Está escrito en el libro El Árbol de la Vida, del Ari, «No hay un día que sea como otro, o un momento que sea como otro, no hay una persona que sea como otra. Más bien, cada uno debe corregir lo que le corresponde de su parte» (Rabash, Artículo 10, 1984 «¿Cuál es el grado que uno debe alcanzar para no tener que reencarnar?»)