En el laberinto

El Creador organiza todos los estados del hombre de tal modo que todo lo dirigen a buscar la fuerza superior, la fuente de la vida. Lo diseña todo para que el hombre tropiece constantemente contra una pared.

Después de muchos golpes contra la pared, este laberinto lo lleva finalmente a la petición correcta. El hombre aprende cómo ir hacia el Creador y con qué oración, a cambio, el Creador le da la fuerza de otorgamiento de Su propia fuerza.

Así, cuando se convierte en hombre, Adam, es decir, similar al Creador por la fuerza que recibió de Él. Comienza a salir de su ego, como una raíz que brota de la tierra y a construirse correctamente con comprensión y conciencia.

Sin embargo, el Creador constantemente le pone nuevas condiciones contra ese crecimiento y cada vez debe encontrar la forma de convertirlas en condiciones favorables y avanzar hasta alcanzar la meta.

Lo más importante es ver que todas las condiciones que recibimos, tanto en la espiritualidad como en la corporeidad, individual y colectivamente, vienen de arriba, del Creador, para ordenarnos y llevarnos por el laberinto que conduce a la entrada del mundo espiritual.

Es importante que en cada estado descubramos que no lograremos nada con la fuerza de nuestro deseo egoísta. Sólo al romper con él espiritualmente y confiar plenamente en el Creador, en Su fuerza de otorgamiento, la segunda fuerza que existe en la naturaleza y conectar nuestra vida espiritual con ella, podemos avanzar paso a paso. El Creador pondrá obstáculos en nuestro camino cada vez, al colocar nuevas condiciones y nos volvemos a Él una y otra vez, por encima de estos obstáculos.

Todos los estados deben ser percibidos como etapas necesarias, grados por los que debemos pasar para construir la demanda correcta y las condiciones externas que le acompañan. Todo organizado de manera óptima, para llevarnos a la petición correcta. Como está escrito: “Y sucedió que los hijos de Israel suspiraron a causa del trabajo”, de la esclavitud, de estar bajo el control del ego.

Es entonces cuando salimos del control del ego, es decir, del exilio egipcio, entramos en el mundo superior y alcanzamos la revelación del Creador a los seres creados. El Creador nos da la fuerza del otorgamiento, la fuerza de la fe por encima de la razón por encima de la fuerza de la recepción.

Lo principal es darnos cuenta cada vez más claramente de que todo depende únicamente del Creador. Las dificultades, su resolución y las respuestas correctas, todo nos viene del Creador. De nosotros sólo depende no renunciar a nuestros intentos, sino presionar y presionar al Creador a través de la decena, pedir y exigir que nos dé Su fuerza para asemejarnos a Él. Así seremos «… hijos del Señor tu Dios» al recibir la fuerza de otorgamiento, como la que Él tiene.
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De la lección diaria de Cabalá 5/mar/21, «Todo se logra con el poder de la oración»

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