelva cada vez más interdependiente e interconectado, nos lleva a un estado donde odiemos la sensación de división y transformemos nuestro mundo en uno con conexiones positivas. En otras palabras, al ceder ante las demandas del ego, mientras nos conectamos más y más, encontramos que simplemente no podremos lograr felicidad ni éxito a largo plazo, ni siquiera sobrevivir. El faraón, sin embargo, siempre impulsa nuestra división. Por una parte, despierta en nosotros el deseo de unidad, actúa de manera que no podamos vivir sin hacer las conexiones correctas, pues de otra manera no podremos proveernos con las cosas esenciales. Por otra parte, el faraón no nos deja unirnos. Este contraste resume el mérito del faraón. 

Así comenzamos a entender que no tenemos otra forma de salir, sólo elevarnos por encima y escapar del faraón -del deseo egoísta del beneficio propio. Escapar del faraón, de usar a otros de forma egoísta, es llamado “éxodo de Egipto”. 

Es muy complicado porque aún necesitamos descubrir esos conceptos dentro de nosotros mismos. Vivimos en una era única. Descubrimos cada vez más lo que fue preparado para nosotros en la forma del faraón, es decir, la forma egoísta. Vemos un mundo globalmente interconectado e interdependiente, que se cierra sobre nosotros más y más y al mismo tiempo, nos sentimos más y más separados internamente. Por eso necesitamos respetar al faraón, este ego sobreinflado en el que nos encontramos hoy, porque nos ayuda a entender lo mala que es nuestra vida gracias a él y en esa revelación, ganamos el deseo de salir de ese ego y entrar en un mundo con más significado y placer, donde nos conectemos positivamente.

Video disponible en Inglés

Basado en “Noticias con el cabalista Dr. Michael Laitman” 12/abr/16, Escrito/editado por estudiantes del cabalista Dr. Michael Laitman

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