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Día de San Valentín

De mi página de Facebook Michael Laitman 14/feb/19

Amor verdadero

El amor, un concepto tan generalizado en todo el mundo y fuente de inspiración de música, literatura, poesía, mientras que su verdadero significado es básicamente desconocido para la mayoría. “Y amarás a tu prójimo como a ti mismo”, es la fuerza general que gobierna el mundo, pero ¿qué significa realmente el amor?

Ciertamente no es el tipo de amor que percibimos en el mundo corporal, el cual es una manifestación egoísta, material, animal, que nos permite disfrutar el uno del otro. Los padres aman instintivamente a sus hijos, y los niños aman instintivamente a sus padres, en la medida en que ambos reciben lo que esperan mutuamente.

Mientras tanto, lo que se llama amor entre sexos, es simplemente la búsqueda de satisfacción hormonal. Puede desaparecer repentinamente, o por el contrario, despertar de la nada. Esto se refiere a una atracción que pertenece al nivel instintivo animal, no más que eso.

El verdadero amor, por el contrario, es eterno y está fundamentado en un nivel superior a nuestros deseos terrenales. Nace cuando entendemos y nos damos cuenta de que pertenecemos a un sistema global e integral, una naturaleza, una humanidad, donde dependemos unos de otros por encima de los cálculos egoístas de beneficio propio. Se refiere al sistema interconectado del que formamos parte, que se sostiene en conjunto por encima de las diferencias, como en una sola familia.

No hay ni pequeño ni grande, todos son importantes, esenciales para completar la imagen perfecta de la naturaleza donde nos apreciamos, valoramos y apoyamos mutuamente. Esa es la clave de cualquier relación basada en el amor real.

Bajo este modelo, no borramos ninguna propiedad o defecto en nosotros. Solo nos preocupa cómo elevarnos por encima de ellos, conectarnos bajo el techo del verdadero amor, la clase de amor que cubre todos los pecados. Por pecados queremos decir odio y rechazo, lo que nos separa. Construir esa cubierta es la condición para alcanzar el amor ilimitado, cualquier día, en cualquier momento. ¡Está en nuestras manos!

Día Internacional de la Memoria del Holocausto: Hoy como ayer

De mi página de Facebook Michael Laitman 27/ene/19

“Nunca más”. Una declaración poderosa con un profundo significado personal para mí desde la infancia, cuando comencé a hacerme preguntas y cuestionar por qué la mayoría de mi familia pereció bajo el Tercer Reich y cómo se vería el futuro para mi pueblo, me vi obligado a llegar al fondo de por qué sucedió el Holocausto. En el 74 aniversario de la liberación de Auschwitz, debemos enfrentar la realidad de que, a pesar de todos los sufrimientos del Holocausto, el odio contra los judíos sigue vivo, fuerte, generalizado y en aumento.

¿Cómo podemos asegurarnos de que la historia no se repita si no entendemos de dónde proviene el odio a los judíos? Si bien conmemoramos el Día Internacional de la Memoria del Holocausto en todo el mundo, hay algo más profundo en nuestra historia como pueblo que debemos recordar para que podamos asegurarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos que “Nunca más” realmente significa nunca más.

Un libro recientemente descubierto de la biblioteca personal de Hitler reveló su intención de extender los tentáculos nazis para incluir a Norteamérica en sus planes de la Solución Final, los cuales fueron prevenidos solo por la victoria de los Aliados. Si algo así sucediera, ¿qué tan difícil sería imaginar el potencial de una operación similar en el mundo globalizado de hoy?

Cada año, nos recordamos unos a otros que la historia no debe repetirse. Sin embargo, a decir verdad, estamos presenciando condiciones muy similares a las de antes de la Segunda Guerra Mundial, esta vez con una intolerancia y un odio contra los judíos en todo el mundo, básicamente en todas partes. Según una encuesta recientemente publicada por la Comisión Europea, nueve de cada diez judíos europeos reportan sentir que el antisemitismo ha aumentado en los últimos cinco años y casi un tercio de ellos evitan asistir a eventos judíos o visitar sitios judíos porque no se sienten seguros . En Estados Unidos, el FBI señala un aumento en la incidencia de actos antisemitas desde 2016. De todos los crímenes de odio basados ​​en religión, el 58% se dirigió a judíos o instituciones judías.

