Sí, cuando me miro a mí mismo, a cómo soy. Cuando me miro en lo que debo a los demás, en ser el único no corregido. Es decir, todo lo que hay en mí: un mentiroso, un ladrón, un engañador, un odiador -no sé qué otros epítetos inventar aquí-, todo eso soy yo.
Pero todos los demás no existen. Todos los demás no existen en absoluto. Todos los demás son mis diversos reflejos que veo a mi alrededor. Es decir, miro a mucha gente a mi alrededor, y cada uno de ellos me retrata negativamente de esta forma y de aquella y de aquella.
Hay ocho mil millones de personas en el mundo, y cada una de ellas representa algún tipo de cualidad negativa mía. ¡Ocho mil millones! Así es como estoy representado en el mundo. Y así es como yo lo veo.