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El coronavirus es resultado del odio mutuo

Para establecer orden en el mundo, necesitamos conectarnos y así la Luz del Creador se revelará entre nosotros, llenará nuestra conexión de la Luz superior. Con nuestra conexión con toda la humanidad, traeremos la Luz del Creador, que iluminará al mundo entero.

Así el mundo, en lugar de tener miedo al coronavirus y mantenernos alejados, podrá conectarnos con una conexión buena y hermosa, tanto entre nosotros como con la naturaleza inanimada, vegetal y animal, es decir, con el entorno.

El mundo entero se elevará a un nuevo grado de conexión y corrección. Con esta conexión integral y sintiendo su naturaleza integral, el mundo alcanzará a la fuerza única que gobierna y organiza nuestra vida. Así, el mundo logrará sentir y alcanzar al Creador.

Este proceso ya está sucediendo. Si no entendemos sus primeros indicios suaves, en forma de coronavirus, la siguiente vez se revelará de forma mucho más temible. No debemos esperarlo. El coronavirus sigue actuando muy suavemente, nos amenaza con una epidemia para evitar actividades innecesarias que sólo destruyen a la naturaleza.

Sin embargo, la próxima vez, una epidemia podría acabar con media humanidad, afectar a todos los hogares. Si no aprendemos de esta experiencia y pensamos sólo en regresar a salones de belleza y hoteles, recibiremos una advertencia más fuerte de la naturaleza.

El coronavirus deja en claro que debemos cambiar el comportamiento mutuo, entre nosotros y hacia la naturaleza en sus niveles; inanimado, vegetal y animal. Al final, deberemos poner nuestra vida en esta tierra, en orden.

Es obvio para todos que esta vida no es lo mejor y debe corregirse. Así que vamos a hacerlo y no volver a lo de antes. Ahora, cuando volvamos a la vida normal después de la cuarentena, organicemos nuestras relaciones de forma diferente, hagámoslas más correctas, nos hagamos ningún daño a nadie y menos aún al medio ambiente. Ya antes de la epidemia, decíamos que valdría la pena cambiar, así que, hagámoslo.

Pensemos qué conclusiones útiles se puedan extraer de la experiencia de la epidemia, ¿qué lecciones podemos aprender? ¿cómo debemos cambiar? Tal vez podamos encontrar la razón de la epidemia y asegurar que no vuelva a suceder. Si ya hicimos algunos cambios positivos, no los perdamos. Cambiaremos, poco a poco, a familia, escuela, trabajo y eliminaremos negocios innecesarios con productos redundantes.

Hasta ahora, no veo que haya cambios en la mentalidad de la gente. Los líderes no entienden lo que está sucediendo y tratan, por cualquier medio, de regresar al estado anterior. Por supuesto, ahora son más cautelosos, pero no saben qué hacer.

No es que sea mala voluntad, simplemente, mentalidad estrecha, incapacidad para entender los cambios que ocurren en la naturaleza y que causaron el coronavirus. Hay muchos otros virus que nos esperarán, si no comenzamos a cambiar.

Vemos que los egoístas no pueden unirse: ni en Europa en desintegración ni en China ni en EUA ni en India. Nadie puede tener buenas relaciones, todos están en contra de todo y de todos. Por encima de esta desunión general, nuestro grupo puede convertirse en la fuerza de conexión con la meta de unirnos bajo el lema, «Conexión por encima de la separación».

No importa que siga habiendo separación, no nos ocupamos de eso; solo construimos conexión por encima de la separación. No tenemos que luchar contra la separación, porque todos somos diferentes y nos odiamos. Que así siga, pero sobre esto, queremos estirar los hilos de amor, de conexión entre nosotros, para que todos los crímenes sean cubiertos con amor. Este es nuestro lema.

Sólo un sistema así puede controlar al mundo, porque hay un gran egoísmo humano y también está la fuerza superior del Creador, la conexión universal común. Con estas dos fuerzas, podemos hacer todo, porque todo está junto, dentro de nosotros y podemos controlar el mundo si damos ejemplo y difundimos el método de conexión.

El coronavirus permanece como está, no lo tocamos. Necesitamos observar las reglas de distanciamiento social que el coronavirus nos impuso, es decir, dos metros de distancia y en cuarentena domiciliaria. Sin embargo, al mismo tiempo, desarrollamos nuestra conexión interna, hasta que nuestra unidad destruya todos los virus. Pues, el virus es resultado de nuestro odio mutuo.