Las tendencias muestran que la historia no es necesariamente una buena maestra y no hemos aprendido bien nuestras lecciones. Todavía hay tiempo para corregir nuestros errores en esta prueba de la vida. El tiempo apremia, y hasta que no examinemos e internalicemos la razón de las constantes presiones contra nosotros, no podremos corregir el rumbo para erradicar el antisemitismo.

Durante muchos siglos, nuestros antepasados ​​lucharon para mantener su unidad por encima de su creciente egoísmo. Pero hace dos mil años, sucumbieron al odio infundado y fueron exiliados de la tierra de Israel. Desde entonces, los judíos perdimos la capacidad de ser una luz para las naciones porque perdimos nuestra unidad. Este fue el punto de partida del antisemitismo tal como lo conocemos.

Nuestra unidad determina el estado del mundo y su destino. A través de nuestra unidad, permitimos que el mundo se conecte mientras permitimos que la fuerza positiva y unificadora del amor por encima de las diferencias fluya en el mundo. A la inversa, nuestra separación niega a la humanidad un poder calmante e invoca en su interior el odio hacia los judíos cuando están privados de esa fuerza. La incapacidad de propiciar la unión pese a las diferencias causa la agresión de la naciones del mundo hacia los judíos y es la razón subconsciente por la que nos perciben como la raíz de todo mal.

Nuestros sabios explican el fenómeno de tal odio hacia nosotros con estas palabras: “Ninguna calamidad llega al mundo, sino para Israel” (Yevamot, 63a). Los líderes judíos a lo largo de los siglos han difundido ampliamente este mensaje. Lo hicieron como un recordatorio de que el único remedio capaz de protegernos de los problemas es el poder de conexión que los judíos pueden proporcionar.

El rabino Kalman Kalonymus escribió en Maor va Shemesh (Luz y Sol): “Cuando hay amor, unidad y amistad entre sí en Israel, no puede haber calamidad sobre ellos”. Del mismo modo, el rabino Shmuel Bornsztain escribió en Shem mi Shmuel: “Cuando Israel es como un hombre con un solo corazón, es como un muro fortificado contra las fuerzas del mal”. El Midrash (Tanjumá, Devarim [Deuteronomio]) declara lo mismo: “Israel no será redimido hasta que todos ellos sean un solo paquete”.

En pocas palabras, “ama a tu prójimo como a ti mismo”, el amor fraternal y la garantía mutua son las claves de la seguridad y la prosperidad del pueblo judío. Cuando nos unimos por encima de nuestros conflictos y disputas, desatamos la fuerza positiva de la naturaleza. Es la fuerza que mantiene el equilibrio de la creación, y su ausencia entre nosotros causa el declive de la sociedad humana. En su “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”, Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam) llamó a esta fuerza “luz que reforma”, y explicó que puede equilibrar nuestra naturaleza egocéntrica y, por lo tanto, sanar a la sociedad humana.

Solo si reavivamos el amor fraternal que cultivamos hace siglos y compartimos el método para lograr esto con todos, el mundo dejará de odiarnos y culparnos por todos sus problemas.

En su ensayo, “Arvut (Garantía Mutua)”, Baal HaSulam escribe que “la nación israelí se estableció como un conducto en la medida en que ellos se purifican a sí mismos [del egoísmo], y transmiten su poder al resto de las naciones ”. Por lo tanto, el Día Internacional de la Memoria del Holocausto puede ser más que una conmemoración de las millones de personas que murieron. También es una oportunidad para recordar que tenemos un método para conectar el mundo, un verdadero medio para evitar que las atrocidades se repitan.

En esta época en que el antisemitismo se está intensificando en todo el mundo, debemos esforzarnos por superar nuestras diferencias y atraer la fuerza positiva que nos conectará, unirá al mundo y eliminará todo odio. Ahora es nuestro momento de irradiar luz al resto de las naciones, la luz de la unidad, la paz y el equilibrio a través de nuestro ejemplo.

