Libre elección

Hay una distinción entre alguien que vive una vida ordinaria y alguien que, además, busca progresar espiritualmente. La diferencia es que una persona con deseos de progresar espiritualmente tiene «espías», dudas, y debe recurrir al Creador en busca de ayuda. Tal persona siente una falta de satisfacción en su vida porque el punto en el corazón en su interior exige plenitud, una plenitud que solo puede llegar a través de sentir al Creador y experimentar la luz.

 

Recurrir al Creador en busca de ayuda es un sentimiento único que nos lleva a estudiar la sabiduría de la Cabalá. Entonces, nos encontramos con «espías» que no nos dan descanso. Constantemente despiertan dudas sobre el camino espiritual y nos hacen cuestionar por qué estamos en este camino con preguntas como: «¿Por qué lo que ya tenemos en nuestra vida no es suficiente?» y «¿Qué buscamos de especial a través de este camino?».

 

Los espías son las razones y las vasijas a través de las cuales progresamos. Parecen fuerzas negativas actuando sobre nosotros, pero en realidad son mensajeros del Creador con el propósito de calibrarnos para entrar en la tierra de Israel de una manera más precisa.

 

¿Por qué el Creador diseñó todo este proceso para nosotros? Porque solo observando los mandamientos no es suficiente para alcanzar lo que contiene la Torá. Necesitamos adquirir un deseo adicional, el deseo de adhesión con Él. Ese es el objetivo final. Por otra parte, el deseo de adherirse al Creador solo se hace necesario cuando vemos que no hay otra manera de encontrar la solución o la plenitud.

 

Por lo tanto, las innumerables decepciones y desafíos provocados por los espías nos frustran repetidamente y nos hacen desesperar de alcanzar nuestra meta con nuestros propios esfuerzos. Gradualmente, un sentimiento, una disposición y un entendimiento crecen en nuestro corazón de que sin la ayuda del Creador, nunca alcanzaremos nuestra meta. Es como los niños que desean algo desesperadamente, pero al final reconocen su impotencia y comprenden que obtener lo que desean depende de su madre, o de su padre, que solo su madre o su padre pueden ayudarles a conseguir lo que desean. Del mismo modo, poco a poco llegamos a reconocer nuestra necesidad de acudir al Creador.

 

Está escrito sobre los deseos humanos y la naturaleza humana que son completamente opuestos al Creador que «la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud»; por lo tanto, sin una necesidad sincera, nunca nos volveríamos al Creador. En consecuencia, es a través de las decepciones que adquirimos el deseo de volvernos hacia el Creador, y al hacerlo, alcanzamos la adhesión con Él. Entonces vemos que todos los caminos que el Creador pavimentó para nosotros -los espías, las decepciones, los cumplimientos previos y los muchos niveles- estaban destinados únicamente a llevarnos al punto de necesitar al Creador.

 

Nuestro «yo», el deseo de recibir, fue creado ex nihilo, opuesto a la naturaleza del Creador. Cuanto más transformamos nuestro deseo de recibir en un deseo de otorgar a través de una intención de otorgar, más nos acercamos al Creador hasta que nos adherimos a Él a través de la equivalencia de forma.

 

Así pues, la corrección no está en el deseo en sí. Puesto que es nuestra naturaleza, no podemos cambiar nuestro deseo. Solo podemos corregir el modus operandi del deseo y el propósito de su uso. Si el uso del deseo está dirigido a adherirse al Creador y alcanzar equivalencia de forma con Él, entonces empezamos a ganar proximidad con Él. Cuanto más nos acercamos al Creador, más nos llenamos de la luz Superior, y así alcanzamos la eternidad y la perfección.

 

Solo podemos preparar nuestras vasijas, y entonces la abundancia en Yud-Hey (del nombre HaVaYaH) en Jojmá y Biná nos llena. ¿Cómo ocurre esto? Kéter, como nivel raíz, es el pensamiento de la creación «para beneficiar a Sus seres creados», del que desciende la Luz. Jojmá y Biná, denominados Aba ve Ima, preparan la Luz. Este es el sistema superior, la luz Superior, es decir, la fuente de todo el plan de la creación.

 

Zeir Anpin y Maljut, o ZA y Nukva (ZON), son los niveles inferiores, los «hijos», nuestras buenas acciones. En la medida en que los niveles inferiores se alinean con los Superiores, es decir, en la medida en que Zeir Anpin y Maljut se alinean con Jojmá y Biná, se llenan de la abundancia ilimitada que allí existe. Entonces alcanzan el propósito de la creación.

 

Esto es lo que escribe Baal HaSulam en su «Introducción al Estudio de las Diez Sefirot«, que la respuesta a la sensación de vacío que nos impulsa a empezar a preguntarnos por el sentido de nuestras vidas es «Prueba y ve que el Señor es bueno». Esta es la luz Superior, la que debe llenar las vasijas: el alma del ser creado.

 

En última instancia, Zeir Anpin debe parecerse a Jojmá, y Maljut debe parecerse a Biná, como está escrito: «MA se convertirá en AB, y BON se convertirá en SAG». Esta es la condición para alcanzar el final de la corrección.

 

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