En nuestro mundo, no hay nada más que el deseo de recibir y no se puede separar del odio hacia los demás ni del deseo de otorgar, que genera amor por el prójimo. El coronavirus es resultado del odio y se muestra en forma tan biológica, como el virus.

Reduzcamos un poco nuestro odio o al menos, seamos conscientes de que existe y tengamos la intención de deshacernos de él. Esa intención limitará el odio y en ese momento veremos que nos curamos del virus. Esto es lo que los líderes mundiales deberían saber.
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De la lección de Cabalá 25/abr/20, «Fe por encima de la razón»

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La naturaleza separa a los egoístas

Pregunta: Hoy todos tienen toda la información de lo que está sucediendo en el mundo. No era así antes. Hace cerca de 30 o 40 años no teníamos forma de saber muchos detalles de lo que sucedía en otros países. 

Aparte, nunca hubo algo así como una cuarentena universal. Ahora todos están en casa o estarán ahí pronto. Existen países donde la gente no pueden salir en absoluto, porque será multada. 

¿Qué tiene de especial que la naturaleza nos desconecte? 

Respuesta: Es muy bueno. La naturaleza desconecta a los egoístas para mantenerlos lejos. Usualmente, así dispersamos grupos de adolescentes que violan el orden público, porque juntos se provocan entre ellos, se instigan unos a otros, hacen ruido y hacen todo tipo de cosas estúpidas. Por separado, se calman. 

Es lo mismo aquí: el mundo nos separa, distancia a los egoístas por la fuerza y todo se calma. Lo vemos en la ecología, en lo que está sucediendo en el mundo. El aire se aclara, todo se vuelve más tranquilo, más suave. La naturaleza se libera del impacto humano, pues el hombre es el más egoísta, más groseros y viola la armonía. Sin él, todo se vuelve hermoso y bueno.
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De Kabtv “El coronavirus está cambiando al mundo”, 9/mar/20

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Nueva Vida 1214 – Coronavirus, como calmar el miedo económico

Nueva Vida 1214 – Coronavirus,  como calmar el miedo económico
Dr. Michael Laitman en conversación con Oren Levi

Resumen

El coronavirus hace que la humanidad avance hacia el verdadero propósito de la vida, pues nos hace reflexionar sobre quiénes somos y de qué podemos depender mañana. La gente teme que no habrá medios de subsistencia ni alimento en el futuro, pero ¿no habrá algo más importante que podamos esperar de la vida? La corona nos está desconectando de la vida a la que estamos acostumbrados, para que preguntemos sobre su propósito. El propósito de la creación es llevar a la humanidad a un nivel superior. Adhiérete a esto y te calmaras.

Intenta sentir la naturaleza, el poder superior, Dios; sal de ti mismo, conéctate con el universo. Evolucionamos como humanos cuando continuamente nos preguntamos para qué vivimos.
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De Kabtv “Nueva Vida 1214 – Coronavirus,  como calmar el miedo económico”,  19/mar/20
19/mar/20
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Coronavirus: lo creas o no

Pregunta: Leer libros de medicina y hablar sobre píldoras no cura nada ¿cómo ayuda hablar sobre la integralidad de la naturaleza?

Respuesta: La diferencia es que cuando hablas de medicina, no te afecta. Pero cuando habla sobre el coronavirus, lo quiera o no, estás despertando la fuerza superiores que nos lo envía.

Cuando hablamos de conexión, la generamos entre nosotros; despertamos los deseos de la gente para esta conexión y para ascender por encima de nuestra naturaleza egoísta. Resulta que así estás siendo curado y no necesitas ninguna medicina.

En este momento, se están gastando millones de dólares en el mundo para encontrar cura para el coronavirus. Y prácticamente es en esa ola de la que hablamos. Puedes dudarlo, puedes reír, pero es un hecho.

Si nos acercamos unos a otros y es posible con nuestros talleres, actuando y entrenando, no se desarrollará ningún virus y vivirá entre nosotros. Sin embargo, si continuamos riñendo y alejándonos, le daremos espacio y gobernará entre nosotros para evitar que nos acerquemos.

Ve como funciona. Digamos que hay un decreto de que nadie debe acercarse a otro, menos de dos metros. Esto es bueno, al menos, no puede haber violencia física, pero aún podremos discutir. Y si seguimos discutiendo, aparecerá otro virus más complejo y nos encontraremos a una distancia tan grande que ni siquiera podremos discutir.