Davos 2019: seis preguntas sobre nuestro futuro que no deberíamos esperar que el Foro responda

De mi página de Facebook Michael Laitman 20/ene/19

Una vez más, alrededor de 3.000 de las personas más ricas del mundo, líderes mundiales, responsables de la toma de decisiones y economistas se reúnen en la pintoresca ciudad nevada de Davos, Suiza. Los miembros ricos y poderosos del club global del 1% pasarán cinco días en persona para hacer negocios, mientras disfrutan de lujosas fiestas y cócteles.

Pero también deben asegurarse de que su iniciativa parezca importante y beneficiosa para todos los demás en el mundo. Con ese fin, el Foro Económico Mundial ha publicado seis preguntas urgentes para discutir sobre el futuro de la humanidad. Irónicamente, se invita al público a ofrecer soluciones a los desafíos que los miembros del Foro han estado creando, pero no saben cómo resolverlo.

Aquí están mis respuestas a sus preguntas.

  1. ¿Cómo salvar el planeta sin matar el crecimiento económico?

Sin lugar a dudas, estamos matando el planeta mientras nos lastimamos a nosotros mismos de manera directa. El paradigma económico actual no da prioridad a nuestro bienestar y felicidad, y la medición actual del crecimiento económico no tiene futuro. No lo veo como “crecimiento” en primer lugar.

El futuro de nuestro planeta y de todos en él depende de repensar el objetivo de nuestra economía desde cero. Tenemos que iniciar un cambio fundamental de valores: desde perseguir continuamente la acumulación de riqueza hasta descubrir la fuente de la felicidad duradera que proviene de las conexiones humanas positivas.

Entonces, pensar en el crecimiento como un aumento del PIB será completamente irrelevante, ya que el papel de la economía será ayudar a centrarnos en hacer conexiones positivas. A su vez, tendremos nuevas definiciones y medidas para el “crecimiento”, y no entrarán en conflicto con la salud de nuestro planeta.

  1. ¿Puedes ser un patriota y un ciudadano global?

En un futuro no muy lejano esto ya no será un problema. Nos dirigimos hacia una era de interdependencia global, donde el bienestar de cada nación está directamente influenciado por el bienestar de todas las demás naciones.

Como el cabalista Yehuda Ashlag escribió en su artículo “La paz en el mundo”: “De hecho, ya hemos llegado a tal punto que todo el mundo se considera un colectivo y una sociedad. Es decir, cada persona obtiene la médula y el sustento de su vida de todas las personas del mundo, y se ve obligada a servir y cuidar el bienestar de todo el mundo”.

En otras palabras, la interdependencia de la humanidad es evolutiva e inevitable. Nos dejará en claro que ser un patriota significa cuidar los intereses de toda la humanidad, ya que ninguna nación podrá asegurar sus intereses de otra manera.

Dicho esto, cuando se trata de inmigración masiva, las políticas de frontera abierta, como las presentadas por los líderes europeos, son un grave error. Generan nuevos problemas, convirtiendo a los inmigrantes en una carga para los países de acogida mucho más que una contribución, al mismo tiempo que interrumpen el tejido sociocultural. Si la tendencia actual continúa, dentro de unas cuantas décadas, la cultura europea será cosa del pasado.

En lugar de tratar de verter poblaciones del tercer mundo en el oeste, debemos ayudarlos donde están, para que puedan satisfacer sus necesidades básicas y desarrollar estándares de vida más altos sin eliminar sus características culturales. Ser ciudadanos globales no significa que todos deben ser iguales. Significa que el bienestar de todos es igual de importante.

  1. ¿Cómo debería ser el trabajo en el futuro?

Considere el siguiente escenario: le dice a una máquina inteligente algo que necesita. La máquina lo ordena a un robot que envía el pedido a otra máquina que produce lo que necesita, terminando en la barriga de otra máquina que lo entrega a su casa.

