«¿Por qué la envidia es mala?» (Quora)

Dr.Michael LaitmanMichael Laitman, en Quora: «¿Por qué la envidia es mala?«

En una sociedad donde los valores consumistas y materialistas nos envuelven, comúnmente sentimos que la envidia es mala, porque hay competencia negativa entre nosotros. Es decir, debido a la envidia, nos sentimos peor con nosotros mismos, porque nos hace sentir más débiles, más pequeños, más lentos y en general, peor que los demás. Del mismo modo, la envidia puede llevarnos a estar dispuestos a pisotear a los demás para parecer más grandes, más fuertes, más rápidos y en general, mejores.

La envidia es como un golpe para nosotros, para nuestro ego. Estamos hechos del deseo egoísta de disfrutar y la envidia nos hace sentir que los demás disfrutan más que nosotros o disfrutan en lugares donde nosotros no sentimos ningún placer. Nos sentimos privados de los placeres que otros reciben y de la alegría que se deriva de ellos, ya sea mejor salud, relaciones más exitosas, más riqueza, respeto, fama, poder o conocimiento, aparentemente los eleva por encima de nosotros.

Mi maestro, Rabash, solía decir que le encantaría usar su pijama dondequiera que fuera, porque la pijama era la ropa más cómoda, ¿por qué no lo hizo? Porque se habría considerado inapropiado de acuerdo con un código social que dicta cierto estándar de vestido. Al usar pijamas en público, especialmente como rabino, se convertiría en objeto de chismes y humillaciones. Por eso, para encajar en la sociedad y evitar esos chismes humillación, en público usaba ropa socialmente aceptable, aunque era mucho menos cómoda que su pijama. El miedo a ser objeto de chismes y humillaciones de la sociedad dirige gran parte de nuestra vida social.

Pero, la envidia no es una cualidad mala en sí. Que la envidia sea negativa o positiva depende de lo que valora la sociedad. En general, sentimos que la envidia es mala, porque en la sociedad valoramos cualidades egoístas, es decir, vemos a «los más grandes, más fuertes, más rápidos y mejores» en la sociedad, los que pueden superar la competencia en el camino hacia cierto nivel de éxito material. Si, en cambio, apreciamos la conexión social positiva como el valor más elevado, donde mientras la sociedad es más unida, altruista, amable y solidaria, sus miembros serían más felices, más seguros y más confiados y la envidia también se invertiría y se convertiría en una cualidad positiva.

En otras palabras, si hubiera una atmósfera pro social, que envolviera a la sociedad, en la que la gente respetara y valorara las contribuciones que fortalecen la solidaridad y la unidad social, envidiaríamos a los que parecen más altruistas, bondadosos, amables y amorosos. Puesto que valoramos la conexión, no veríamos ningún sentido en derribar a estas personas, pues eso se opondría a los valores de la sociedad. Más bien, la envidia nos haría querer cambiarnos a nosotros mismos para volvernos más altruistas, cordiales, amables y cariñosos, así como percibimos a los demás.

Así, la envidia no sólo sería positiva, se convertiría en factor clave de nuestra transformación, para ser mejores y así, mejorar la sociedad humana. En lugar de que la envidia nos lleve a manipular, explotar y abusar, como ocurre en este mundo material actual, la envidia en una sociedad que valora las cualidades pro sociales, nos llevaría a ser más solidarios, alentadores y afectuosos unos con otros. Crearía una atmósfera de competencia sana, que serviría para motivar e inspirar a los miembros de la sociedad a elevarse en beneficio de los demás y de la sociedad. Una sociedad así estaría en camino hacia nuevos niveles de felicidad y bienestar.

La envidia, por tanto, no es mala en sí. Si es buena o mala, depende de los valores que impregnan nuestra sociedad. Si aprendemos a cambiar los valores de egoístas, individualistas y materialistas a valores altruistas y prosociales, la envidia serviría para propagar estos rasgos en la sociedad, eso a su vez, nos haría más felices, saludables, seguros y confiados.

Video disponible en inglés

Escrito / editado por estudiantes del cabalista, Dr. Michael Laitman.

Foto de Artem Beliaikin en Unsplash.

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