No te quedes en Egipto para siempre

¿De dónde podemos sacar el deseo de alcanzar la luz del infinito? Ahora estamos en un océano de luz infinita, pero ¿sentimos que nos hace falta? Para nada. Deseamos lo que vemos frente a nosotros, lo que percibe nuestro ego.

Por eso Abraham le preguntó al Creador: «¿Cómo sabré que la heredaré?», pues no tienen los Kelim [vasijas] ni la necesidad de la gran herencia que me estás mostrando que darás a mis hijos; no tienen la necesidad». ¿De dónde obtiene la gente común esos pensamientos, porque sólo quiere una vida tranquila y nada más?

Pero el Creador dice: “¡No! Te preparé el exilio de Egipto como la quinta esencia de todo mal. Entrarás en este período y adquirirás el deseo, con él que querrás romper con ellos. Sentirás que te hacen daño «.

Por un lado, no hay fuerzas para deshacerse de ellos y por otro, es imposible permanecer en ellos. El exilio es una prisión que te asfixia, te deja sin un soplo de aire, pero no puedes escapar de él hasta tal punto que el egoísmo te asfixia.

Y ves que trabajas sólo para tu ego, que toma todo por sí mismo. Es como si trataras de beber de un balde lleno de agujeros: recoges agua, te mueres de sed, te la llevas a la boca y está vacía. No hay otra salida que escapar de esta prisión.

El que sigue siendo egoísta y no quiere aprender a dar, se llama egipcio, no judío. Pues, judío significa unidad (Yihud) y el egipcio no lucha por la unidad y seguirá en Egipto.
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De la lección diaria de Cabalá 11/mar/21, «Pésaj»

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