En otras palabras, habrá muy poco lugar para el trabajo humano en el futuro. No es una cuestión de si ocurrirá, es una cuestión de qué tan rápido. Por lo tanto, para dar cuenta del futuro del trabajo, una vez más tenemos que cambiar nuestra mentalidad y preguntarnos cuál es el propósito del trabajo en primer lugar.

Cuando nos alejemos de la narrativa de producción y consumo cíclicos, a una narrativa de equilibrio con la naturaleza y la conexión entre las personas, en consecuencia, el concepto de trabajo cambiará. En otras palabras, la mayoría de los trabajos que requerirán personas en el futuro serán aquellos que faciliten conexiones positivas entre familias, comunidades, sociedades, etc.

  1. ¿Cómo nos aseguramos de que la tecnología haga que la vida sea mejor y no peor?

El impacto positivo o negativo de la tecnología depende al 100% de si nos educamos para internalizar y abrazar nuestra interdependencia, para sentir que todos somos partes de un solo sistema interconectado.

Las personas egocéntricas y de visión estrecha crearán tecnología que facilitará la autodestrucción. Las personas conscientes con una mentalidad conectada crearán tecnología que contribuirá a toda la humanidad. Es así de simple.

Por lo tanto, el futuro de la tecnología se basa totalmente en forjar nuestros valores para apoyar nuestro futuro compartido.

  1. ¿Cómo creamos una economía más justa?

Primero, las discusiones que tendrán lugar en Davos ciertamente no ayudarán a hacer una economía más justa. En todo caso, empeorarán las cosas. En una economía que sirve tan bien al 1%, el 1% lo perpetuará por todos los medios.

Aquí hay una propuesta pragmática: introduzcamos un nuevo “impuesto planetario” del 20% sobre la riqueza total que poseen las corporaciones, los magnates y los países desarrollados, con el fin de educar a todas las personas para que vivan en un mundo globalmente interdependiente.

Sin tal programa educativo, nos encontraremos luchando cada vez más entre nosotros a través de la desigualdad, la injusticia, la polarización política y social extrema, las guerras comerciales y más, todo lo que puede llevar a conflictos violentos en y entre los países.

El costo de implementar un programa educativo global de este tipo no sería muy alto y, sin embargo, es la inversión más segura para el futuro. El resto de los fondos se debe invertir en la creación de las condiciones necesarias para estándares de vida dignos en áreas subdesarrolladas, una solución mucho mejor que la migración masiva.

La élite es muy consciente de que reducir la desigualdad será beneficiosa para la economía en general y para sus posiciones en particular. Sin embargo, incluso cuando su mente entiende, su corazón no está de acuerdo. Su ego no deja que sus manos alcancen su bolsillo y den parte de su riqueza al 99%.

Para los muy ricos, el dinero es mucho más que el poder de compra. Es un poderoso cumplimiento emocional, el cumplimiento espiritual de su ego. Lo único que puede convencerlos de trabajar para crear una economía más justa es un cambio de valores sociales.

Los seres humanos son criaturas sociales e incluso los súper ricos no pueden escapar de su naturaleza social. Si nuestra sociedad posiciona el materialismo como puramente funcional y, en cambio, aprecia la contribución a la sociedad, las personas comenzarán a sentirse avergonzadas por la auto-acumulación. Además, las personas que contribuyen a la sociedad humana obtendrán una elevada satisfacción espiritual que es mucho más fuerte que el dinero.

  1. ¿Cómo hacemos que los países trabajen mejor juntos?

Desafortunadamente, no puede suceder de inmediato. La naturaleza está empujando al mundo hacia un mayor nivel de integración, basado en un sentido profundo y genuino de conexión humana, en lugar de intereses personales o nacionales.

Por lo tanto, cualquier tipo de unificación que intentemos hacer en la superficie fallará. Nos dirigimos hacia un tipo de “Brexit” global. En un futuro cercano, veo que las naciones buscarán cada vez más sus fronteras y practicarán el proteccionismo, con Trump allanando el camino para que otros líderes lo sigan.

Sin embargo, este desarrollo es para bien, porque tratar de forjar integraciones sin cambiarnos en el proceso, significa prepararnos para conflictos mayores.

