Con el viento en contra

El Creador nunca nos castiga, siempre nos hace avanzar. Nosotros, sin embargo, lo consideramos castigo. Y Él puede hacernos avanzar sólo porque el deseo de recibir placer crece en más y más y estamos en un ego incluso más grande y más distantes del Creador, en estado cada vez más opuesto al Creador. 

Lloramos por nuestra falta de habilidad para obtener lo que queremos o nuestra falta de habilidad para dar y así salimos de nosotros. Porque así, comenzamos a ver que el control del Creador es con propósito, aunque no nos lleva por el camino más corto hacia la meta. Pues, no podemos avanzar directo hacia la propiedad opuesta ¿Cómo puedo ir hacia algo que es desagradable, odioso y me da miedo? ¿y cómo puedo ir hacia un objetivo tan repulsivo que no quiero? Obviamente no puedo ir directo hacia ellos y ese es todo el problema. 

Por una parte, estoy en mi egoísmo, el deseo de disfrutar. Por otra parte, está el Creador, el deseo de otorgar. Ni siquiera soy capaz de hacer el más ligero  movimiento en la dirección del Creador, justo como un barco no puede zapar contra el viento sino que debe maniobrar, es decir, ir en zigzag. 

Es imposible cambiar directamente hacia el otorgamiento, pero al menos podemos acercarnos, actuar un poco en aras de la recepción, un poco en aras del otorgamiento y así lograr la meta. Por lo tanto, hasta que llegamos a la meta misma, no estamos seguros de ir en la dirección correcta. Porque, ¡nuestra dirección nunca es correcta! 

Siempre se desvía de una forma u otra y hace surgir preguntas. Y justo en la última etapa, hasta el último momento antes de entrar y fusionarnos con el Creador, no sabemos qué sucederá. No sabemos lo que nos espera, pero las puertas de pronto se abren y entramos. 

Este es nuestro trabajo: creer que progresamos correctamente, de acuerdo a señales externas. No podemos nadar directo hacia la meta, es decir, con la intención en aras de otorgar al Creador. Esto es imposible porque es opuesto a nuestra naturaleza. Nuestra naturaleza es un gran menos y el Creador es un gran más, 

Por eso, sólo podemos maniobrar, actuar en la forma de otorgar en aras de otorgar y después recibir en aras de otorgar, pero sólo parcialmente paso a paso- cero, uno, dos, tres, cuatro y recibir más y más satisfacción- Nefesh, Ruaj, Jayá, Neshamá, Yejidá, capa por capa. 

Y por supuesto, no puedo avanzar solo. Todo el avance va sólo por el centro de la decena en conexión con los amigos. Y siempre lo olvidamos, nos perdemos  y somos obligados a comenzar como si fuera desde el principio. 

No puedo atacar directamente el deseo de otorgar. No tengo esos atributos. Pero si añado mi deseo de recibir placer, a las propiedades de los amigos en quienes brilla el Creador, puedo caminar correctamente hacia la meta, en contra de mi egoísmo. Cancelar mi deseo de recibir placer y unirme con mis amigos de la forma más estrecha posible y después todos mis esfuerzos son iluminados por la luz reflejada (la luz circundante) y me permite moverme de forma indirecta, 

Hay sólo una manera de elevarme por encima de mi naturaleza- anularme frente a mis amigos. Así, despierto en mí la influencia superior, la luz superior, que me aleja ligeramente de mi egoísmo y me permite avanzar. 

El Creador brilla dentro de la decena, porque Él la ve como el fin de la corrección. Y si quiero ir del punto 1 al punto 2, el Creador ya nos ve en el punto 2. Si estoy dispuesto a anularme frente a las condiciones establecidas por Él, que Él revela en la decena y me afecta a través de la decena, atraigo desde arriba, desde la fuente, la luz reflejada, y avanzo. Atraigo la fuerza de la naturaleza superior para que cambie mi naturaleza.
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De la 2a parte de la lección diaria de Cabalá 17/nov/21, Baal HaSulam, Shamati 71 “Mi alma llorará en secreto-2”

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