El propósito de estar en este mundo

El objetivo del trabajo del hombre en este mundo es lograr unidad total de toda la humanidad, hasta el punto de amar al prójimo como a uno mismo. Así, el hombre restaura su alma, la vasija espiritual común creada por el Creador.

En la medida en que, en esta vasija espiritual (Kli) se unen dos fuerzas opuestas: separación y conexión, recepción y otorgamiento, el hombre revela al Creador como la ventaja de la luz sobre la oscuridad. Creador (Bore) significa ven y ve (Bo-Re), es decir, el concepto que se despliega como luz desde la oscuridad.

Por sí mismo, nadie puede alcanzar la corrección, porque inicialmente solo se creó un alma común, Adam HaRishon, que luego fue rota hasta la partícula más pequeña, hasta la chispa espiritual más pequeña en cada uno de nosotros. Existimos en este mundo para unir los puntos espirituales, las chispas de luz, que existen en todos.

Aunque, este punto no indica ninguna dirección de desarrollo ni el camino para avanzar ni qué hacer con él. Solo despierta una pequeña necesidad de algo espiritual que está por encima de este mundo. Pero para qué exactamente, el hombre no lo entiende. Por eso, los que vienen a estudiar Cabalá no saben qué los trajo ni qué es exactamente lo que les falta ni hacia qué se sienten atraídos.

Incluso nuestra vida cotidiana en este mundo, en una carrera continua por logros y por buscar un pasatiempo tras otro, nadie comprende realmente qué le atrae ni qué le empuja. De hecho, la misma chispa que quiere llevarnos a la corrección final, nos obliga a hacer el trabajo, para tener oportunidad de unirnos con otras chispas y así, recolectar el primer Kli llamado decena.

Y luego otras partículas, otras decenas, se unirán a esta decena y al final llegaremos a la corrección total. Hasta entonces descubriremos la vida eterna y perfecta, el total conocimiento y sentimiento de la verdadera realidad, llamada Creador. Entenderemos el punto que nos condujo desde el principio, nos empujó y nos hizo avanzar.

Para este trabajo organizamos decenas físicas. Nuestro mundo existe para darnos la oportunidad de partir de algo accesible ubicado frente a nuestros ojos. Incluso antes de la corrección espiritual, tenemos oportunidad de crear un sistema material y trabajar dentro de él, de acuerdo con los consejos de los cabalistas: organizar decenas físicas y agregarles cualidades espirituales tanto como sea posible.

Incluso sin sentir la luz superior ni al Creador, podemos trabajar dentro de un pequeño grupo físico de diez personas, despertar la luz superior que poco a poco, nos une y revela cualidades espirituales, ascensos y descensos dentro de la decena.

Pasamos por todos estos cambios varias veces: de la luz a la oscuridad y de la oscuridad a la luz, pasamos por cambios de humor claros y oscuros. Y nos elevamos por encima de estados de ánimo y evaluamos los ascensos y descensos por nuestra cercanía o alienación con los demás y con el Creador, nuestro compromiso con el otorgamiento o la recepción. Así, gradualmente adquirimos nuevos valores, no de este mundo sino del espiritual.

Aprendemos qué acciones pueden atraer la luz que reforma, es decir, la fuerza de la luz general que nos afecta y conecta más. La conexión es la única corrección necesaria para revivir el alma común que deliberadamente fue rota, para permitirnos recogerla.

Al tratar de conectar las partes del alma en conflicto, opuestas y distantes, estudiamos cuál es la cualidad de otorgamiento y quién es el Creador y revelamos la vida perfecta y eterna.
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De la lección diaria de Cabalá 25/abr/21, «Importancia de la difusión»

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