Veo que el virus funciona de tal manera que nos permite acercarnos más, tanto mental como espiritualmente. Por lo tanto, debemos estar agradecidos y apreciarlo. Espero que con el tiempo lo hagamos.
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De Kabtv «Fundamentos de Cabalá», 22/mar/20

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La naturaleza nos habla a través del coronavirus

La naturaleza va por delante, organiza la relación correcta entre nosotros y con la naturaleza en general, es decir, el Creador. Nos condujo por la primera etapa y pasó a la siguiente.

Por lo tanto, en esta nueva etapa, pronto veremos que no se trata sólo de otro virus, no es un accidente que pasará pronto y podremos regresar a nuestra vida anterior con ayuda de algún medicamento. No te confundas, no pienses que puedes regresar al estado antes del coronavirus y que la epidemia terminará como cualquier otra gripe.

Debes entender que la naturaleza seguirá presionándonos porque tiene un programa, un objetivo, que cumplirá sin duda y sin piedad. Por lo tanto, la humanidad enfrentará dificultades, presiones y golpes de la naturaleza. Su propósito no es sólo ponernos en cuarentena y distanciarnos; es despertarnos a la acción que conducirá a la unión consciente.

La naturaleza quiere que pensemos en lo que está sucediendo y veamos que es importante, no sólo deshacernos del virus, sino comprender para qué es la epidemia, cuál es su propósito, qué nos está haciendo, qué cambios produce en nuestra mente y sentimientos y, cómo nos desarrolla.

El virus no desaparecerá, ejercerá una presión aún más fuerte y lo más importante, será cualitativa. Tendremos que entender que es el Creador que nos habla. El virus no es un fenómeno aleatorio de una naturaleza simple que no comprende ni siente nada, como creen los biólogos y los médicos.

Debemos tratar de percibir la mano que actúa en el coronavirus y a través de él, con el objetivo específico de aumentar nuestra mente, comprensión y sentimientos, para que podamos ver en el virus, el poder y pensamiento que lo trae.

Pero si observas correctamente y ves ayuda superior, diseñada para llevarnos a una meta sublime y elevada, percibirás el virus como una manifestación de amor, una acción altruista que busca corregirnos y conectarnos.

Y veremos en el coronavirus, en esta epidemia, a pesar del sufrimiento, su objetivo. Por eso, en lugar de querer escapar de los golpes y extinguirlos, debemos avanzar en la dirección a la que el virus nos empuja, no resistir la presión, sino caminar junto con la ola.

En este caso, revelaremos el camino de corrección que el virus abre ante nosotros, iremos a donde nos lleve, es decir, iremos del camino del sufrimiento al camino de la Luz y del enemigo, haremos un aliado.

Así, distinguiremos la ayuda en las acciones del virus, un signo, que nos muestre cómo cambiar nuestro corazón y nuestra mente para comprender al Creador, para lograr semejanza, adhesión, conexión y cercanía con Él.

Al intensificar nuestro sufrimiento, la naturaleza, es decir, el Creador, quiere obligarnos a relacionarnos con lo que sucede. Quiere que no sólo veamos los golpes, también quiere que notemos la mente superior y los sentimientos detrás de ellos, la actitud de la naturaleza hacia nosotros, que busca educarnos y enseñarnos y lo más importante, llegar a Él. Es la tendencia de este tiempo que se manifestará cada vez más.

Espero que la humanidad pueda abrir su corazón y su mente y que vea en el cambio creciente en la sociedad humana una invitación a acercarse al Creador, que es la causa de todo lo que sucede.

Nosotros, como niños inteligentes, no percibiremos la presión de la Madre Naturaleza como castigo cruel, nos daremos cuenta de por qué nos presiona y qué quiere de nosotros. Pues, esa presión es sólo una manifestación externa de una buena actitud, diseñada para despertarnos a nosotros, los egoístas.

Si nos elevamos por encima de nuestro ego para ver y sentir lo que nuestros padres realmente quieren de nosotros, percibiremos todo de manera diferente: como una manifestación de amor y su deseo de atraernos hacia ellos.
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De la 4a parte de la lección diaria de Cabalá 12/abr/20, “Pésaj (Pascua)»

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No esperes volver

Dejaremos la cuarentena y entraremos en un mundo nuevo con una economía diferente, diferentes prioridades y perspectivas, con otras limitaciones y oportunidades. Mientras mejor lo comprendamos ahora, más fácil será adaptarnos.

A pesar del drama que los medios aman tanto, cuando expertos apropiados y personas sobrias reflexionan sobre la etapa actual de desarrollo, no lamentan el pasado y encaran el futuro con esperanza.

El denominador común es innegable: el progreso científico y tecnológico que conocemos, se desaceleró hace mucho tiempo y puso al mundo ante amenazas globales, que son sus efectos secundarios e integrales. En pocas palabras, en el camino anterior, nos destruimos desperdiciando recursos sin piedad e inculcando el paradigma de la degradación del consumidor en la mente de la gente.