Pensemos en un grupo de personas diferentes que provienen de familias rotas o barrios malos. Si los ponemos todos juntos, no obtendremos un buen resultado. Este es el estado de la humanidad de hoy: todos venimos de un hogar roto, una cultura de egoísmo humano sin restricciones y con falta de conexión humana.

El fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, acertó al advertir que “no adoptar un nuevo enfoque cooperativo sería una tragedia para la humanidad”.

Sin embargo, adoptar tal enfoque significaría que tenemos que cambiar al ser humano. Nada menos que esto hará una transformación real. Para estar listos para el nuevo mundo interdependiente, primero debemos ser interdependientes en nuestras mentes y corazones.

¿Cuál es el secreto del encanto de Baal Shem Tov?

De mi página de Facebook Michael Laitman 15/ene/19

¿Cuál es el secreto del encanto de Baal Shem Tov?

Conferencia de mujeres de Bnei Baruch

De mi página de Facebook Michael Laitman 14/ene/19

El domingo pasado di una conferencia en el congreso virtual internacional sobre el tema del empoderamiento de la mujer en el año 2019. Dije lo que digo en cualquier oportunidad cuando se trata el tema: después de cientos de años, las mujeres salen de su escondite, del silencio y la modestia que las rodeaba a ser responsables, administrar, difundir e influir en todos los aspectos de la vida, desde el más pequeño hasta el más grande.

Este año se caracteriza por la oportunidad que se les da a las mujeres en todo el mundo de trazar una nueva dirección para la humanidad. Lo único que se requiere de ellas, y de todos en general, es algo muy pequeño: elevarse por encima de los conflictos. Optar por transigir, conectar al mundo para que se convierta en un hogar cálido y amable. Queridas mujeres, no se pierdan esta oportunidad.

Saludo 2019

De mi página de Facebook Michael Laitman 31/dic/18

Se espera que 2019 sea un año revolucionario en el corazón de los seres humanos. Un año en el cual abriremos los ojos y veremos con claridad que estamos siendo presionados contra un gran muro, hacia metas más definidas y más claras que están en nuestras manos alcanzar: alimentar a cada persona, preocuparnos de cada necesitado, educar cada niño, asegurar una economía a cada familia, proveer seguridad a cada país y cuidar la ecología. El límite del ego humano alcanzará su máxima potencia, y entonces el cambio se presentará de la forma más simple.

Sólo cuando aumenten los problemas y las presiones y asumamos que no tenemos alternativa, reconoceremos la maldad de la naturaleza egoísta, que es la fuerza que nos divide y nos separa; un enemigo malicioso e incitador que nos tiene a todos esclavizados. Abramos los oídos y gradualmente también el corazón, comprendamos que en realidad no nos queda ninguna alternativa más que unirnos.

¡Feliz año 2019!, el año del reconocimiento del mal y la conexión para el bien.

Encuentro con Asia

Desde mi página de Facebook Michael Laitman 27/dic/18

Me alegró reunirme en una videollamada con mis alumnos y alumnas en los grupos de Asia y África, así como con sus coordinadores en Israel. Más aún me alegré de conocer al nuevo equipo etíope que pronto saldrá a difundir la Sabiduría de la Cabalá en Etiopía.

Hasta hace poco Asia y África eran continentes adormecidos, que no se sentían en el mundo. Pero ahora hay un despertar masivo y un gran anhelo de estudiar la sabiduría de la vida. Esta es una nueva señal y una nueva esperanza de que la humanidad se acerca a la sensación de un mundo unificado, conectado en un solo corazón. Gracias por su preciado tiempo y, por supuesto, ¡gracias por el ramo de flores en nombre del equipo de difusión de India!

Análisis global del 2019: cómo balancearnos y volver al equilibrio

Desde mi página de Facebook Michael Laitman 25/dic/18

A medida que nos acercamos al 2019, el mundo se encuentra como en un columpio. Pero no es experiencia relajante con delicados pájaros a nuestro alrededor mientras disfrutamos de un balanceo agradable y equilibrado de lado a lado. Por el contrario, somos más bien como un niño en un columpio que ha perdido el equilibrio y no sabemos cómo bajar de él, tanto social como económicamente.

