Todos somos diferentes y eso es bueno

La verdad siempre está en demanda, pero en la práctica, la sociedad no la acepta por completo. La verdad es demasiado complicada para su aplicación práctica porque obliga a todos en la sociedad a ser iguales para que todos obtengan su parte de acuerdo con sus esfuerzos.

Aquí nos enfrentamos al egoísmo de todos y cada uno de los individuos y a su incapacidad para hacer algo en beneficio de los demás. Puede hacerlo sólo por desesperación, cuando, a cambio, espera obtener aún más para su beneficio. Por eso, es imposible establecer relaciones humanas sobre la base de la verdad.

Toda la gente es diferente. Algunos tienen cualidades fuertes y otros son fuertes en cantidad. Y siempre hay tensión y malentendidos, causados ​​por diferencias en la naturaleza humana. Hay personas inteligentes y enérgicas y algunas son perezosas y mediocres. Y por supuesto, los enérgicos y persistentes eventualmente se convertirán en gerentes y las masas seguirán pasivas y seguirán a los líderes.

Sin embargo, no necesitamos «corregir» la naturaleza. No podremos ser iguales porque esta condición nos fue dada desde el inicio. Como resultado, debemos llegar al punto en el que nuestras diferencias trabajen en nuestro beneficio, es decir, nos ayuden a alcanzar al Creador y a llegar a ser como Él.

¿Cómo podemos conectarnos para beneficiarnos de esta conexión y no aumentar las tensiones que conducen a guerras, revoluciones y conflictos que vemos una y otra vez?

Necesitamos organizar relaciones tales, para obtener placer de nuestras diferencias: si uno es inteligente y el otro es estúpido, uno es débil y el otro es fuerte, uno tiene suerte y el otro no, alguien nació en una familia especial o en un país especial. No es necesario luchar contra estas diferencias reveladas por la naturaleza, es decir, son dadas por el Creador, pero es necesario entender que usándolas correctamente, podemos lograr mayor corrección.

De cada uno: fuerte o débil, estúpido o inteligente, afortunado o desafortunado, puedes sacar un beneficio común para que todos sean felices.

En lugar de romper la naturaleza que se nos dio desde el nacimiento, necesitamos, por el contrario, buscar cómo conectarnos para que todos se sientan bien, no uno a costa del otro, sino precisamente usando las diferencias creadas por el Creador. Si sabemos usar esta creación con todas las diferencias que le son inherentes, alcanzaremos un estado absolutamente bueno.

Pero, ¿cómo se puede exigir a una persona que se eleve por encima de su naturaleza? Ya ha habido intentos de obligar a la gente a renunciar a su ego y hacer todo colectivo, como en Rusia. Pero no pasó nada y después de algunas décadas, no quedó rastro de esos experimentos.

Pero, por parte de la naturaleza misma, hay una ley que nos obliga a elevarnos por encima de nuestro egoísmo, a unirnos y realizarnos totalmente unos a otros. La pregunta es, cómo conectar dos opuestos: ¿hacer que nuestra naturaleza, que está en contra de la conexión, sienta al prójimo como a nosotros mismos?

¿Qué medios hay para lograrlo? La historia nos demuestra que ni el hambre ni el sufrimiento, pueden hacer que la gente se conecte. Ningún marxismo-leninismo podría acercar a las personas. Nuestro egoísmo siguió gobernando de todos modos.

¿De dónde podemos sacar la fuerza para, en la práctica, unir adecuadamente a la gente y sólo no en la fantasía, para que todos puedan mantener esta conexión y disfrutarla? La amarga experiencia de la historia muestra que debemos recibir este poder de arriba y para eso necesitamos la ciencia de la Cabalá.
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De la 3a parte de la clase diaria de Cabalá 8/dic/21, Escritos de Baal HaSulam, “Paz en el mundo”

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