Denny Dorling, columnista de The Guardian, cree que el coronavirus se volvió una alarma de emergencia, el botón de freno de emergencia que ayudará a la humanidad a despertar y pasar a otra pista. Es hora de romper el estupor.

Nos dijeron que íbamos a un mundo brillante, ilustrado, culto y civilizado, pero al mismo tiempo, éramos conducidos a la oscura realidad de corporaciones internacionales, al capital internacional, trabajo interminable, desempleo desesperado, constantes crisis ambientales y un embotamiento total

Sin embargo, las tendencias se desmoronan, lo queramos o no. El futuro llama a la puerta y no será nada como en el pasado. Si lo rechazamos e ignoramos, el mundo corre el riesgo de caer en una turbulencia, en comparación con la que el coronavirus parecerá un juego de niños. Por eso, es necesario responder a esta llamada de alarma ahora mismo.

Según la sabiduría de la Cabalá, cada nueva etapa incluye cinco pasos. Primero nace, luego aparece realmente, luego comenzamos a prestarle atención, luego nos resistimos a los cambios que enfrentamos y finalmente aceptamos por falta de otra salida.

En este algoritmo de maduración, el coronavirus en sí no será un desencadenante decisivo. Hasta cierto punto, nos aleja de lo viejo, aunque no nos permite acostumbrarnos a lo nuevo y hasta ahora no se revela ni se aclara en nuestra mente.

Sin embargo, el proceso inició y con el tiempo, pensamos que podríamos olvidarlo como una pesadilla, pero no funcionará. Luego pensaremos en cómo construir nuestra vida futura e inevitablemente tendremos que flotar sobre la niebla.

La esencia de la situación actual es que requiere cambio en las relaciones socio económicas y adoptar un nuevo enfoque para asignar el presupuesto. Desde 2008, quedó claro que, en tiempo de crisis, se le dará a la gente una vida digna.

Ahora lo comprendemos: la vida no sólo debe ser tolerable, en general, se debe tener cierto nivel económico y un significado, integral y mutuamente enriquecedor a nivel humano

A esto nos lleva el período de aislamiento y el mundo no puede esperar el final. Ahora, con desesperanza, nos privamos de nuestras alegrías anteriores, porque entendemos que somos responsables unos de otros. ¡Somos responsables incluso sin el virus!

Esta es la lección clave, ¡y no te la debes perder! El contorno de una sociedad futura emerge y es más uniforme, solidario e interconectados; todo necesita ser reestructurado gradualmente: escuelas, profesiones, sistemas y puntos de vista.

Al principio, parecerá artificial, crudo y extraño. ¿Qué puedes hacer? Aún se deben usar zapatos, cultivar fruta, educar a los niños. Pero esto permitirá que el mundo ingrese a una era inevitable y nueva, sin excesos causados ​​por su rechazo total.

Y aquí, nosotros, el pueblo de Israel, debemos desempeñar una misión decisiva. ¿Por qué? Porque siempre estamos abiertos a lo nuevo. No sólo lo aceptamos, lo acercamos y le damos forma. Sorprendentemente, dos opuestos viven en nosotros: un compromiso firme con nuestros fundamentos originales y una disposición fantástica para el cambio, adaptabilidad sin precedentes, búsqueda eterna e impulso eterno.

Desafortunadamente, no queremos entendernos a nosotros mismos ni de dónde viene ni qué significa. Pero el tiempo no espera; demuestra claramente al mundo que esas cualidades nuestras se están volviendo críticamente importantes. Podemos entender y aceptar lo nuevo al dar un buen ejemplo a todos.

Pero, mientras estamos en cuarentena, otras naciones del mundo nos odian cada vez más. No reconocen las verdaderas causas del odio, pero sienten que las estamos perjudicando. Hoy, por supuesto, estamos acusados ​​de esta pandemia y, al mismo tiempo, esperan vacunas de nosotros.

En realidad, todo el mundo espera de los judíos, cura de su dolencia principal: su ego. Y mientras no lo entendamos, el antisemitismo florecerá. Pues, está impregnado de humanidad desde que los judíos se convirtieron en nación al pie del monte Sinaí.

Por eso, sólo una cosa nos ayudará, a nosotros y al mundo: que Israel despierte de la hibernación. Es otra lección del coronavirus. No importa si lo ignoramos, no ayudará. Aún esperan nuestra ayuda, incluso si somos estigmatizados y acusados ​​de pecados totalmente delirantes.