Francia ha sido testigo de los peores y más violentos disturbios en 50 años, y han comenzado a extenderse a otros países, lo que demuestra el potencial de una “primavera europea”. Un alarmante 80% de los trabajadores de Estados Unidos. asegura vivir con lo justo mientras su administración acaba de cerrar por un período de tiempo indeterminado. Los mercados financieros del mundo entero han vivido el peor diciembre en décadas, y el Fondo Monetario Internacional ha hecho un sombrío pronóstico de desaceleración mundial.

Para que ese columpio sea una experiencia placentera, dos fuerzas contrarias deben balancearnos por igual en ambas direcciones. Entonces ¿qué es lo que está desequilibrando nuestro columpio?

Hasta principios de la década de 1990, el mundo se balanceaba entre dos fuerzas opuestas. Rusia quería demostrar al mundo su poderío y su éxito con el régimen comunista, que actuaba como un contrapeso hacia Estados Unidos y Europa. Había un incentivo subyacente para que los regímenes capitalistas tuvieran el mayor éxito posible, lo que también significaba que tenían que trabajar mejor en pro de todos.

De hecho, hace 30 o 40 años, poseer una casa y un automóvil era más factible para los trabajadores de Estados Unidos que hoy en día. Paradójicamente, los salarios mínimos en Estados Unidos se han estancado durante las últimas décadas mientras que la productividad de los trabajadores no ha dejado de aumentar. ¿Adónde han ido todas las ganancias? Los ricos se han hecho exponencialmente más ricos.

Cuando la Rusia soviética se derrumbó junto con todas sus esperanzas comunistas, la fuerza que equilibraba las ambiciones del capitalismo dejó de existir. Paralelamente y por naturaleza, el egoísmo humano continuó aumentando y evolucionando a un nivel superior. El resultado es que el capitalismo de hoy es radicalmente diferente al de hace 30 años, y la desigualdad económica ha alcanzado proporciones épicas.

En medio de este extremo llegó Donald Trump, que se dio cuenta de esta tendencia y fue capaz de sintonizar con millones de estadounidenses que se sentían desanimados y desposeídos con lo poco que tenían. Trump ganó la presidencia con el objetivo manifiesto de “drenar la ciénaga” y luchar contra los banqueros y la gente de Wall Street que se enriquece con dinero mientras la mayoría del pueblo trata de sobrevivir.

Es más, Trump está esforzándose en minimizar la exposición de Estados Unidos a las fluctuaciones globales al limitar las conexiones con otros países, ya sea a través de la guerra comercial con China, del aumento de aranceles o dejando de cooperar con la UE y el foro del G20. También con su último movimiento para retirarse de Siria.

Sin embargo, hay otra fuerza que se perfila como el contrapeso definitivo en las circunstancias actuales: la ineludible realidad de la interdependencia global. Si en Europa, por ejemplo, prosigue la escalada hacia una crisis económica, el mundo también se sumirá en una crisis. Además, la mayoría de las industrias actuales se encuentran muy afectadas por las fronteras, apoyándose en la libre circulación de capital, materias primas, conocimiento y mano de obra. Hoy, prácticamente todos los países están vinculados a través de la importación y exportación.

En otras palabras, el mundo se ha convertido en una economía globalmente interdependiente y, por extensión, en una sociedad global. Esta interdependencia es una fuerza de la naturaleza que cada vez se hace más fuerte y más estrecha sin que nos demos cuenta. Si esta fuerza nos golpea de frente, experimentaremos una crisis económica global que nos hará salir despedidos del columpio.

No obstante, mientras permanezcamos en el columpio tenemos la oportunidad de equilibrarlo por nuestra propia cuenta. Para conseguirlo, no podemos detener el crecimiento del ego humano, ni tampoco podemos detener nuestra creciente interdependencia. Más bien necesitamos una educación acerca de este mundo conectado y cambiar en consecuencia nuestros valores. Esto significa que todas las personas, desde los magnates hasta los manifestantes, tienen que pasar por un cambio de conciencia y reconocer que nuestros futuros están inevitablemente conectados.

