“¿Cuál piensa usted que sea la causa del racismo moderno?’” (Quora)

Dr.Michael LaitmanMichael Laitman, en Quora: ¿Cuál piensa usted que sea la causa del racismo moderno?” 

El ego humano es la base de todos nuestros impulsos y características. Opera de forma absorbente, recibe de los demás y de la naturaleza, en beneficio personal. A lo largo de la historia, el ego se desarrolla y nos conduce a una transición fatídica, en la que cambia la dirección a su opuesto: del recibir al dar. Podemos ayudar a esa transformación, haciéndola más rápida y más disfrutable, si aprendemos la forma en que el ego opera sobre nosotros y lo que podemos hacer para entender esa transformación conscientemente. 

Cuando cambia nuestra percepción hacia el exterior, al beneficio de los demás, descubrimos un paradigma de sensaciones y comprensión totalmente diferentes. Cuando nos enfocamos en nosotros, siempre calculamos si es bueno o malo para nosotros. Es decir, automáticamente elegimos lo que percibimos bueno para el ego y hacemos de lado lo que vemos malo para él. Cuando hay un fenómeno que ni beneficia ni daña al ego, no tenemos sensación. Así percibimos la realidad. 

Cuando cambiamos, nuestro foco constante egoísta que busca beneficio propio, hacia un enfoque de beneficio a los demás, empezamos a percibir la parte de la realidad que nos circunda, de la cual no teníamos percepción previa, pues vemos todo a través de nuestros impulsos egoístas. 

Y, comenzamos a percibir todo con lentes completamente opuestos, altruistas. En lugar de vista, oídos, olfato, sabor y tacto, descubrimos cinco nuevos sentidos altruistas llamados “Keter, Jojmá, Biná, Zeir Anpin y Maljut.”  Y con la nueva naturaleza altruista que alcanzamos, percibimos un nuevo mundo, llamado “mundo superior” o “mundo espiritual”.

Cuando llegamos a ese alcance, aún permanece nuestra percepción egoísta de la realidad. Seguimos viviendo y sintiendo el mundo con nuestros mismos cinco sentidos con los que nacimos, aunque nuestro enfoque se transforma completamente para percibir la parte altruista de la realidad, que está oculta de nuestra percepción egoísta. Empezamos a sentir la vida en los dos mundos. con esta nueva percepción y sensación, comenzamos a tomar decisiones sobre la forma en que orientamos cada uno de nuestros movimientos. Todos estamos destinados a alcanzar este estado.

Al mismo tiempo, nuestra percepción egoísta prioriza lo que percibe como mayor beneficio para nosotros mismos, mientras que todo lo que no nos beneficia, se rechaza o no se percibe en absoluto. En general, automáticamente, elegimos lo que disfrutamos y encontramos útil para nuestros objetivos y rechazamos todo lo demás. 

El racismo es un estado en el que, además de que nuestros sentidos buscan únicamente beneficio propio, también disfrutamos cuando los otros están peor. La humanidad, en general, tiene este problema. Parte integral de nuestro desarrollo egoísta a lo largo de generaciones, es que el ego llega a un estado de crecimiento, en el que vivimos y trabajamos no sólo para servir a nuestros propios intereses, sino que también deseamos infligir daño a otros. Esto llega de los deseos sociales excesivos (riqueza, honor, control y conocimiento) donde  constantemente nos comparamos con los demás y mientras más grande es nuestro ego, más queremos estar por encima de ellos. Así, lo peor para ellos, es mejor para nosotros. 

Envidia, odio y generalmente el deseo de cosechar placer por dañar a los demás, no existe en los animales. Esta constante comparación con los demás en la sociedad, establece la escena para el racismo. Empezamos por culpar a otros de todos los problemas e infortunios en nuestra vida, cuando pensamos que ellos son la causa de nuestros problemas o cuando vemos que ellos son más afortunados y exitosos que nosotros. También, queremos ser bien vistos por la sociedad y mientras más vemos que, aparentemente otros están mejor que nosotros, más los queremos minimizar, para elevar nuestra posición. Eso existe sólo en los humanos, porque tenemos cualidades humanas y animales. La parte animal, exige comida, sexo y familia; y la parte humana, demanda dinero, honor, control y conocimiento. Cuando crece nuestro deseo egoísta y deseamos cada vez más satisfacción, con las fuentes de estas emociones, nos encontramos con la envidia y el odio.  

Resulta que nos sentimos mejor, cuando vemos a los demás peor, como si fuera un aspecto esencial de nuestro ego innato. Si nuestro ego es pequeño, similar al de los animales, no encontraremos esas emociones negativas. Pero, si nuestro ego está altamente desarrollado, sentimos mayor inquietud, debido a que constantemente nos comparamos con otros y vemos que son más exitosos y afortunados. Esta inquietud actúa así en nosotros, para que deseemos estar por encima de ellos, ya sea ganando la competencia o menospreciando.  

De esta forma, el racismo sale gradualmente a la superficie cuando más crece nuestro ego. Hacemos énfasis en nuestras diferencias y divisiones, cada vez más, sin intentar siquiera estar por encima de ellas, eso termina creando más y más instancias de racismo, odio y división. 

Así, por un lado, nos dirigimos a un estado de inmenso odio y división, por el otro, también somos cada vez más interdependientes. Ante esa fatídica coyuntura, es necesaria una nueva forma de educación que haga énfasis en la forma en que podemos conectarnos positivamente por encima de nuestros impulsos divisivos —específicamente una sabiduría que conozca las causas de nuestros impulsos divisorios y la cual nos guíe, no para negarles o cancelarlos, sino para estar por encima de ellos, en una conexión positiva —y de esta forma, alcanzaremos una nueva base armónica entre estas dos tendencias opuestas.

Video disponible en inglés

Basado en una videoconferencia con el cabalista Dr. Michael Laitman 7/jun/15.

Escrito/editado por estudiantes del cabalista Dr. Michael Laitman. Foto por Josh Calabrese en Unsplash.

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