Muy por delante de todos

Mi nuevo articulo: «Muy por delante de todos«

Un estudiante me contó un chiste que leyó en Internet: Israel está muy por delante de todos. Mientras que el resto del mundo aún está lidiando con la Covid-19, Israel ya está dos desastres por delante: el desastre por la estampida en el monte Merón y la campaña militar contra Hamas. El humor de la horca no es divertido ni está destinado a serlo. Pero, apunta directamente a la verdad. En nuestro caso, lo cierto es que no aprendemos de la experiencia y por eso sufrimos.

En lugar de examinar por qué Covid-19 vino a nosotros, tratamos de deshacernos de él lo más rápido posible, para poder seguir con nuestra vida. Covid nos dio tiempo para pensar, pero en lugar de pensar por qué vino, pensamos sólo en lo que haremos cuando se acabe. Ahora que lo superamos, estamos recibiendo otros golpes, pues no aprendimos el mensaje que Covid vino a enseñarnos: que el problema está en nuestra relación mutua.

De hecho, esa es nuestra enfermedad principal: nuestras malas relaciones enfermas por la mala voluntad. Como no lo aprendimos con Covid, sufrimos golpes en forma del desastre de Merón, la campaña del Guardián de los Muros y los disturbios de los árabes en todo Israel. Al ritmo actual, el siguiente golpe está a la vuelta de la esquina.

El único cambio que veo de nuestros días “pre-Covid”, es que ya no estamos tan apegados a nuestros trabajos ni siquiera al concepto de trabajo, como lo pensábamos antes. Aprendimos a dejar de lado la carrera de ratas y es una buena señal. Sin embargo, es demasiado poco para hacer un cambio real.

Un cambio positivo en nuestra vida, vendrá hasta que aprendamos a enfocarnos en nuestras conexiones y tratemos de construir una sociedad donde todos sean responsables de los demás y se cuiden unos a otros. Si dejamos de querer sentirnos superiores y empezamos a querer sentirnos conectados, tendremos influencia en el mundo entero.

Dado que los seres humanos estamos en la cima de la pirámide, todo lo que hacemos o decimos, pero principalmente, pensamos, se filtra a todos los niveles de la realidad. Cuando tenemos malos pensamientos hacia otros, hay malos resultados en todos los niveles de la realidad. Al desear hacer daño a los demás, desequilibramos el mundo y suceden cosas malas. Si lo pensamos por un momento, nos daremos cuenta de que ningún otro ser tiene mala voluntad hacia otros seres. Pero nosotros, los humanos, lo hacemos en abundancia. De hecho, es lo único que tenemos, como está escrito: “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21).

Por eso, si el único ser que tiene mala voluntad hacia otros, deja de desear daño a los demás y comienza a desear el bien, en consecuencia, todo cambiará. Si cambiamos nuestros pensamientos de malo a buenos, no necesitaremos ir de mal en peor; Iremos de bien a mejor.

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