Cuando mejoremos nuestro nivel de conexión humana, veremos cómo podemos cambiar el paradigma socioeconómico también. Para mantener el equilibrio debe haber dos fuerzas opuestas. Por lo tanto, mi esperanza para el 2019 es que comencemos un programa educativo global a nivel masivo para poder contrarrestar el creciente ego con una conexión humana positiva. Y entonces podremos aspirar a un agradable balanceo en el columpio.

Disturbios de paris

Desde mi página de Facebook Michael Laitman 3/dic/18

Los grandes disturbios en el corazón de París son brotes de un cambio en las leyes del juego social económico de toda Europa. Los “Chalecos Amarillos” protestan por el aumento de los precios del combustible y el costo de vida, encienden edificios, queman vehículos y destrozan tiendas en la avenida Champs-Élysées. Ni siquiera la estatua de Marianne, un personaje emblemático de la revolución francesa, que representa la libertad y la sabiduría quedó inmune.

La angustia entre los ciudadanos de Francia manifiesta la sensación de abuso que sienten por parte del gobierno. Los franceses son los primeros en percibir que la élite que los gobierna se preocupa principalmente de sus propias necesidades y no las de los ciudadanos. Están comenzando a captar que quienes encabezan la sociedad están preocupados por una sola tarea: mantener su liderazgo; gobernar al público de la manera que sea y usarlo hasta el final, incluso bajo la cobertura de medios de comunicación populares.

Cuando un europeo, por más desarrollado y capacitado que sea, siente que le están quitando lo poco que le queda en el bolsillo, todo se hace permisivo y surge de su interior ese tono guerrero; y vestido con sus sentimientos de furia sale a la calle a manifestar su enojo, perdiendo el juicio con violencia, enfrentando cruelmente a la ley, destrozando, incendiando, rompiendo y amotinando lo que tenga a mano. Aún si el final es la prisión, no podrá frenarse el ego desmedido.

Y mientras tanto, ¿dónde se encontraba el honorable presidente de Francia, Emmanuel Macron? En la cumbre del G20 llevada a cabo en Argentina, llamando a sus ciudadanos a abandonar la violencia. A su alrededor, los líderes del mundo disfrutaban de un banquete y se codeaban en el espacio de la lujosa sala. También ellos están enceguecidos por el ego que no les permite ver el complicado nudo global que los tiene atados. Cada líder se esfuerza por crear nuevos contactos sin notar cómo la realidad a su alrededor se desmorona.

El tono en esta cumbre lo dio Trump, demostrando a todos cómo se preocupa por los intereses de su propia nación. Concreta acuerdos con su colega chino respecto a la guerra mercantil y así, los líderes de las dos economías más grandes del mundo se encaminan hacia un tratado que beneficiará a las dos naciones que representan. Si bien el presidente de Estados Unidos actúa de forma separatista, lo hace por el bien de su propio país.

El estado de deterioro que está viviendo Europa nos hace recordar un poco a la Unión Soviética en los días previos a su desmantelamiento. Su polarización social va aumentando día a día, los intereses de los líderes colidan entre sí. Algunos países piden retirarse de la Unión Europea, mientras que las olas de inmigrantes siguen fluyendo al continente e impactando el tejido sociocultural.

El gran golpe que impactará a Europa es la disonancia entre la abundancia y la pobreza. Frente a los miles de millones de euros que entran a la Unión Europea, resalta la pobreza y el desgaste de la clase media. A la par, la revolución tecnológica e industrial se va perfeccionando a pasos agigantados y millones de personas perderán su lugar de trabajo.

Cuando un sesenta o setenta por ciento de cualquier país europeo quede desempleado, sin poder regresar al entorno laboral, necesariamente habrá que cambiar las reglas del juego. Es fácil imaginar un guión al estilo “primavera europea”, en la cual una agitación social como la que ocurre en París se expanda como fuego en todo el continente.

Ya hoy un grupo de analistas en Polonia pronostica que quedan unos doce años antes del colapso total de la bolsa de valores internacional. Pero en un sistema interconectado en el que cada detalle está relacionado a todos, no hay duda de que la crisis puede ocurrir incluso antes.