¿Qué podemos darle al mundo? ¿qué aceptará de nosotros con sincera gratitud y reconocerá que es «pago de deudas»?

Comunicación. Podemos darle al mundo una conexión humana que resuelva todos los problemas. Podemos formar una sociedad que cumpla con el desafío del tiempo.

En nuestro siglo, en forma peyorativa se le llama «socialismo», yo no le temo a esta palabra. Sí, el socialismo es también nuestra descendencia. Y aunque en él se encuentra la ignominia del experimento soviético, es sólo que no debes tomar una fruta inmadura, es imposible imponer por fuerza relaciones para las que ni la gente las circunstancias están maduras.

Esto lo describió mejor Mark Golansky, doctor en economía, que en 1987 habló del colapso inminente de la URSS como si lo hubiera visto con sus propios ojos: «El tiempo del capitalismo», escribió, «es el período moderno de desarrollo, el tiempo del socialismo es el futuro período de madurez. Estos dos sistemas son en realidad dos etapas sucesivas de la existencia de la humanidad y es mejor que no se crucen en el tiempo.

“El capitalismo no será apto para una sociedad madura. Para mantener el nivel de vida alcanzado, la sociedad necesita un sistema más resistente a la agitación ambiental y menos sensible a la rentabilidad. Esa conclusión inequívocamente guía a pronósticos que dicen en el momento de la transformación del capitalismo en socialismo, es un nivel tan alto de integración del sistema capitalista mundial que se convierte en uno e indivisible”.

Nos acercamos a este hito. El coronavirus, de hecho, es parte del problema ambiental que enfrenta la humanidad.

Cabalá agrega otra capa que lo une todo: hoy, nos enfrentamos, no con la naturaleza, sino con nosotros mismos. La naturaleza no es espontánea, es nuestra madre y siempre nos ayuda con nuestro nivel de desarrollo. Hoy, la presión sobre la naturaleza es causada porque llegó el momento de crecer y cambiar. El mundo está casi maduro ¿quién ayudará a entender lo que sucede si no somos nosotros?
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Si queremos estar sanos

El coronavirus nos separa y dice: «Si quieres estar sano, no puedes estar en contacto otros. No te acerques más de dos metros, mantén la distancia».

Muchos trabajos no podrán continuar y la sociedad humana no podrá funcionar normalmente: país, familia y mundo ¿qué hacer?

Pueden acercarse a otros, sólo si desean el bien para ellos. Si me acerco sin intención de usarlo, sino para ayudarlo, empezaré a ver que así el virus no es contagioso, no nos separa, por el contrario, nos permite conectarnos. Sólo cuando nos acercamos impulsados ​​por interés propio, el virus nos infecta y nos enferma.

La contradicción es que, desde el punto de vista de la naturaleza, todos estamos conectados, pero nuestra naturaleza interna, rechaza esa dependencia mutua, reconoce sólo la conexión egoísta. Si queremos unirnos en beneficio común, para que todos estemos contentos, el virus no nos obstruirá. Por el contrario, será útil y fortalecerá nuestra conexión.

Sin embargo, no esperes que el coronavirus nos permita acercarnos ni encontrar una vacuna, si no cambiamos. Pues, si volvemos a la vieja forma, ¿para qué apareció?

El virus nos dejará sólo si cambiamos nuestra actitud hacia la naturaleza. Muestra que los egoístas, como nosotros, no deberían acercarnos y nos envía a casa en cuarentena. Nos da oportunidad de familiarizarnos con una nueva realidad.

El coronavirus dice: “¿Crees que deberías tener más y más negocios? ¡Incorrecto! Deja de devastar el mundo, deja de envenenar el aire y el agua. Debes construir una nueva vida de una forma nueva».

En la naturaleza, hay una fórmula de equilibrio entre todas sus partes. Podemos verlo en todas sus leyes: físicas, químicas, biológicas, zoológicas. Todas las leyes son con base en el equilibrio de fuerzas positivas y negativas, más y menos, bien y mal, otorgamiento y recepción.

Por eso, no podremos hacer nada contra el coronavirus. Cruzamos la línea roja al romper el equilibrio de la naturaleza, contaminamos océanos y atmósfera. Todo lo que el hombre toca con sus manos sucias, lo ensucia. Debemos corregir nuestra actitud hacia la naturaleza y hacia los demás.

No creo que haya una solución rápida. Lo más probable es que el coronavirus se quede con nosotros por muchos meses. Hay varias formas de resistir el virus: la cuarentena general, como se hace en la mayoría de los países o seguir la vida como de costumbre y esperar que la epidemia termine por sí sola, como decidieron hacerlo en Suecia.

