El secreto de la satisfacción espiritual eterna

En el mundo corpóreo, la satisfacción extingue el placer. Si tengo hambre y como, gradualmente satisfago mi hambre y pierdo el apetito y junto con el apetito, desaparece el placer. Como resultado, me quedo vacío, un cero total, así es con todo.

El amor ferviente que estalló al principio se convierte gradualmente en rutina y se enfría. El hábito embota el sabor del placer y finalmente lo mata, eso conduce a la muerte.

Pero la vida espiritual es eterna y perfecta, porque incluso antes de entrar en las acciones espirituales, aprendemos a hacerlas eternas y perfectas, es decir, nuestro deseo no desaparece, sólo crece. Debes entender que el deseo es lo principal y debes trabajar constantemente en su crecimiento y calidad.

Por lo tanto, el progreso espiritual está determinado porque nuestro deseo se desarrolle y sea multifacético, que incluya todos los matices de propiedades que el Creador preparó para nosotros cuando Adam HaRishon fue destruido.

Y apreciamos este deseo para que ni una sola partícula desaparezca de él. Nos aseguramos de que todos los deseos existan y se apoyen mutuamente, que crezcan, se enriquezcan unos a otros, sólo así alcanzamos la luz plena de NRNHY, el fin de la corrección.

La diferencia entre el mundo corporal y el espiritual es que, en las acciones corporales, la satisfacción extingue el deseo. Y en la espiritualidad, aprendemos a aumentar cada vez más el deseo, al recibir su satisfacción.

Por lo tanto, el deseo es lo principal para nosotros, no su satisfacción. Pues, el placer depende enteramente del crecimiento del deseo y su correcto posicionamiento. Empiezo a disfrutar del deseo en sí, del hecho de que crece y se fortalece.

Este es un trabajo totalmente diferente, porque no me importa satisfacer mi deseo. Pues, siempre hay contenido infinito en el mundo superior, sólo necesito preocuparme por tener el deseo correcto todo el tiempo y hacerlo crecer tanto como sea posible.

Por eso, nuestras oraciones, peticiones y alabanzas al Creador son tan importantes, cualquier demanda a Él lo es, porque determinan nuestro estado y placer. De hecho, disfruto del deseo que tengo en mí.

Por eso, los tormentos del primer amor son tan dulces. Son los que dan placer, no la satisfacción corporal. La satisfacción va y viene, pero deja atrás el vacío. Es el anhelo el que puede satisfacer el alma y queda en la memoria.

Vemos que todas las obras de arte hablan de angustia mental, aspiraciones y oración. Por lo tanto, no debemos olvidar que la verdadera satisfacción viene del anhelo por lo amado.

Si el placer aumenta el deseo, es señal de que estamos en la espiritualidad. Sólo cuando me esfuerzo por dar de mí mismo, no suprimo el placer, sino que amplío el espacio para él y lo aumento.
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De la lección diaria de Cabalá 8/mar/21, «Todo se logra con el poder de la oración»

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