El hombre es como una semilla: hasta que no siente contacto con la tierra, permanece sin vida. Baal HaSulam da este ejemplo en sus escritos. En cuanto se planta una semilla en la tierra y ésta encuentra contacto con ella, es decir, con el entorno, con el grupo, todo comienza. Empieza a crecer.
En su interior se despiertan fuerzas internas que la propia semilla desconocía hasta entonces. Jamás se le ocurrió siquiera que pudiera crecer y convertirse en madre. Al fin y al cabo, no es más que una consecuencia de una etapa anterior: alguien la creó, alguien la engendró, alguien la cultivó.
Digamos que un grano de trigo cae de un tallo de trigo a la tierra y comienza a brotar, es decir, comienza un camino completamente nuevo, un nuevo ciclo de vida. ¿Cuándo comienza este ciclo? Cuando se produce el contacto con el entorno que lo rodea, el adecuado para su desarrollo, para la Reshimó que hay en su interior.
El contacto con el entorno activa tu Reshimó, que a su vez desencadena influencias secundarias en ti: aire, calor, luz solar, etc.
Pero para establecer contacto con el medio ambiente, es necesario, por ejemplo, entrar en el suelo para darse cuenta de que se está dentro de él. No se puede insertar uno mismo en él, algo te coloca allí, pero es necesario encontrar contacto con él, es decir, conexión con el grupo. Y entonces todo avanzará.