Rendirse para ganar

Si pudiéramos vencer la inclinación al mal que nos confunde, si pudiéramos ir contra ella como héroes, si pudiéramos dar, si pudiéramos detener nuestro deseo de recibir y doblegarlo, sólo aumentaríamos nuestro ego. ¡Se hubiera inflado aún más!

Por eso, no hay forma de alcanzar el otorgamiento, a menos que sea a través de una transición especial. Descubrimos que el deseo de recibir no vale la pena, pero no podemos vencerlo.

Por eso, dependemos de la fuerza superior, que está fuera de nosotros. Nos aferramos a esa fuerza y queremos crecer sólo con su ayuda, es como ser embrión y entrar en el útero del grado superior, allí nos anulamos por completo, deseamos que el superior nos moldee en la forma que quiera.

Así, comenzamos a crecer en el otro lado del Majsom, en la cualidad de otorgamiento.

No hay opción. Debemos someternos y levantar la mano, como está escrito: “Y sucedió que los hijos de Israel suspiraron por la obra y clamaron y su clamor por la obra subió a Dios… y Dios escuché sus gemidos». Sin embargo, esto es hasta después de haber hecho todo lo posible y haber llegado al colapso total, al punto en el que no podemos seguir así. Lo único que podemos hacer es clamar al Creador. Y será un grito perfecto, porque estamos seguros de que dependemos sólo de la fuerza superior y no tenemos posibilidad de alcanzar lo que queremos con nuestra propia fuerza.

Este grito es en realidad, el del trabajo fallido, es decir, requiere al menos un grupo, una decena, sólo así podremos alcanzar un verdadero lamento y recibiremos ayuda de la fuerza superior, la luz que reforma, que nos saca de la intención de nuestro bien a la intención de en aras del otorgamiento. Así, escapamos de Egipto.
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De la lección diaria de Cabalá 11/mar/21, “Pésaj«

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