Sin embargo, el único método efectivo es cambiar la naturaleza del hombre, nuestra actitud hacia la naturaleza, hacia el mundo inanimado, vegetal y animal y especialmente en las relaciones entre la gente.

La humanidad debe existir como parte integral de toda la realidad, es decir, actuar en su beneficio, en lugar de destruir nuestra pobre Tierra. Todos tendremos que aprender a tratar a la naturaleza como un organismo vivo y mantener el equilibrio con fórmulas claras.

El objetivo del coronavirus es cambiar la naturaleza humana. Los humanos son el único elemento de la naturaleza que la perjudica. Sólo nosotros estamos en desequilibrio con ella.

El hombre tiene libre albedrío y no lo controlan sus instintos naturales, como la materia inanimada, las plantas y los animales. Por eso debemos tomar control de nosotros y aún no se hace en ningún país. Por eso, el virus aún no va de ninguna parte.

¿Qué debemos hacer para que el virus desaparezca? Es muy simple. La naturaleza es un sistema integral y todas sus partes están conectadas y se apoyan entre sí. La humanidad también debe ser parte de ese sistema que apoya, une, equilibra y promueve una integración aún mayor de todos los elementos de la naturaleza. Esta es nuestra responsabilidad como seres humanos.

Tenemos un gran poder y debemos tratar la naturaleza con cuidado, como una madre, como un sistema integral y perfecto. Si lo hacemos conscientemente y con comprensión, viviremos felices. Si no, vendrán nuevos virus, uno tras otro, hasta que nos borren de la faz de la tierra.
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De Kabtv «Perspectiva global» 10/abr/20

No hay vuelta al mundo pasado

El coronavirus ayudará a la humanidad a pensar en su futuro, en lugar de pensar en qué comprar y en cómo divertirse. El virus ya hizo su trabajo y despejó nuestros pensamientos.

Ahora sólo tenemos que averiguar a dónde vamos. No necesitamos explicarle a nadie que nuestra vida no vale nada, el virus ya nos lo explicó. Pero la pregunta sigue siendo: ¿a dónde debe ir la vida?

Construir un grupo, un Partzuf espiritual, es lo mismo que construir un templo, la casa del Creador, donde resida la cualidad de otorgamiento, la fuerza de amor que nos une, es decir, la fuerza superior.

Pero veo que ayer luché por esa actitud y pensé en ello, hoy no quiero nada. Me levanto por la mañana sin deseo de ver a nadie. Tenemos una reunión con los amigos al mediodía y no quiero reunirme con ellos ¿qué tengo que hacer?

Está escrito que todos los días debemos construir de nuevo el templo. Es bueno que desaparezca; es señal de progreso si todos los logros de ayer desaparecen como el agua en la arena y tienes que comenzar de nuevo.

Luego trabajo una y otra vez en la construcción del templo, la decena, para incluir lo más posible, el mundo entero, donde todos actúan en otorgamiento mutuo y amor. En este templo, la fuerza de amor y otorgamiento, que se llama, Creador, reinará y llenará todos los deseos unidos por el amor.

No pienses que está demasiado lejos ¿quién podría haber imaginado que el coronavirus vendría y cambiaría todo nuestro mundo, toda nuestra vida? Enormes fábricas, bancos, corporaciones, miles de millones de dólares, ejércitos, todo lo que la humanidad construyó durante miles de años, ahora desaparecen. No quedará nada. No seguirán operando después de que el virus desaparezca. El virus cambiará nuestra vida, borrará todo lo viejo.

El virus crea un espacio vacío en la humanidad y necesita llenarlo con amor y cuidado mutuo, logrará la fuerza de otorgamiento entre nosotros. Pensaremos que no podemos hacerlo, pero sí podemos. Lo único que tenemos que hacer es abrir un pequeño agujero del tamaño del ojo de aguja y el Creador abrirá la puerta a un mundo nuevo.

Gradualmente, sentiremos que el mundo está incluido en la decena. Mientras más intentemos influir en el mundo desde la decena, más se concentrarán la fuerza dentro de ella. Como resultado, la decena contendrá toda la realidad, incluido el Creador.

Antes que nada, te aconsejo que olvides todo lo que fue. Las crisis financieras y otros problemas están en el pasado y no hay retorno. ¡Debemos entender que el viejo mundo no volverá! ¿Cómo será el nuevo mundo? En la forma en que lo construyamos.

