David y Goliat, invertidos

Mi nuevo articulo: «David y Goliat, invertidos«

Todos conocemos y amamos la historia de David y Goliat. Es muy fácil simpatizar con David, el pequeño pelirrojo que se enfrentó al gigante, villano, Goliat; David lo derrotó contra todo pronóstico y salvó a Israel de los malvados filisteos. Pero en las últimas décadas, parece que los roles se han invertido e Israel, que alguna vez fue el favorito, puesto que era el más débil, se convirtió en el Goliat de la zona, el villano contra el que los pobres palestinos luchan contra viento y marea.

No es que Israel esté tratando de matar a los palestinos indiscriminadamente. De hecho, ningún ejército se ha acercado jamás a los esfuerzos que están haciendo las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) para evitar herir a personas no involucradas. La otra parte, Hamas, envía cohetes de forma explícita e indiscriminada, a barrios residenciales civiles en ciudades y asentamientos en todo Israel, pero el mundo sólo ve un villano en el conflicto: Israel.

¿El mundo está ciego? ¿la humanidad no ve la verdad? El mundo no está ciego; ve la verdad con mucha claridad y precisamente por eso, se pone del lado de Hamás. Su verdadero agravio contra el Estado de Israel no es que estemos atacando la Franja de Gaza, sino que no permitimos que Hamas nos aniquile. El mundo piensa que eso es lo que nos merecemos, pues siendo los más desarrollados, se supone que debemos llevar al mundo a un mejor lugar, pero el mundo no lo ve y es nuestra culpa, Hamas sólo nos da nuestro bien merecido castigo.

Lamentablemente, no estamos haciendo lo único que podría cambiar la opinión del mundo sobre nosotros: llevar al mundo a una forma de vida sin egoísmo. Con nuestra forma de vida egoísta, provocamos la erupción del ego en la raza humana, en todos los niveles y en todas las direcciones y eso provoca todas las catástrofes que el mundo ha estado experimentando.

Nadie elige conscientemente ser antisemita. La parte más desarrollada de todo, siempre es su cabeza. Dado que la naturaleza humana es egoísta hasta la médula, como dice el versículo, “La inclinación del corazón de un hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21) y los judíos son la nación más desarrollada y también la más egoísta. Dado que la cabeza determina lo que sucede en el cuerpo, si la cabeza es egoísta, el mundo entero se contamina del ego y es culpa de la cabeza, es decir, de los judíos. Por eso, desde la perspectiva del mundo, Hamas tiene todo el derecho a dispararnos, nosotros no tenemos derecho a contraatacar y si mata civiles israelíes, lo hace en nombre de la humanidad y es culpa nuestra que lo haga.

Si esta explicación parece descabellada, ve la realidad: el mundo está del lado de Hamas; la ONU acusa exclusivamente a Israel de genocidio; algunos países ya se comprometieron a dar a Hamas más de mil millones de dólares para reparar los daños de la campaña, a pesar de que Hamas declaró que los daños fueron sólo de 350 millones de dólares; y el estatus de Israel en el mundo se está hundiendo mientras que el de Hamas se dispara, sólo porque se enfrentó a nosotros, el David convertido en Goliat, ante los ojos del mundo.

No tiene porqué ser así.  Estamos contaminando al mundo con egoísmo, por el simple hecho de ser egoístas; pero podremos limpiarlo, si dejamos de serlo. Por eso, las naciones sienten que sus luchas se deben a la mala voluntad que les pasamos; pero, cuando dejemos de ser egoístas, sentirán que su espíritu de amistad y cuidado, viene de nosotros.

En la antigüedad, la ecuación era muy clara: durante la época del Segundo Templo, alrededor del siglo III AEC, los judíos estaban relativamente unidos y se llevaban bien. En ese momento, los eruditos de Grecia vinieron a aprender de los profetas, Ptolomeo II, rey de Egipto, convocó a 70 sabios de Jerusalén para aprender la sabiduría de los judíos y traducir el Pentateuco. Gente de todas las naciones acudía en masa a Jerusalén. durante las tres peregrinaciones anuales, cuando los judíos se reunían. El filósofo Filón de Alejandría escribió que la gente observaba con asombro y que “en la fusión de los corazones … encontraba la prueba definitiva de la unidad”.

El mundo aprende de nuestro ejemplo. Si, entre nosotros, nos comportamos como matones, ellos se comportan como matones y nos culpan. Si nos comportamos con cuidado y compasión, todas las naciones se tratarán bien y nos lo agradecerán. Esto es lo que quiso decir el rabioso antisemita Vasily Shulgin, cuando escribió que si los judíos, a quienes odiaba más que nada, “se elevan a la altura a la que aparentemente subieron [en la antigüedad] … inmediatamente, todas las naciones pedirán: ‘Judíos, denos [instrucciones], sabias, amables, que nos lleven al bien’”.

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