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¿No temes otro holocausto?

No hay bien ni mal en este mundo, sólo dos fuerzas: dar y recibir, que deben fusionarse. Trabajan de acuerdo con un principio simple de conexión, la ley de equivalencia de forma. Y en la medida de nuestra unidad o falta de ella, de acuerdo al tiempo asignado para nuestro desarrollo, estas fuerzas generan los estados que desarrollan y cambian el deseo de dar placer a la creación.

En este proceso debemos ser imparciales, mantener nuestros sentimientos independientemente de si los comprendemos. “El juez sólo tiene lo que ven sus ojos y no lo que siente su corazón”.1

Castigar o perdonar

El Creador trata a cada uno, incluso a un bebé, como si fuera responsable de sus propias decisiones. Desde Su perspectiva, no hay diferencia entre la gente; todos somos un cuerpo que debe cumplir su misión: adultos, niños, hombres, mujeres, ancianos; todos bajo la misma regla.

El Holocausto es una consecuencia que se acumuló durante un largo período de tiempo. Durante dos milenios, los judíos trataron de evadir su responsabilidad. Su propósito es ser Luz para las naciones, ser el conducto que trae Luz a la parte de la humanidad que no pertenece a la cabeza, sino al cuerpo del alma común y que no puede atraer la Luz superior por sí misma. Sin embargo, específicamente en esa parte es donde el Creador debería ser revelado. Israel, que se llama “Soy la cabeza” (“Li Rosh“), sólo sirve como conducto de la Luz hacia el cuerpo. Pero el contacto real con la fuerza superior y la adhesión de la creación con el Creador será en el cuerpo, donde su necesidad se siente más.

Si Israel no cumple su misión, se vuelve inútil en este mundo. Ya sea que el gobierno superior nos de mucho sufrimiento -la línea izquierda-, para hacernos cambiar nuestro comportamiento y atraer la Luz que reforma a la línea derecha o, empezaremos a comportarnos correctamente por nuestra cuenta. Es uno o el otro.

El Creador no decide qué hacer con nosotros: castigar o perdonar. El sistema funciona de acuerdo con leyes específicas, no con emociones. Hoy, la situación es peor que hace 80 años. En aquel entonces, las naciones del mundo apoyaban que el pueblo de Israel creara su país, porque traía consigo la posibilidad de la corrección de este mundo. Hoy no tenemos ese apoyo. El mundo se niega a siquiera respetar el recuerdo del Holocausto.

Eso muestra que la nación de Israel no cumple su misión ni siquiera un mínimo. Las otras naciones no sienten ningún beneficio de nosotros. Por el contrario, nos ven como lo más dañino del mundo. La única forma de resolverlo es unirnos y convertirnos en canal. Con nuestra conexión crearemos un círculo y seremos el canal para el mundo. Esta es nuestra misión.

Pero, si no lo hacemos, sentiremos el odio desde arriba, del Creador y desde abajo, de las naciones del mundo. Ya vimos a lo que esto conduce. Existimos en un sistema de leyes de la naturaleza que no se puede olvidar ni esconder. Así que no pretendamos no entender lo que está sucediendo; vale la pena conocer este tema y así tenemos oportunidad de salvarnos. Ninguna otra cosa ayudará, ya que “la ley está dada y no se puede romper”2

Con el paso de los años, el recuerdo del Holocausto se desvanece, ya no causa la sensación común de pérdida y dolor. Si eso le sucediera a cualquier otra nación, en contra de su deseo de recibir, se habría sentido con mucha más fuerza y ​​no se hubiera olvidado en cientos de años. Pero como el Holocausto ocurrió por nuestro trabajo deficiente hacia el deseo de otorgar, el recuerdo desapareció. Hoy, no sentimos ni rastro.

Tenemos que entender este fenómeno inusual. Por eso, ya no se teme al Holocausto. ¡Es incomprensible! Incluso cuando surge una nueva ola de antisemitismo que nos trae la posibilidad de otro Holocausto, a nadie impresiona. Igual que los judíos de Polonia que no se preocuparon antes de la Segunda Guerra Mundial, pensando que todo saldría bien.

Sin embargo, nuestra condición actual es aún peor que antes del Holocausto. Pero, la nación judía no logra despertar. Porque el despertar no debería ser resultado del sufrimiento. El sufrimiento sólo puede ser el efecto secundario. El despertar tiene que ser el resultado del cumplimiento de nuestra misión, la necesidad de unirnos para atraer al Creador, a la Luz superior, de arriba a abajo, a toda la creación, es decir, no huir de los golpes, sino revela el Creador a la humanidad.3

La raíz espiritual del antisemitismo es el comportamiento incorrecto de la nación de Israel, que debe lograr unidad con la Luz superior. El resultado de esta falta se revela en los deseos no corregidos, no en su cabeza, sino en el cuerpo del alma común: en las naciones del mundo. Cuando se supone que el cuerpo del Partzuf espiritual reciba la Luz interna de la cabeza, pero no la recibe, esta falta sube a la cabeza y ahí es sentida como antisemitismo.4

Hoy, el nazismo puede surgir en cualquier país desarrollado. Mientras más desarrollado, mayor será la posibilidad de que surja, porque la gente es más sensible y siente con más fuerza que está sufriendo a causa de los judíos. La situación es tal que los regímenes democráticos, liberales y pro-socialistas están a punto de colapsar y dar paso al nazismo, como nos advirtió Baal HaSulam.5

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 11/abr/18. Tema: “Día conmemorativo del Holocausto”.

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