Pregunta:
Dentro de 5 o 10 años, los directores generales tendrán que centrarse en cuestiones de felicidad. Los puestos para los que serán contratados tendrán varios nombres, como «Gestor de sueños» o, por el contrario, «Gestor de destrucción». Pero la esencia sigue siendo la misma: una persona que debe impulsar constantemente a la empresa hacia el cambio y, al hacerlo, desmantelar el orden establecido.
Respuesta:
Tenemos que trabajar de forma proactiva. La cuestión es que una persona debe sentirse feliz, o su trabajo le reportará pocos beneficios. Por eso tenemos que asegurarnos de que sienta felicidad, plenitud y conexión con los demás, porque la felicidad depende totalmente del ambiente en el que se encuentre. Deben sentir que se encuentran en un entorno de amabilidad y apoyo mutuo en el que pueden confiar plenamente en su empresa y su equipo.
Esto es quizás lo más importante. Para lograrlo, debemos trabajar con el equipo. Tenemos que crear una dependencia comunitaria y positiva en el lugar de trabajo, donde las personas sientan el apoyo y la inspiración de sus colegas, donde se sientan orgullosas y comprendan la felicidad que obtienen al formar parte de este equipo, donde sus cónyuges, hijos u otros familiares también lo comprendan y lo aprueben. Significa mucho.
Creo que si no conseguimos crear un entorno así en el futuro, los empleados no se quedarán. Su productividad disminuirá y se volverán indiferentes al destino de la empresa. En última instancia, no podrá «comprarlos», ni siquiera con dinero. Lo que importa no es solo el dinero, sino el ambiente de alegría, felicidad, flexibilidad y ayuda mutua que sienten. Esto requiere educación, un enfoque completamente diferente y una nueva organización de la producción y la jerarquía, nada que ver con lo que existía en el pasado.
Una persona es un ser individual, y debe sentirse a la vez única y totalmente respaldada por el colectivo cuando lo necesite. En las relaciones entre personas, todos deben ser iguales. Se trata de relaciones entre individuos, no entre ciudadanos o empleados. Pero lo más importante es que la gente tenga un gran objetivo común: por qué lo hacen y qué quieren conseguir con ello.
Tenemos que ayudar gradualmente a la persona a sentir que esta metodología la lleva a un estado absoluto: la felicidad y la sensación de algo vasto, eterno y perfecto. Esto les permite ver un mundo diferente por completo y formarse a sí mismos, a sus hijos y a sus familias de una manera totalmente nueva.
Esto debe hacerse poco a poco. Y entonces se darán cuenta de que no se trata solo de que la empresa se haga la simpática para extraerles más productividad, sino de un esfuerzo por transformarlos en maestros de la vida, por ayudarles a sentir la integridad de la existencia.
Pregunta:
¿A qué debe aspirar en sus sueños un director general que sea un soñador profesional, ya sea un «Gestor de Sueños» o un «Gestor de Destrucción»? ¿Qué debería querer destruir y qué construir?
Respuesta:
Uno no puede existir sin el otro. Primero deben presentar un sueño, una dirección, y explicar lo que pretenden conseguir para que todo el mundo empiece a conectar con este sueño y lo adopte como un estado deseable de verdad. Entonces, tras haber comprendido profundamente su necesidad, estarían dispuestos a destruir el presente en aras de un futuro brillante.
Más información Aferrarse al Creador
Una persona importante
Pregunta:
Todo líder importante tiene seguridad que prácticamente se prueba lo que come y bebe.
Dice constantemente que somos gobernados por el Creador, es más, está de acuerdo con Él y lo justifica. Observándolo, tengo la impresión de que no teme que alguien pueda atacarlo desde la esquina, ¿De verdad está tan seguro de que el Creador lo guía como para no temer lo que pueda sucederle?
Respuesta:
¿Por qué debería tener miedo? Al menos, no desconfío demasiado.
Ante todo, no me considero grande y lo digo con sinceridad, sin pretender parecer humilde estoy comprometido con la comprensión de lo grande, y de esta manera, siempre me siento completamente dependiente del Creador, del grupo y de todo, y por lo tanto soy pequeño e insignificante. Esa es una parte del asunto.
Por otro lado, comprendo la grandeza de la meta y la grandeza de la tarea que tenemos por delante, la grandeza de la misión que he recibido del Creador, y no la oculto, no hay bravuconería en ello, ¿Cómo podría haberla si todo es gracias a Él?
Pero entiendo claramente que estoy realizando una labor importante y significativa. De ninguna manera estoy siendo falsamente modesto, no, el comportamiento de un cabalista es consecuencia de cómo se percibe a sí mismo en este mundo, en el mundo del Creador y en el mundo con todos.
Claro que existen muchas fuerzas malignas y hostiles; pero no debería temerles, pues de lo contrario no tendría fe en el Creador, creo que Él lo gobierna todo, no unas fuerzas acechantes.
Al mismo tiempo, tengo la responsabilidad de cuidarme; así se dice, debo hacerlo, pero dentro de límites razonables.
¿Por qué debería comportarme como ciertos presidentes rodeados de doscientos guardaespaldas que controlan lo que comen y dónde darán su siguiente paso?
Soy una persona común y corriente, y en este sentido, no siento ninguna sensación de excepcionalidad. Mi singularidad está conectada con el Creador y reside en mi esfuerzo por traer Su intención, Su voluntad al mundo.

