El conflicto no es territorial, es espiritual

Mi nuevo articulo: «El conflicto no es territorial, es espiritual«

Creemos que nuestra lucha con los palestinos es por territorio, pero no lo es. Es un conflicto puramente espiritual y no contra los palestinos, sino contra nosotros mismos. Dado que el pueblo judío abandonó su causa, perdió legitimidad para existir como nación. Mientras no restauremos nuestra unidad, seremos parias a los ojos del mundo, que tolerará nuestra presencia sólo porque espera que en algún momento, recordemos y restauremos nuestra solidaridad, la esencia de nuestra nación y que seamos el ejemplo que todos esperan que seamos. Si despertamos a tiempo, el mundo se unirá a nuestro alrededor. Si sobrepasamos su paciencia, se unirá contra nosotros.

Cualquier intento de atribuir un aspecto histórico al conflicto, pierde sentido y nos distrae de nuestra misión. En lugar de intentar demostrar que estuvimos aquí primero, que es el argumento del huevo y la gallina, deberíamos lograr lo que se supone que debemos lograr, esto pondrá fin a todas las discusiones y conflictos, todos nos apoyarán.

Para cumplir con nuestra misión, debemos recordar que la nación judía es diferente a las otras naciones. Comenzó como un grupo ecléctico unido por la idea de que unidad y solidaridad son clave para una sociedad sólida. Los primeros miembros de la nación dejaron su país de origen y a sus compatriotas, para unirse a un grupo de gente desconocida y que a menudo venía de clanes y tribus rivales, pero aceptaron la idea de Abraham, de que la solidaridad debería ser la columna vertebral de la sociedad.

Nuestros antepasados lucharon mucho entre ellos, se elevaron y cayeron según el nivel de su unidad. En la época del Segundo Templo, la palabra de la sociedad innovadora se había difundido por todas partes y gente de todas las naciones vino a ver el milagro. Los eruditos griegos vinieron, aprendieron de los profetas y regresaron a casa para desarrollar la filosofía griega. Ptolomeo II, rey de Egipto, convocó a setenta sabios de Jerusalén para traducir los Cinco libros de Moisés al griego, creando así la primera traducción de la Biblia. Pero antes de que tradujeran, dialogó con ellos y aprendió de ellos. Según Flavius Josephus, después de dos semanas de intenso aprendizaje, dijo que “había aprendido a gobernar a sus súbditos”.

Filón, renombrado filósofo de Alejandría, escribió que los peregrinos judíos, que se reunían en Jerusalén tres veces al año, “hicieron amistad con personas que no habían conocido antes y en la fusión de sus corazones … encontraron la prueba definitiva de unidad”. Del mismo modo, el libro Sifrey Devarim escribe que los gentiles “subían a Jerusalén y veían a Israel … y decían: ‘Es conveniente aferrarse sólo a esta nación”’

Eventualmente, dejamos la unidad y los invasores inundaron la tierra. Primero vinieron los helenistas, judíos conversos que adoptaron la cultura griega y abandonaron la unidad. Luego vinieron los seléucidas, quienes destruyeron el templo. Los macabeos los derrotaron, reconstruyeron el templo, pero no la unidad y luego vinieron los romanos y nos expulsaron.

No perdimos la tierra porque fuéramos débiles; la perdimos porque estábamos divididos. Cuando estamos divididos, el mundo deja de amarnos, deja de vernos como ejemplo a seguir y no nos quiere cerca. Tras aplastar la revuelta de Bar Kokhba en 135 EC, Adriano, emperador romano quiso acabar de una vez por todas con el belicoso pueblo judío. Para lograrlo, no sólo dispersó a los judíos de Judea por todo el Imperio Romano, sino que cambió el nombre de Judea a Siria, Palæstina (lit. Palestina, Siria).

Hasta hoy, el mundo ve esta extensión de tierra como Palestina y no como Israel, pues no hemos estado a la altura del nombre de Israel, que implica responsabilidad mutua y amor por los demás. Si queremos que la tierra de Israel se convierta en Israel una vez más, primero tenemos que convertirnos en el pueblo espiritual de Israel: unidos “como un hombre con un corazón”. Sólo bajo esta condición se terminarán nuestras luchas y encontraremos paz entre nosotros y con las naciones.
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