El primer paso necesario en el cambio de las reglas del juego será pagar un sueldo básico a cada persona que alcance para proporcionar una canasta esencial de sustento. Solo que el hombre no vive solamente de pan. Dicho sueldo calmará el cuerpo, pero no el alma.

El sistema económico incluye el sistema de relaciones sociales. Por lo tanto, en el momento que la sociedad provea las necesidades imprescindibles de cada persona ya no habrá lugar para estimar al individuo según su puesto de trabajo o nivel salarial, y los valores sociales deberán cambiar.

Serán muchos los que competirán por ese cuadro social que ofrezca una nueva estimación de los valores. Habrá nuevos líderes, nuevas religiones, organizaciones extremistas, diferentes ideologías, y más. Pero habrá una idea social que unirá a todos los europeos y logrará llevarlos a una buena relación y a mantener la calma en las calles. Será esa idea la que enfatizará en cada individuo el conocimiento de que estamos todos interconectados y dependemos uno del otro, que motivará a una consideración mutua, elevará la conciencia de la unión como un valor superior, creará nuevos matices positivos en las relaciones entre las personas. Al final de cuentas, una sociedad sana y una nueva economía deben estar basadas en la calidad de la conexión humana.

Viernes negro

De mi página de Facebook Michael Laitman 23/nov/18

Noviembre es el gran mes de las compras del año: partiendo desde el “Día de Solteros” chino que abrió el mes de compras este pasado fin de semana, pasando por el “Black Friday”, la versión americana de la apertura de la locura de compras prenavideñas, hasta el “Cyber Monday” que cierra las fiestas del shopping. Año tras año se rompe el récord de ventas, año tras año se gastan billones de dólares en compras.

Si nos ponemos a observar este asunto más profundamente, la fiesta decompras internacional apunta a un fenómeno más interno que una simple compra más de un aparato de televisión barato: la influencia del entorno sobre el individuo. Aun quien no es un consumidor compulsivo, se siente atraído por el placer hedonista que existe en la búsqueda y la adquisición de productos en oferta.

La satisfacción que hay en la compra nos despierta la sensación de renovación y tal alegría justifica cada moneda. Eventualmente, cuando llega el cobro mensual, de pronto nos percatamos de que la mayoría de las compras no provienen de una necesidad real sino de una necesidad de competencia social presente en la atmósfera y nos arrastró en la pasión del momento. De hecho, si no fuera por la presión del entorno, nuestro deseo de compras iría disminuyendo.

Esto también tiene una explicación: el propósito de los productores y los comerciantes es incitarnos a consumir más y más para movilizar las ruedas de la economía, la cadena de producción y ventas. En otras palabras: cuando compramos, los ingresos de los negocios crecen, como resultado de ello pagan más impuestos al país y pueden crear más puestos de trabajo. Así más personas tienen un sueldo y pueden, sorpresivamente, comprar más. Este círculo explica por qué un 70% de la producción en EE.UU. proviene del consumo privado.

No es secreto que la recuperación del consumo privado, y tras ella el crecimiento económico, es amnésica y ha llevado a la desilusión, especialmente si tomamos en cuenta los incentivos sin precedentes y el interés nulo como resultado de la crisis del 2008. No solo se trata de que la tradicional caja de herramientas fallara en su misión de incentivar la economía significativamente, sino que nos estamos enfrentando a desafíos dramáticos adicionales. El envejecimiento de la población, el alto nivel de desempleo tecnológico y la falta de entendimiento del comportamiento de la generación del milenio, nos obligan a encontrar un cambio significante de método.

Por eso, no hay problema alguno en el tema del shopping. Da alegría ver que la gente disfruta con las compras para las fiestas, que así comprenden cuanta fuerza y alegría proporciona la participación general dentro del entorno, así sea a modo virtual. Solo resta esperar que las acciones comunes de este tipo nos hagan conocer la necesidad de reforzar las relaciones entre nosotros. Si éste fuese el resultado, podremos decir que estamos aprovechando la cultura del consumismo para el servicio del hombre, y no al revés.