Debemos dejar de lamentar, de una vez por todas, el pasado; el viejo mundo ya no existe en la naturaleza. No hay sistemas que nos permitan volver al estado anterior a la crisis ni a funcionar como antes. Además, si aún queda alguno de esos sistemas, necesitamos deshacernos de ellos para limpiar el lugar.

El mundo será totalmente nuevo, Dios no quiera que mantenga la forma antigua. Pues, enfrentaba al colapso total, estaba en el umbral de una guerra mundial y de desastres ambientales. Entonces, ¿por qué añorar lo que fue? ¡Debemos construir un mundo nuevo!

De cualquier forma, se construirá, pero es mejor hacerlo de acuerdo con nuestro deseo para que queramos hacerlo y ayudar. Esto se llama «hacer que tu deseo sea como el deseo del Creador». Esto es lo que debemos hacer y así tendremos éxito. Si no lo hacemos, ¿volveremos a caer en malos hábitos y repetiremos los mismos errores?

Construimos un sistema en nuestro mundo con el que sólo nos confundimos. El sistema nos obligaba a volar de un extremo al otro del mundo, a trabajar continuamente y a enviar a nuestros hijos a diferentes actividades para que no sufrieran porque sus padres no estaban en casa.

Construimos un sistema que nos engañó, que creó la ilusión de que vivíamos. Nos convertimos en esclavos del sistema: lo iniciamos, pero nos ató. ¿No fue suficiente?

El sistema ya no podía seguir funcionando. Ve en lo que se convirtió la «Europa unida», los terribles errores que cometieron en el camino, atrajeron a extraños. Hay muchos más ejemplos: Estados Unidos se desgarra por las disputas entre liberales y conservadores, Rusia y Ucrania, se volvieron enemigos, el conflicto israelí-árabe, ve a lo que llegamos.

Debemos pensar en un mundo nuevo. El virus nos da oportunidad, pero tenemos que ayudarlo. No podemos soñar con volver al viejo mundo, sólo podemos esperar el nuevo. El nuevo mundo debería ser un mundo de otorgamiento, amor y cuidado mutuo. Realmente espero que el virus no pase sin dejar rastro y que nos lleve a un mundo nuevo. Sin embargo, sólo es posible si queremos el nuevo mundo y pediremos que suceda.

Nuestra oración es muy importante, porque aparte de nuestro grupo Bnei Baruch, no hay nadie que le pida al Creador que fortalezca la fuerza de otorgamiento. Es exactamente el estado de Pésaj cuando «Y los hijos de Israel suspiraron por el trabajo y gritaron y su clamor ascendió a Dios «. Esperemos que esto suceda.
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De la 2a parte de la lección diaria de Cabalá 19/mar/20

La gente egoísta crea un mundo egoísta

Desde mi página de Facebook Michael Laitman 14/abr/20

Parece haber el acuerdo general de que el COVID-19 nos enseña una lección de humildad. Nos enseñó que nuestro enfoque egoísta hacia el mundo es inaceptable. El coronavirus nos separó, nos obligó a distanciarnos socialmente y nos dijo que nos quedáramos en casa. Lo hizo porque construimos un mundo basado en relaciones egocéntricas. No podemos quejarnos de los «regalos» que el mundo nos envía, porque creamos un mundo a nuestra imagen: egoísta hasta la médula.

Si queremos un mundo diferente, primero, debemos ser diferentes. Puesto que construimos el mundo a nuestra imagen, somos nosotros quienes debemos cambiar y el mundo que construiremos, también cambiará. Mientras mejores nos volvamos, mientras más solidarios y considerados logremos ser, más atención y preocupación se extenderán al mundo. Está en nuestras manos y es nuestra elección.

Anticuerpos contra el ego

El coronavirus es consecuencia de la conexión rota entre la gente. Todo está armoniosamente conectado en la naturaleza, a nivel de las partículas elementales, es decir, de la materia inanimada, así como a nivel vegetal y animal.

En estos niveles, todos usan a los demás sólo en la medida en que lo requiere su instinto natural. El lobo atrapa y se come a la oveja, no porque quiera lastimarla, sino que necesita comérsela para sobrevivir. Pero cuando el lobo ya no está hambriento, no toca a otras ovejas. No tiene ya deseo de matarlas.

Si fuera una persona en lugar del lobo, matará a todas las ovejas, enviará la carne a la tienda, ganará dinero y lo gastará para su propio placer.

El ego del hombre no tiene límites. Su deseo de disfrutar no termina dentro de los placeres animales de comida, sexo y familia. Intenta utilizar a otros para su ventaja, conquistar el mundo entero, elevarse por encima de todos con ayuda de dinero, honor y poder. Y este deseo destruye nuestra vida, nos hace enemigos unos de otros.

Riqueza, fama y conocimiento son satisfacción egoísta que requieren que una persona esté por encima de las demás. Y hace todo tipo de trucos para ganar dinero a partir de otros. Esto ya implica competencia.

No competimos por comida, sexo y familia; simplemente lo disfrutamos como lo haría cualquier animal. Sin embargo, el nivel humano se caracteriza porque requiere dinero, honor y conocimiento. Este deseo egoísta nunca puede ser satisfecho; exige más y más.

Pero la naturaleza, que es un sistema global e integral, no está de acuerdo, así como un árbol no está de acuerdo con ser cortado. La naturaleza resiste y produce anticuerpos que evitan que el hombre invada y destruya los sistemas naturales.

La naturaleza es una ley integral que une todos los elementos y no permite que alguno gobierne, todos están conectados con el resto de los elementos. Por lo tanto, tan pronto como vamos demasiado lejos con nuestro interés propio, sentimos la resistencia de otros, de la sociedad o de algunas partes de la naturaleza.

El avance adicional es posible sólo bajo la condición de que se observe la ley integral de la naturaleza, sin olvidar que todos estamos dentro de la misma esfera conectados por una red.

El universo y la Tierra y todo lo que contienen: la naturaleza inanimada, las plantas, los animales y el hombre están incluidos en un solo mecanismo y dependen unos de otros. En todo este sistema, sólo hay una ley que requiere que todos se complementen.

El ego humano es el único componente que odia a todos y quiere usar todo para su propio beneficio. Los humanos no sólo queremos usar a la naturaleza, también luchamos entre nosotros.

El egoísmo nos lleva a un mundo global en nuestra búsqueda por obtener más y más  ganancias unos de otros. Pero nunca aspiramos a tener una buena conexión mutua que contribuiría con todas las partes de la naturaleza. Por el contrario, cada vez que el hombre se infiltra en la naturaleza, intenta subyugarla, destruye especies enteras por capricho, sin pensar en las generaciones futuras, ni siquiera en su propio mañana.

Se dice: «Vayan y gánense la vida uno del otro». Es decir, cada uno produce algo propio: uno cultiva pepinos y el otro hornea pan e intercambiamos. Pero gradualmente, este fenómeno positivo se vuelve negativo porque cada egoísta quiere tener el monopolio y derrotar a todos.

Alguien abre una panadería, luego otra, luego una tercera y comenzamos a competir, agregamos aditivos químicos al pan, drenamos la tierra sin pensar en el futuro. Lo principal es tener éxito ante los ojos de los demás, ganar dinero, honor y poder. Estamos dispuestos a actuar, incluso en nuestro propio perjuicio, como Estados Unidos y Rusia, que gastan enormes cantidades de dinero en armas, pero no pueden detener su confrontación.

El hombre se se vuelve más egoísta y quiere esclavizar y explotar a otros, cada vez más, hasta que, de pronto, desde el nivel biológico llega una reacción en forma de virus ¿cómo se asocia exactamente el nivel humano con un virus primitivo? El hecho es que todos los niveles están conectados: la naturaleza inanimada, vegetal y animal y los humanos están conectados en un solo sistema.

Por lo tanto, se produce una disputa entre la gente y hay un terremoto en respuesta. Todo en la naturaleza comenzó con una pequeña partícula que comenzó a unirse cada vez más con otras partículas. Y así surgieron átomos y luego las moléculas vivas comenzaron a transmitir energía e información entre sí hasta que aparecieron organismos más complejos.

No hay ni una pequeña partícula en el universo que no esté conectada en este campo con el universo, con cada uno de sus elementos en todos los niveles: inanimado, vegetal, animal y humano. La conexión más importante está en el nivel humano, en el nivel del pensamiento, es decir, en las relaciones -eso determina y controla todo.

La velocidad del pensamiento es infinita; no está limitada por la velocidad de la luz, por lo tanto, todo se aclara en el pensamiento. Y el que no comprende que todas las partes de la naturaleza están conectadas en un solo sistema, es como un niño que dice que la copa se cayó y se rompió sola.

Así, la principal conclusión de la epidemia global del coronavirus será que las relaciones del hombre, la red que nos conecta, es el fenómeno más importante y más elevado en este mundo y define toda nuestra vida. Si la equilibramos, restauraremos la armonía en todos los niveles y viviremos como si estuviéramos en el cielo.
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De Kabtv «Nueva Vida #1211: anticuerpos contra el egoísmo», 10/mar/20

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